15/05/2019 lecturas

Silvia Plager: "Me siento identificada con los pueblos migrantes actuales"

La escritora dialogó con Télam sobre su nueva novela "Pequeña Viena en Shangái", una historia sobre un grupo de judíos víctimas de las atrocidades del nazismo.

En "Pequeña Viena en Shangái" Silvia Plager aborda la desgarradora historia de un grupo de judíos que ante el avance del nazismo en Europa se ven obligados a huir desde Austria y Alemania a China, ocupada por las tropas japonesas, y atravesada por el flagelo del opio, la prostitución y las hambrunas.

Los hechos que cobran vida en esta ficción están anclados en 1938 cuando la familia del médico Jonas Schranz, junto a su hija Hannah y su esposa Frida, logra conseguir la visa del consulado de China en Viena y parten por mar rumbo a Shangái.

En el Conte Rosso, barco que abordan en las costas italianas, conocerán al alemán Otto Poleman, que viaja con sus sobrinas cuyos padres fueron asesinados por los nazis, y al sueco Henning Mankel, hijo de un ingeniero que se traslada a Oriente para hacer negocios con la venta de armas.

La obra transita por historias de amor, pasión y muerte que se conjugan en la lucha por sobrevivir en un territorio desconocido y distante de los hábitos occidentales, que derivan en un choque cultural, muy bien plasmado por Plager, autora de además de "El cuarto violeta", "Boleros que matan", "La rabina" y "Las mujeres ocultas del Greco", entre otras obras.

"Aspiraba a lograr una novela coral donde se escuchara lo que pensaba un chino, un mandatario nazi, un médico italiano no judío que se queda en Shangái al enamorarse de una joven, o una joven alemana que se enamora de un chino", explicó Plager a Télam acerca de la obra, editada por Plaza y Janés.

- Télam: ¿Cómo surgió esta novela?
- Silvia Plager: Una amiga que viajó a Shangái me dijo que tenía que escribir sobre los judíos exiliados en China, y cuando me puse a investigar realmente me pareció una historia fascinante, porque hubo de 30 a 40.000 austríacos y alemanes que salvaron sus vidas gracias a un cónsul chino que les dio el visado para ir a Shangái, cuando ya estaban cerradas las puertas para los judíos en otros países. En ese momento vivir en Shangái era un gran desafío: era un lugar de terribles contrastes debido a los fumaderos de opio, la gran cantidad de prostíbulos, sumado a la ocupación japonesa, la lucha interna entre Mao Tse Tung y Chianf Kai Shek, en el entorno de la Segunda Guerra Mundial.

- T: ¿En qué medida su historia personal la llevó a escribir este libro?
- S.P.: Me metí en esta historia cuando pensé que como descendiente de judíos podría haber nacido en Shangái. Mis abuelos y tíos polacos por parte de mi padre fueron asesinados. Mi mamá era alemana, llegó a la Argentina cuando tenía 17 años y me tuvo a mí cuando tenía casi 30. Entonces me puse a pensar: si mi madre, nacida en 1912, hubiera nacido más tarde, yo podría haber sido como la joven protagonista y así me fui metiendo en la historia.

- T: ¿Cómo fue el proceso de construcción de esta novela en la que se juegan detalles muy precisos de un país y una época muy puntuales?
- S.P.: Estuve leyendo durante un año libros sobre los judíos en ese país y sobre el contexto histórico, porque no me puedo poner a escribir una novela si no se qué se comía en ese momento o cuál era el contexto histórico. Las personas que llegaron en barco desde Italia eran músicos, médicos o científicos y para crear clima tenía que imaginar sus reacciones si les ofrecían una verdura que les sabía algo cruda, o tallos de bambú. Debía saber que a los cadáveres los tiraban en el río, o que la gente envolvía los cadáveres de los niños en papeles de diario que eran recogidos por la carreta de la muerte. O que los judíos que llegaban y no tenían recursos aceptaban los trabajos más aberrantes al igual que los chinos pobres.