20/06/2019 arte

Las obras con materiales encontrados del artista Julio Hilger se presentan como un virus expandido

"Tripa cotillón", un ensamble de objetos escultóricos realizados con materiales precarios, se puede visitar en la sede de la Fundación Andreani, en La Boca.

La instalación "Tripa cotillón" del artista Julio Hilger, un ensamble de objetos escultóricos realizados con materiales precarios, que dan una idea de compulsión y acumulación, y que se despliegan por toda la sala expositiva, se puede visitar en la sede de la Fundación Andreani, en La Boca, donde se construye un nuevo espacio artístico ideado por el arquitecto Clorindo Testa.



En sus trabajos, Hilger (1979) utiliza diferentes materiales y pigmentos que se entremezclan e invaden el espacio con figuras irregulares que se articulan entre sí y recorren muros y piso de las salas, híbridos disruptivos que llevan la materia al extremo de sus propiedades.

"En un mundo donde los espacios virtuales impregnan cada vez más la realidad, Julio Hilger siente la necesidad de aferrarse a la materia, que fragua como un virus expandido", explica la curadora de la muestra Laura Buccellato.

El título -una alusión a conceptos tan distantes como un intestino y una fiesta- intenta ofrecer una idea acertada de lo que verán los espectadores: piezas de las más diversas formas que habrá que observar en detalle para notar sus particularidades, lo escondido.

La obra de Hilger es una masa ingobernable de objetos encontrados en la naturaleza urbana como plásticos, alambres, cartón, trapos, globos, ramas, un hipocampo de cerámica, osos de peluche, angelitos de madera, un sapo de plástico, brillantina, elementos de cotillón; una amalgama que el artista endurece con una mezcla de yeso, cola y pintura.

"Esta obra piensa en el presente, en la incertidumbre del presente, en un estado de ansiedad, de urgencia, en trabajar con materiales que se tienen a mano, cosas encontradas en la calle, en un bazar, en mi casa. Con eso armo ese gran cuerpo-organismo híbrido que puede formarse de mil maneras. Esto implica incertidumbre y que nada puede ser previsto”, dice el artista a Télam.

- Télam: ¿Qué significa desde su mirada "llevar la materia al extremo de sus posibilidades"?
- Julio Hilger: En la muestra traté de generar un clima de tensión y mutación a través de la forma y la materialidad. Por eso utilizo materiales a los que les exijo que además mostrar sus propias cualidades se muestren al relacionarse entre sí con características que les son ajenas pero que surgen de ellos mismos. Se crean condiciones y relaciones que obligan a la materia a actuar por fuera de decisiones personales. Me gusta no poder controlar todo el proceso, de alguna manera los materiales tienen una inteligencia propia y está bueno descubrirla e interferir lo mínimo posible como para que se despliegue por sí sola.

- T: ¿Su interés por lo "precario" en la obra tiene algún simbolismo?
- J.H.: Me interesa el simbolismo de lo precario porque describe una situación de vulnerabilidad, trabajar con la falta de certeza, sin una meta claramente definida, de alguna manera las posibilidades de actuar son más amplias.

- T: ¿La muestra está concebida como una gran instalación o como piezas individuales?
- J.H.: La muestra la pensé como una gran organismo o cuerpo mutante que parte de una obra central que articulara el resto de las obras y desde la cual todas podrían derivar o desprenderse. Quería que el conjunto no se viera de un solo golpe. La idea era que se pudieran descubrir cosas que se esconden u ocultan detrás de otras cosas y que esta pieza central jugara con esa tensión de lo múltiple, con la posibilidad de descubrir, redescubrir y generar nuevas conexiones constantemente. Un organismo que se despliega y va tomando distintas identidades en su recorrido, así puede devenir pájaro, rama u otras formas. Es así como se dan esas posibles conexiones entre los elementos distribuidos por la sala. Como un un cuerpo que yace pero que puede ser rearmado. Recorriendo la sala se pueden ir encontrando despojos de cuerpos y órganos.