01/08/2019 lanzamiento

Redes y Big Data: el desafo de controlar el odio y generar democracias ms inclusivas

La publicación de "Big Data & Política" de Luciano Galup da cuenta de la manera en que operan las tropas de trolls y las cuentas falsas en redes sociales para disciplinar, silenciar o imponer agendas, a la vez que explica cómo se consume hoy la información y los modos en que las noticias refuerzan formas predeterinadas de sentir y comprender el mundo.


Cuando las redes sociales irrumpieron en la vida cotidiana, muchos analistas preconizaron la aparición de democracias más horizontales y participativas, pero la realidad perfiló un escenario diferente: propagadoras del odio y decisivas en el ascenso de gobiernos de extrema derecha como el de Trump o Bolsonaro, las plataformas digitales se confrontan al desafío de recalcular sus habilidades, analiza Luciano Galup en su libro “Big Data & Política".

No todo es adverso en el texto de este docente y analista de medios, que describe también cómo las redes propiciaron la construcción de nuevas formas de organización social y la posibilidad de conectar nuevas solidaridades, como el fenómeno que se generó en la Argentina en el marco de la discusión sobre la legalización del aborto y la expansión del movimiento Ni Una Menos.

- Télam: Si como formula en el libro el mundo no es más autoritario o no está más polarizado que los Estados Unidos durante la guerra de Vietnam o la Argentina durante la proscripción del peronismo ¿Por qué esa sensación parece más exacerbada que nunca?

-Luciano Galup: Esa sensación de que el mundo está más polarizado que nunca, tiene más que ver con haber creído la promesa del consenso neoliberal en relación a que íbamos hacia un mundo sin historia sin conflicto. Pero eso terminó porque básicamente ni las democracias occidentales ni las economías occidentales estuvieron a la altura de esa promesa en términos de ser más justos más inclusivos y disminuir las desigualdades. Entonces asistimos a un resurgir un recrudecimiento de los conflictos producto de esa insatisfacción de grandes segmentos de la población en relación a sus condiciones de vida y su marginalización. No es culpa de las redes sociales que nos hayamos creído que sobrevendría el fin de los conflictos o el fin de la historia. 

- T: ¿El factor emocional es central para entender el auge de lo que se llama postverdad y el aluvión de fake news y trolls que inundan las redes con discursos que son validados o rechazados según el sesgo o la afinidad preexistente de cada receptor?

- L.G.: Sin duda el factor emocional es clave a la hora de pensar los consumos informativos. Consumimos información de manera emocional, la mayoría de las veces para reafirmar el sesgo con el que entendemos nuestra cotidianidad. Las fake news trabajan sobre esos sesgos y tienen mucho más impacto reafirmando puntos de vista que modificando opiniones. Manuel Castells decía que los humanos somos "avaros cognitivos", porque tendemos a ser bastante amarretes a la hora de confrontarnos con información que pone en crisis nuestro mundo y la forma de comprenderlo. 

- T.: Usted marcá que Cambiemos fue la primera fuerza política que incorporó lo digital y las redes sociales como recurso a la hora de diseñar una estrategia política ¿Cómo se reformuló la política comunicacional a la luz de esa novedad?

- L.G.: Cambiemos entendió que lo digital era distinto al resto de la de la campaña y que necesitaba pensar formatos, lenguajes y estrategias específicas para esas instancias. Eso repercute en el resto de los espacios porque ya para 2017 la mayoría entiende que hay que pensar contenidos y una estrategia específica para medios sociales. Las narrativas en redes sociales construyen una ficción de igualdad, de que todos agarramos un teléfono y accedemos a la esfera pública en igualdad de condiciones. Obviamente esta ficción se puede utilizar para construir candidaturas más cercanas, más auténticas. Que sean, o disimulen ser, como los ciudadanos y ciudadanas de a pie. La posibilidad de mostrar espacios privados de manera controlada, de tener registros más intimistas -incluso de reírse de uno mismo- generan instancias en las cuales se puede dotar a los candidatos de rasgos más humanos e imperfectos.