05/06/2019 estreno

Un documental que retrata las reuniones familiares de los presos de Sierra Chica

La visita a los convictos puede resultar para los familiares una complicada tarea, pero que la realizan superando obstáculos y buscando reforzar el vínculo afectivo con el detenido.



El documental "La visita", de Leandro Colás, que se estrena este jueves, narra con delicadeza y humanismo la tenacidad de los familiares, en su mayoría mujeres, que viajan todos los fines de semana al penal de Sierra Chica para "reconstruir un espacio de amor y de familia" junto a los detenidos.

"Estas mujeres, desde una abuela que viaja cada fin de semana, hasta las niñas que juegan y cantan en la puerta del penal, son todas ellas representativas de la perseverancia y la tenacidad", dijo el director a Télam sobre el filme que participó en la Competencia Argentina del último Bafici.

La cámara de Colás se mete en la intimidad de una pensión manejada por la esposa de un detenido, que purga cadena perpetua, y que se mudó para estar más cerca de su marido; desde ese lugar, no sólo da hospedaje y comida, sino también contención y comprensión a quienes viajan al penal.

También documenta la "microeconomía" que subyace a estas visitas semanales y la brutalidad a la que son sometidos estos familiares, muchos de ellos niñas y bebés, por parte de las autoridades del penal, ejerciendo la discriminación hacia quienes no cometieron ningún delito.

"Hay que pensar que ellas vienen con una carga fuerte de discriminación y estigmatización de parte de la sociedad por el simple hecho de ser familiares de un detenido. Como dice una de nuestras protagonistas, parecieran ser ellas las que están cumpliendo una pena", dijo Colás.

Télam: ¿Cómo fue el rodaje? ¿Cómo tomaban las mujeres (y sus parejas en la cárcel) la filmación?
Leandro Colás: Fue una de las experiencias más intensas que hemos tenido en nuestra historia documental. Como la mayor actividad vinculada a la visita se desarrolla los fines de semana, viajábamos los viernes y volvíamos los domingos, un poco como ellas, las visitantes, que se fueron convirtiendo en las protagonistas de la película. Si bien sus parejas sabían y estaban atentos a la película, nuestro vínculo fue principalmente con ellas. Al comienzo no fue fácil, nos cuestionaban y nos preguntaban acerca de qué película íbamos a hacer. Con el tiempo, fuimos ganando su confianza y nos fueron abriendo la puerta de sus vidas y sus historias.

T: ¿Por qué decidiste no filmar los encuentros dentro del penal?
LC: Fue una decisión narrativa que surgió un poco como germen de la historia. Teníamos en claro que hay muchas películas, documentales y ficciones sobre cárceles, entonces nuestro desafío era abordar esta temática, pero desde otro punto de vista, desde el afuera, mostrando todo lo que sucede alrededor de un penal. Entonces, a nivel cinematográfico, debíamos construir el espacio de la Unidad 2 de Sierra Chica a través del fuera de campo, el sonido y las imágenes exclusivamente exteriores. El penal se convertía en una ausencia-presencia permanente, gigante, agobiante, que se filtraba y afectaba a cada una de las vidas de las personas que componen la película.

T: Hay personajes del entorno que viven al límite de la bondad y la tiranía, ¿no?
LC: En los alrededores del penal hay mucha gente del pueblo que lucra con los visitantes. Y en este sentido, hay un límite difuso entre la bondad y la tiranía, o entre lo mercantil y lo solidario. El bar del Gallego, es tal vez el lugar más representativo de esta microeconomía, ya que trabaja exclusivamente con las visitantes, les vende comidas y bebidas, les alquila la planchita del pelo o los cargadores para el celular, incluso les cobra por el acceso al baño. Pero por otra parte, el lugar se convierte en un punto de encuentro para estas mujeres y es muchas veces allí donde comienzan a surgir otros valores, como la amistad y la solidaridad.