19/12/2018 Msica

Charly Garca abri su caja de sorpresas y le puso un broche de oro al ao

Charly García cerró anoche un gran año marcado por su regreso a los escenarios con un concierto en el porteño teatro Gran Rex, en el que sorprendió al desempolvar varias joyas de su repertorio, reivindicar las composiciones de su polémica etapa en la que se movió bajo el concepto “Say no more” y eludir muchos de los hits reclamados por el público.


En un breve pero contundente show, de apenas poco más de una hora de duración, el máximo ícono del rock argentino se mostró en inmejorable forma musical, lo que le permitió dejar de lado concesiones hacia sus seguidores y desplegar un ecléctico listado de canciones, con un puñado de creaciones de sus años más gloriosos y muchas piezas de sus décadas más caóticas.

Acaso la otra señal de esta postura estuvo dada en la ausencia de bises, a pesar de la insistencia del público que se negaba a desalojar la sala y coreaba estrofas que nunca llegarían.

Aunque el espectáculo fue presentado nuevamente bajo el título “La Torre de Tesla”, como en las otras apariciones que tuvo este año, y volvió a repetir la escenografía y las visuales de los conciertos de febrero, mayo y julio pasado, esta vez Charly ofreció un concierto bastante diferente a aquellos, no sólo en lo referente al repertorio, sino también en cuanto a intenciones.

Prueba de ello fue la ausencia de infaltables en otros shows como “Demoliendo hoteles” , “Me siento mucho mejor”, “Rezo por vos” o “Los dinosaurios” y la sorpresiva aparición de gemas como “Parte de la Religión”, “De mí”, “No llores por mí, Argentina” y “Cuchillos”; este último con el correspondiente recuerdo desde las pantallas de Mercedes Sosa.

Si bien es cierto que reiteró algunos clásicos ineludibles como “Yendo de la cama al living”, “Cerca de la revolución” y “Promesas sobre el bidet”, la inesperada inclusión de otras canciones operó como una señal de que aún hay mucho en su catálogo para redescubrir.

Por eso, la gran novedad de la noche fue la inclusión de muchos temas de su última placa “Random”, editada en febrero de 2017, y fundamentalmente el rescate de composiciones de la década del 90 y del 2000, las cuales quedaron ocultas entre el caos sonoro y los escándalos que marcaron su arte en aquellos tiempos.

La actual prolijidad mostrada por Charly en estos tiempos permiten revalorar esas canciones y poner al descubierto que, incluso en el desorden de esos años, el genio creativo seguía encendido.

Mucho que ver en esta reivindicación sonora tiene su banda, afianzada y certera, integrada por los chilenos Kiuge Hayashida, Toño Silva y Carlos González, en guitarra, batería y bajo, respectivamente; Fabián “El Zorrito” Quintiero, en teclados; y Rosario Ortega en coros.

La confiable base de bajo y batería permiten el entramado de teclados que operan García y “El Zorrito”, en tanto que Hayashida aparece como el único integrante con lucimiento personal a partir de afilados y criteriosos solos de corte rockeros.

Este formato le da un nuevo vuelo a “Rock and roll yo”, “No importa”, “King Kong”, “In the city that never sleeps”, “Asesiname” y a los más nuevos “La máquina de ser feliz”, “Primavera”, “Lluvia”, “Rivalidad” y “Otro”.

“Brindo por mi amigo Keith Richards que cumple 75 años. Cuando explote la bomba atómica sólo va a quedar él y las cucarachas”, dijo al promediar el show el hombre del bigote bicolor, como sorprendido de la vigencia y vitalidad del rolling stone, a pesar de su vida plagada de excesos.

Probablemente, en un hipotético apocalipsis también sobreviva el propio Charly, a quien en las pantallas montadas sobre el escenario se lo podía ver irascible, esquelético, saltando de un noveno piso a una pileta o golpeando a gente en pleno descontrol personal, en un racconto de una parte de su vida, mientras en el escenario se lo escuchaba desplegando con maestría invalorables piezas musicales.