31/03/2019 Entrevista

Marta Lopetegui: "La industria textil es una actividad no reivindicada"

En su primera novela, "Los plebeyos", la autora construye una trama sobre la industria textil argentina cuya narración está atravesada por los vaivenes económicos que definen la vitalidad del sector y los encuentros y desencuentros de una serie de personajes que son los que, en definitiva, manejan la empresa y se burlan de la burguesía a la que no pertenecen.

Un español que llega a la Argentina para hacer negocios y un empresario que se arma de excusas para no recibirlo; en el medio, los plebeyos que hacen su trabajo: entretienen al invitado entre bares y talleres fabriles, manejan con celeridad los escollos de la compañía y resuelven los problemas de la Aduana, actor clave del universo textil.

Sobre ese terreno, en el que la narración desnuda la lógica del sector y despliega prominentes escenas eróticas porque, además de telas y negocios, es ésta una ficción de amor, circula la trama de la primera novela (Blatt & Ríos) de Lopetegui (1955), autora de "La permanente y otros relatos"- y también responsable de una pyme textil.

- Télam: ¿Cómo llegó a abordar ficcionalmente la industria textil?

- Marta Lopetegui: No solo vengo de la industria textil, tengo una pyme textil que fabrica prendas masivas, económicas que no tienen nada que ver con la fabricación de las prendas para espectadores del polo que es de lo que habla mi novela. Por mi trabajo anterior en una importadora, conozco la Aduana y sus entresijos y eso me sirvió de insumo para para la ficción. Creo es lo más cómodo escribir sobre lo que uno sabe o conoce y eso he hecho.

- T: Estos plebeyos que llevan con diligencia la administración se ponen la camiseta de la empresa sin que eso signifique reconocimientos. Y a la vez, se ve en ellos una suerte de burla al empresariado: porque sin los plebeyos, sin los obreros, nada de eso funcionaria, y lo saben ¿cuál es su lectura?

- M.L.: Ponerse la camiseta no deja de ser también una forma de asegurar la pertenencia, de ser parte. Los "Plebeyos" son los tramoyistas que aseguran el funcionamiento y al conocer tan íntimamente como son los hechos y quién es quién la burla no deja de ser una forma de revancha.

- T: La industria textil suele usarse como indicador económico en cuanto es testigo siempre de la balanza entre importaciones y exportaciones. ¿Por qué ocurre eso?

- M.L.: Está claro que al ser una actividad muy sensible al consumo masivo acusa recibo de la situación económica en forma inmediata. Refleja rápidamente la temperatura social. Esta novela la escribí hace tiempo, si bien los capítulos finales son de fines de 2018, los nudos más importantes temporalmente suceden al inicio del gobierno de Mauricio Macri hasta mediados de junio de 2016, y se habla de la preocupación de que el sector pueda desarrollarse mejor.

- T: En este sentido, el personaje del español es clave en el relato porque es el "forastero" de quien podría depender el futuro de la empresa ¿cómo pensó este personaje en la trama?

- M.L.: Viví varios años en España y conozco ese perfil. No he querido dejarlo en ridículo. Este español, un plebeyo también él, pero un plebeyo europeo en Buenos Aires se siente casi un virrey. Lo que más quise fue jugar con los giros y los conceptos sociales. Los españoles son literales, no tienen mucho doblez. Hice el ejercicio de que este asturiano mire Buenos Aires y pregunte, porque no entiende muchas cosas.

- T: Parece ser que la industria textil es una temática de la que no suele leerse mucho en ficción, tal vez porque hay una falsa asociación entre industria textil y moda, cosa que en esta novela quedan claras que van por separado ¿qué opina?

- M.L.: Es posible que no haya o que yo no conozca otra novela sobre la industria textil en Argentina. Sin embargo sobre el mundo de la moda y las modelos hay mucho más material. Caballo Negro editó las memorias de Paco Jamandreu, donde se habla de moda, de glamour y de fabricación casi artesanal de prendas de alta costura. Pero sí, es cierto, no se habla de la industria textil como una industria convencional, siempre se está al borde del taller clandestino. Es una industria no consolidada como tal, es una actividad no reivindicada.