13/03/2019 literatura

Marta Sanz: "El sentido comn es en realidad ideologa camuflada de verdad indiscutible"

La escritora española, en su libro de ensayos "Monstruas y centauras. Nuevos lenguajes del feminismo", interpela al lector para reflexionar sobre la resignificación del uso de las palabras.

"Monstruas y centauras. Nuevos lenguajes del feminismo" es el libro de ensayos en el que la escritora española Marta Sanz indaga en las representaciones y disputas que se entrelazan en el presente de ese movimiento, con el objetivo de lograr que "la resignificación conceptual, lingüística y social del feminismo opere como palanca de transformación para paliar muchas de las desigualdades de las sociedades capitalistas".

Doctora en Literatura Contemporánea de la Universidad Complutense, Sanz (Madrid, 1967) publicó las novelas "El frí­o", "Lenguas muertas", "Los mejores tiempos" y "Susana y los viejos" - finalista del Premio Nadal en 2006-, "Farándula" -ganadora del Premio Herralde 2015- y "Clavícula".

En diálogo con Télam, la escritora remarcó que es una feminista que no separa el patriarcado del capitalismo porque sostiene que "la devaluación del trabajo de las mujeres en el ámbito público, la precariedad y la diferencia de salarios a la baja repercute en la devaluación del cuerpo de las mujeres en el ámbito privado".

- Télam: ¿Cómo se gestó este libro? Afirmás que fue desde el desconcierto producto de la saturación informativa.
- Marta Sanz: El libro surgió del desconcierto. Cada día me encontraba con distintas reflexiones y mensajes de, desde, contra, para, por, según el feminismo que me producían una sensación de ruido que, por un lado, era estimulante, pero, por otro, era ensordecedora. Escribí este texto para compartir la idea de que las mujeres nos estamos pensando, y todas las preguntas y las relecturas de conceptos, experiencias y vidas a los que ha dado lugar este movimiento son muy fértiles para intentar limar nuestras desventajas en el ámbito público y en el privado: la precarización, el riesgo de exclusión y pobreza de las mujeres, la mayor tasa de paro y de temporalidad no deseada, las violaciones, los feminicidios. La evidente brecha de desigualdad que tiene que ver con las clases sociales, la raza y el género.

- T: Te definís como una feminista que no separa el patriarcado del capitalismo.
- M.S.: Porque creo que la devaluación del trabajo de las mujeres en el ámbito público, la precariedad y la diferencia de salarios a la baja repercute en la devaluación del cuerpo de las mujeres en el ámbito privado: es un cuerpo poco relevante, del que se puede prescindir, que se puede golpear, violentar y borrar porque no vale nada. La falta de reconocimiento público, en una sociedad de mercado, motiva los íntimos desprecios. Tengo la sospecha de que separar el salario de los imaginarios culturales y de los feminicidios es una manipulación injusta. A la vez, tengo la esperanza de que la resignificación conceptual, lingüística y social del feminismo opere como palanca de transformación para paliar muchas de las desigualdades que padecemos en las sociedades capitalistas: conocimiento, clase, raza, salud. Me siento identificada con discursos feministas como el de Nancy Fraser que aboga por un feminismo no elitista ni oligárquico: un feminismo que analice las condiciones de vida del 99% de las mujeres y no solo las de una minoría privilegiada.

- T: Advertís una diferencia entre ser razonable y ser racional y preferís ser racional antes que razonable. ¿Por qué?
- M.S.: Con ese juego de palabras quería expresar la diferencia entre acomodarse a un discurso preexistente que coincide con la norma patriarcal e intentar inventar otras maneras de relación igualitarias en el marco social que surjan gracias al ejercicio de una imaginación política feminista racional. Deberíamos propiciar modos de reflexión lenta que puedan romper las lunas de los escaparates y el discurso político entendido como eslogan publicitario. Esa es una de las vías de contestación y resistencia del feminismo actual, una metodología para el pensamiento, que replica ese resurgimiento de una ultraderecha fanática y separa el feminismo de una acusación de puritanismo que nunca jamás ha tenido que ver con las reivindicaciones de las mujeres. Más bien al contrario.


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