14/03/2019 reedicin

Alan Pauls: "En la playa me vuelvo un lector voraz, manaco, un verdadero rcordman"

Se reeditaron algunos títulos del escritor, entre ellos "La vida descalzo", un ensayo donde interpela el espacio de la playa para observar sus propias obsesiones.

El mito del origen del lector, las complejidades del goce y "la privación como una ética afirmativa" son tópicos que retoma Alan Pauls para repasar "La vida descalzo", ensayo publicado en el marco de la reedición de una serie de títulos suyos, donde la playa se vuelve una excusa, escenario maníaco donde machacar sus propias obsesiones.

Publicado por Random House -"El pasado" es otro de los títulos rescatados por ese sello-, "La vida descalzo" reflexiona sobre la playa y sus posibles significados: sociales, culturales, éticos, naturales y estéticos.

Pauls (Buenos Aires, 1959) piensa ese espacio geogràfico como una pantalla en blanco, un lugar habitable por el escritor, pero antes, por el lector que ese escritor es, un lugar evocador y a la vez invisible porque "la playa murmura y habla, solo que en ella fondo y figura, soporte y trazo, parecen indistinguibles", escribe.

"Al final de 'La vida descalzo', que es el comienzo de 'Trance' -otro de sus últimos títulos, publicado por Ampersand-, nace un lector, cuando el niño cae enfermo en medio de las vacaciones y se queda sin lo que más creía querer: arena y mar. Es la privación lo que hace nacer al lector. De ahí una ética afirmativa de la invalidez. No poder hacer algo puede ser la condición de hacer algo nuevo, que no estaba en los planes", señala el escritor en diálogo con Télam .

- Télam: La cuestión del goce parece una de las potencias que guían el ensayo, más allá del goce simple y luminoso de la infancia, hay un goce tortuoso, otras veces sacrificial, el único momento en el que es incuestionable es cuando el narrador habla de la lectura.
- Alan Pauls: No creo que haya goces simples. El goce siempre está en relación con una ley, un límite, incluso una coacción -que acepta o finge aceptar o con los que se mide o que pervierte dándolos vuelta como a una media. La privación es uno de esos límites. Pero en "La vida descalzo" se trata más bien de voluptuosidad, un tipo de efusión sensual anacrónico, un poco decadente, que puede alcanzar intensidades considerables pero implica menos riesgos que los goces más modestos.

- T: El libro desentrama la playa épica de las batallas y la playa virgen o más bien desnuda, donde los colonos liberados la reclaman como propia. ¿Qué significado cree que tiene la playa vedada de los migrantes contemporáneos?
- A.P.: Me acuerdo del impacto que me produjo ver cañones enterrados apuntando al mar en la playa de La Habana. Una imagen insólita para el turista despreocupado que yo era, pero perfectamente lógica para una ciudad y una isla que vivían pensando en que podían ser atacados por todas partes. La playa es una zona liminar, una frontera, y por lo tanto teatro de exilios y de invasiones. De ahí la inquietud que uno siente cuando pone un poco entre paréntesis el uso hedonista y mira el mar a lo lejos y piensa en todo lo que puede estar viniendo desde esa inmensidad.

- T: Alude también al mito del escritor que nunca descansa, que siempre está leyendo, tomando notas, pendiente del material que puede encontrar o recopilar para su trabajo.
- A:P.: Si trabajar es escribir, llenar páginas. Porque lo que hago, lo que siempre hice, y en la playa como en ninguna otra parte, es leer -que, como sabemos, es el otro lado de escribir. En la playa me vuelvo un lector voraz, maníaco: un verdadero récordman. Quemo páginas como los maratonistas metros.