24/10/2018 Espaa

Madrid no se sumar al boicot internacional a Arabia Saudita por los empleos en juego

El jefe del Ejecutivo socialista, Pedro Sánchez, condenó "sin paliativos" el asesinato del perdiodista Jamal Khashoggi, pero evitó responsabilizar de forma directa al reino saudita, exigiendo que "el peso de la ley caiga sobre los responsables".


El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, expresó este miércoles su "consternación" por el asesinato del periodista saudita Jamal Khashoggi, pero rechazó sumarse al boicot internacional contra Arabia Saudita en aras de garantizar los empleos vinculados a los contratos millonarios firmados entre España y el reino petrolero.

"Siempre he creído que la política es convertir los ideales en realidades. No siempre se puede conseguir", admitió el líder socialista en su primera intervención en el Congreso de los Diputados español para fijar posición en pleno escándalo internacional por la muerte de Khashoggi en Estambul, Turquía.

Alemania pidió a otros países europeos seguir su ejemplo y detener las exportaciones de armas a Arabia Saudita mientras no se aclaren todos los extremos vinculados al asesinato del periodista disidente, cuyo crimen el gobierno turco atribuye a los servicios secretos sauditas.

Ante la gravedad de estos hechos, tanto el partido de izquierda Podemos, principal apoyo del gobierno socialista, como los independentistas catalanes, le pidieron a Sánchez que suspenda la venta de armamento a Riad y que busque alternativas para los trabajadores que se verían afectados por la decisión.

No obstante, Sánchez dejó claro que no iría más lejos ya que su obligación es defender los "intereses estratégicos de España, que están situados en zonas muy afectadas por el drama del desempleo", en referencia a los 6.000 puestos de trabajo afectados por el contrato de 1.800 millones de euros para construir cinco cobertas que el reino de Arabia Saudita firmó con los astilleros de Navantia, situados en Cádiz.


El líder del Partido Socialista (PSOE) inició su intervención mencionado una propuesta para que haya mayores controles de verificación y transparencia en las armas exportadas por España, pero luego no la concretó y se limitó a realizar un ejercicio de "realpolitik" (política de la realidad en alemán) para justificar su decisión contraria a romper lazos comerciales con Arabia Saudita.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, por su parte, le pidió que sea valiente y "rectifique" su intención de vendar armas al régimen "criminal" saudita para dar una "lección de derechos humanos".

"Le acepto que la ética no opere en las relaciones internacionales pero el Derecho sí, y eso le obliga a dejar de vender armas a Arabia Saudita", sostuvo Iglesias.

Pero Sánchez le respondió que desde que llegó a La Moncloa él "no aprobó ninguna venta de armas a Arabia Saudita" por los que su compromiso con los derechos humanos es "inequívoco".

"Solo estamos respetando un contrato firmado por el gobierno anterior", añadió el socialista, aludiendo a la venta de 400 bombas láser aprobada en 2015 por el Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy.

Hace un mes, antes del asesinato del periodista saudita, España tuvo que afrontar ya una crisis con Arabia Saudita a raíz de que el gobierno de Sánchez anunció su intención de suspender ese contrato de venta de armas, ante el riesgo de que fueran utilizadas contra la población civil en Yemen.

La decisión provocó tensión con Riad, que amenazó con revisar un contrato para la compra de corbetas encargadas a los astilleros de Navantia, que se pusieron en pie de guerra.

Como consecuencia, el Ejecutivo de Madrid dio marcha atrás a la decisión y mantuvo la venta de armas.

La muerte de Khashoggi, residente en Estados Unidos y columnista de The Washington Post, provocó una ola de condena internacional y tensó las relaciones de Riad y Washington, así como otras potencias occidentales.

Tras dos semanas negando cualquier relación con el asesinato de Khashoggi, Riad admitió el sábado que el periodista murió durante una pelea en su consultado en Estambul.

En tanto, el presidente estadounidense Donald Trump apuntó al príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, como el responsable último de la muerte del periodista, según declaraciones que publica este miércoles el diario The Wall Street Journal.