01/02/2019 lecturas

Paolo Casadio: "Las guerras imponen destinos trgicos a todas las vctimas de esa locura"

"El niño del tren", del autor italiano, cuenta la historia de dos niños en un pequeño pueblo de los Apeninos durante la Segunda Guerra Mundial.

Situada en la tranquilidad de los Apeninos, el italiano Paolo Casadio construye en "El niño del tren" una conmovedora novela donde pone en juego la fatalidad del destino a partir del amor entre dos niños durante la Segunda Guerra Mundial.

La historia, publicada por Edhasa, tiene como protagonista a la familia de Giovanni Tinni, nuevo jefe de estación del bucólico pueblo de Fornello, donde junto a su mujer, Lucia, verán nacer a su hijo Romeo, que a los 13 años se enamora de Flavia, una niña que arriba en un tren cargado de familias judías con destino a un campo de concentración.

La llegada de ese convoy quiebra la quietud del pueblo y pone en acción la historia de esos dos niños escrita con una prosa cuidada, con la que Casadio logra una novela cálida y sobrecogedora de la que habló con Télam.

- Télam: Si bien usted partió de la historia de un maquinista que llegó a sus manos, ¿por qué le interesó abordar una novela ambientada en la Segunda Guerra Mundial?
- Paolo Casadio: Hace mucho tiempo que quería escribir una novela sobre los Apeninos. El silencio de estos lugares perdidos me fascina desde siempre. Cuando descubrí la historia de Marcello Peranizzi, nacido en Fornello en 1949, la idea de escribir sobre ese escenario empezó a tomar cuerpo. La estación de Fornello está aislada, y es la única conexión con el mundo, ya que no hay carreteras, sino solo algún que otro sendero. Así que pensé que el aislamiento podía servir para salvar a sus habitantes, como una especie de refugio.

- T: ¿Qué idea del destino lo guió en la construcción de esta historia ya que parecía haber uno marcado de antemano para Flavia, y finalmente eso cambia?
- P.C.: Toda la novela juega con los destinos y sus contradicciones. Hay una parte en la que Flavia y Romeo se tienen de la mano con tanta estrechez que los dos padres casi no consiguen separarlos. En aquel momento los niños se intercambian los respectivos destinos. Todos dependemos de la casualidad, de las coincidencias, enlaces de eventos a veces inexplicables. Piense en quien pierde un avión o un barco y luego éste se cae o se hunde. Luego, las guerras y su capacidad de anular todas las reglas de la vida civil. Y además las guerras imponen destinos trágicos a todas las víctimas de esa locura.

- T: ¿Qué lo motivó a escribir sobre el amor entre dos niños?
- P.C.: Primero quería tomar sus puntos de vista, la manera en que perciben lo absurdo de separar a las personas, como si existiera una parte justa y una injusta en el nacer. En segundo lugar porque son almas inocentes, limpias: una metáfora para representar la humanidad intacta, pura, la única esperanza de sobrevivir en los tiempos tristes de la guerra. El amor entre Flavia y Romeo es el punto de partida, la única posibilidad que el tiempo de guerra ofrece, y al mismo tiempo la única respuesta a las teorías nazis del fascismo.