09/05/2019 Feria del Libro

Monique Schwitter: "En tiempos de capitalismo, el amor se vuelve un valor econmico"

En "Los amores de una vida", la escritora se propone fracasar desde el principio, cuando la narradora decide inventariar y catalogar todos los nombres que dieron forma a su experiencia amorosa.


De donde surge la melancolía que lleva a una persona a repasar su educación sentimental tiene una respuesta posible en "Los amores de una vida", novela de Monique Schwitter que se propone fracasar desde el principio, cuando la narradora decide inventariar y catalogar todos los nombres que dieron forma a su experiencia amorosa.

Como la onda expansiva del planeta de Lars Von Trier colisionando contra la Tierra ("Melancholia"), como la escena final de "La maté porque era mía", donde el juez misógino que interpreta Philippe Noiret comparte una cena elegante con cada mujer que consideró su posesión, "Los amores de mi vida", publicado por Edhasa, repasa una idea sobre el amor a la vez que la aniquila.

Cada vez más las relaciones amorosas se leen bajo reglas de economía

Monique Schwitter

La novela de Schwitter (Suiza, 1972) acomete sobre el capitalismo en tiempos de amor y no al revés, porque, dice la autora, "cada vez más las relaciones amorosas se leen bajo reglas de economía" que muy, muy lejos de la impunidad patriarcal de la comedia francesa donde los nombres de las actrices aparecían en los créditos detrás de los actores, no opta por el asesinato.

En su primera visita al país, en el marco de la 45° Feria del Libro de Buenos Aires, Schwitter dice que esta ciudad "es una fantasía de 30 años" que comenzó cuando una compañera del colegio volvió hablando castellano a Zurich después de pasar un año aquí.

Para la escritora, "Buenos Aires fue un espacio de nostalgia aún sin conocerlo, quizá por su nombre. Es al menos contradictorio que una gran ciudad se llame Buenos Aires, además de que en alemán el plural no existe. No tenía una imagen, sino la idea de un país donde coexisten las culturas y me interesaba ver eso".

De inmediato le llamó la atención "la gran presencia del castellano, a diferencia de otros lugares donde el inglés es la lengua del turista. Me encantó ver hasta qué punto las personas viven en su idioma, como una obstinación salvaje de autonomía ante la hegemonía de otras lenguas".

Télam: Ese interés por el lenguaje atraviesa su novela.
Monique Schwitter: Me fascinó notar que la lengua de adiestramiento de perros es en inglés básico en cualquier país, como ese inglés internacional que se usa para solamente dar órdenes precisas. Eso, que no tiene nada que ver con la comunicación y mucho menos con el amor, se traslada a otras escenas: en Suiza la regla es el alemán que se habla en Alemania y no el que hablamos los suizos, existe una noción de subordinación de una lengua sobre otra. Lo llaman alto y bajo alemán y se vive como quiénes dominan sobre quiénes.