09/07/2019 Teatro pera

Mercedes Sosa, homenajeada a diez aos de su adis

El encuentro homenaje, intenso y extenso, se inició con la entonación del Himno Argentino y siguió con "Yo vengo a ofrecer mi corazón", en versión de Lerner, Herrero y el dúo Orozco-Barrientos y un saludo desde el escenario a Nora Cortiñas y Sergio Maldonado, presentes en la sala.


La figura de Mercedes Sosa, eslabón esencial para el trazado de una memoria poética y musical de la Argentina y que -a la vez y necesariamente- constituye una memoria política, fue homenajeada hoy, a diez años de su fallecimiento, a sala llena en el Teatro Opera, por algunos de los artistas que la acompañaron en su vasta trayectoria, en la que jalonar proyectos de otros fue una vocación persistente.

Siempre es complejo, cada vez que se propone un tributo colectivo, conseguir un resultado musical que supere la mera emoción del encuentro de múltiples artistas y que no sea la repetición segmentada de colaboraciones que se han hecho en el pasado, sin un sentido integral. El espectáculo, "Por ella cantamos", organizado por la Fundación Mercedes Sosa, salió airoso de esa encrucijada.

Y era particularmente desafiante si se repara la función, incómoda, movilizadora, que Mercedes ocupó en el escenario musical ya desde su irrupción, asociada al Movimiento del Nuevo Cancionero que, en los '60', y en pleno apogeo mercantil del llamado "Boom del folclore" se interrogaba sobre los contornos de lo que se había establecido como tradición y que, además, se proponía una ambición comprensiva de las músicas regionales y que jamás se alcanzó en los términos en que la imaginaron Armando Tejada Gómez, Oscar Matus, Tito Francia o Juan Carlos Sedero.

Pero Mercedes nunca perdió, en las inflexiones de su carrera –a la que el concierto del Opera interpeló en diferentes etapas- en sentido reflexivo que acompaña al oficio del artista. Acaso la ayudaron las condiciones materiales de su nacimiento, el 9 de julio de 1935, en Tucumán, como descendiente de calchaquíes, hija de un obrero de la industria azucarera y una lavandera, para comprender que había una voz profunda que no se detenía en el relumbrón pasajero del elogio.
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