24/07/2019 MUSICA

Festival Barenboim: diez conciertos geniales en el CCK

Comenzó el Festival Barenboim que ofrecerá una decena de conciertos y conferencias durante dos semanas en el CCK. Hasta el 8 de agosto, el ciclo contará también con la West Eastern Divan Orchestra, la pianista argentina Martha Argerich y la violinista alemana Anne-Sophie Mutter.


Si Beethoven es la espina dorsal más definida de la estructura clásica y, a la vez, el lenguaje que prefigura la expresividad romántica, esa tensión tiene como intérprete por excelencia el metodismo interpretativo del argentino Daniel Barenboim que, como acreditó anoche en el Centro Cultural Kirchner, asumió la tarea de tocar las sonatas para piano del compositor alemán con la postura de un matemático: segregando y racionalizando cada sección para trabajar cada pliegue de la partitura en pos de un sentido general, a veces en aparente ausencia en la frase musical aislada.

Con ese temperamento, que no tuvo novedad (Barenboim ha tocado decenas de veces el ciclo de sonatas de Beethoven), pero sí consistencia, se inauguró anoche el Festival Barenboim en el CCK, que ofrecerá conciertos y conferencias durante dos semanas, hasta el 8 de agosto, con la presencia –también- de la West Eastern Divan Orchestra, la pianista argentina Martha Argerich y la violinista alemana Anne-Sophie Mutter.

Dentro del Festival, el director argentino-israelí creó tres espacios para el agrupamiento de las sonatas, en términos relativamente cronológicos y correspondientes con los períodos tradicionales con los que se examina la vida compositiva de Beethoven; todo bajo el formato de la sonata que, aunque expresión nacida en el período clásico, persistió al influjo romántico posterior.

Suele afirmarse que las sonatas tempranas de Beethoven (el mayor grupo entre las elegida en el primer concierto), desnudan todavía una dependencias de la forma de algún modo canónica que ya habían establecido Joseph Haydn y Wolfgang Mozart, pero justamente allí es donde se observó el criterio de Barenboim para anticipar –en el programa de esta noche- el movimiento que más tarde se iba a consolidar en el desarrollo del compositor.

A la sonata en do menor N° 5, Op. 10 N° 1, le siguió en el programa la Sonata en si bemol mayor N° 11, Op. 22, que ofrece indicios que ya se desentienden de aquella estructura con un rondó y un apacible allegretto que, en el final, que proclama una distancia con Haydn.

La noche, ya en la segunda parte del concierto, incluyó la Sonata en sol menor N° 19, Op. 49 N° 1 y Sonata en sol mayor N° 20, Op. 49 N° 2 a modo de preparación del clima para aquello que era el centro de la expectativa –y en línea con la progresión proyectada por Barenboim, la Sonata en fa menor N° 23, Op. 57, Appassionata, una obra de Beethoven de mediana edad.

Se trata de una expresión mayúscula de la música universal, en la que la disposición de movimientos (rápido, lento, rápido) postula un orden formal pero, a la vez, dentro de cada una de esas estructuras, se constituye la misma tensión que cada una de sus partes expresa en relación a la totalidad. Una forma musical de la sección áurea griega. 




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