11/07/2019 msica

Un "rompecabezas" de 4.000 piezas, el trabajo de los luthiers que fabrican bandoneones

Se trata de uno de los instrumentos emblema de la "música ciudadana". Si bien tiene sus raíces en Alemania, en la ciudad de Buenos Aires hay quienes mantienen la tradición de fabricarlo.


La fascinación por un mecanismo de 4000 piezas, el compromiso con sonidos de tradición rioplatense y el propósito de recuperar una industria alemana bombardeada durante la II Guerra Mundial, son los pilares de los luthiers y fabricantes locales de bandoneones que mantienen vivo un mercado pequeño pero resistente al paso del tiempo.

"Estaba cursando en la Escuela de Música Popular de Avellaneda y un día vi un bandoneón desarmado que me atrajo automáticamente: recuerdo que pensé 'qué lindo sería poder fabricarlo'", dijo a Télam Baltazar Estol, de 36 años, uno de los pocos luthiers del instrumento que hay en el país y que mañana conmemora su Día Nacional en homenaje al nacimiento de Aníbal Troilo.

Penas de bandonen


Ya había estudiado música de forma autodidacta, ya había hecho un taller para reparar guitarras, ya había empezado a estudiar música popular cuando en 2007 le pidió prestado un bandoneón "abierto" a un amigo y, simplemente, agarró lápiz, papel y se puso a estudiar los planos.

"Me fui alejando de la práctica musical y, al mismo tiempo, empezó a ganar mucho espacio el taller: empecé a replicar las piezas del instrumento sin siquiera tener las herramientas adecuadas hasta que terminé el primero, al que mucho no le podía pedir", recordó.

Y se hizo el año 2010 cuando, hierro, acero, bronce, aluminio, zinc, madera, cuero, tela, cartón, cuerina, plástico, nácar y más de 4000 piezas después, terminó su primer bandoneón "100 por ciento funcional que empecé a mostrarle a los músicos y en ese momento resultaba insólito ver un instrumento nuevo".