03/05/2019 Entrevista

"Cuando se vive en el exilio uno tiene que superar el miedo todos los das"

Asi lo señala la escritora nicaraguense, Gioconda Belli en entrevista con Télam de visita en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

 
Un noble francés que finge su propia muerte, acusado de asesinar a su esposa en el siglo XIX, configura el universo de la nueva novela histórica de Gioconda Belli, "Las fiebres de la memoria", donde la escritora nicaragüense encarna por primera vez a un protagonista masculino que debe renunciar a los privilegios de clase para reinventarse muy lejos de su hogar.

En su nuevo libro (Seix Barral), la autora de "La mujer habitada" invierte el camino que más transitó en sus poesías y novelas, donde suele construir personajes femeninos, fuertes y revolucionarios.

Ya no son aquí las que gobiernan en "El país de las mujeres", sino que aborda la perspectiva de un varón: Charles Choiseul de Praslin, noble de la corte de Luis Felipe I de Orleans, que además fue tatarabuelo de Belli.

"Uno de los problemas a los que nos enfrentamos las escritoras es que nos critican porque, supuestamente, escribimos literatura femenina o 'light' porque hay un menosprecio social al mundo privado de la mujer. Sobre esta novela, varias editoriales me han dicho que 'no es giocondana' y tienen miedo de qué va a ocurrir", se ríe Belli en entrevista con Télam de visita en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

El personaje de "Las fiebres de la memoria" tiene mucho de parecido con su autora. Por ejemplo, ambos conocen el exilio: Gioconda Belli como militante revolucionaria contra la dictadura de Anastasio Somoza; Praslin como fugitivo de un crimen de género que lo lleva hasta Matagalpa, Nicaragua; los dos son víctimas del miedo cuando se está escapando y son forzados a construir una identidad distinta, lejos del lugar de origen.

- T: ¿Cómo fue la experiencia de escribir desde una voz masculina?

-Gioconda Belli: No pensé que iba a escribir desde la perspectiva del hombre, fue algo que me vino cuando estaba buscando el tono, empecé a oír su voz, lo intenté y no me fue tan difícil porque siempre digo que las mujeres somos expertas en los hombres: los hemos estudiado, sufrido, amado. Al principio me preocupó, me daba algo de miedo, me preguntaba qué van a pensar de mí que siempre hablo de las mujeres. ¿Pero si iba hablar de ellas, desde otro lugar y menos tolerante? Las mujeres también cargamos con el machismo y cuando escribía la novela estaba experimentando la presencia de una figura muy negativa para Nicaragua, la esposa de Daniel Ortega, que tiene un rol muy manipulador y falto de compasión.