13/06/2018 opinin

La Reforma Universitaria y el mundo en cambio permanente

La Reforma Universitaria de 1918 ocurrió en un contexto histórico, político y económico nacional e internacional que configuraba un nuevo orden mundial. Cien años después, el mundo y la Argentina asisten a un cambio vertiginoso a nivel tecnológico. Sobre los desafíos de la universidad en esta nueva era opinó para Télam Danya Tavela, secretaria de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación.

Danya  Tavela

Por Danya Tavela

La Reforma Universitaria de 1918 ocurrió en un contexto histórico, político y económico nacional e internacional que configuraba un nuevo orden mundial. Cien años después, el mundo y nuestro país asisten a un cambio vertiginoso dado, fundamentalmente, por los avances en la tecnología, la conectividad y la velocidad en que se produce y transmite el conocimiento y la información.

Estas transformaciones condicionan a los sectores del trabajo y la producción, ya que no permiten definir con certeza qué profesionales o técnicos requerirán no sólo en los próximos cien años, sino siquiera en la próxima década. Y esta realidad impacta en el sistema educativo en general y en la educación superior en particular.

En un contexto caracterizado por la incertidumbre y la inestabilidad, la demanda de formación superior es una certeza. El desarrollo de los países está signado por la calificación de las personas que viven y desarrollan su vida social y productiva, y, por supuesto, por su capacidad de agregar valor mediante el conocimiento para mejorar las condiciones de productividad y bienestar.

Esta demanda social y productiva pone de relieve dos características centrales que la educación superior debe satisfacer y que son los principios rectores de nuestra gestión: calidad e inclusión.

En cuanto a la inclusión, nuestro país cuenta con una tasa de cobertura de la educación superior relevante, que asciende al 57,8%. Sin embargo, asistimos a un modelo de inclusión excluyente que promedia un 50 por ciento de deserción entre los estudiantes de los primeros años.

Para resolver esta problemática, no basta con el apoyo económico al estudiante más vulnerable. Desde ya, es una herramienta indispensable y por eso reconocemos a la vulnerabilidad económica como requisito central de acceso a las Becas Progresar. Sin embargo, debemos comprender que ese joven llega a la universidad con dificultades en los saberes y habilidades adquiridas previamente y que la tecnología también reconfigura sus procesos de aprendizaje.

Y allí es donde la universidad debe articular con la escuela secundaria para formar docentes con los saberes y habilidades requeridas, incentivar la vocación y el esfuerzo, promover la innovación en sus aulas y, por supuesto, incorporar tecnología. Por esta razón, estas variables fueron incorporadas al Programa Nexos, que articula la escuela y la universidad con el fin de construir el puente que permita a los estudiantes transitar de un nivel al otro.

A su vez, con Progresar articulamos la inclusión y la calidad al favorecer el rendimiento académico y el fortalecimiento de la matrícula en las áreas del conocimiento prioritario para el desarrollo económico y social de las todas las regiones del país. Porque inclusión no es simplemente acceso: es permanencia, progreso y egreso con calidad y futuro de inserción en el medio socioproductivo.

En segundo término, debemos analizar la calidad teniendo en cuenta la enseñanza, la formación profesional, la generación del conocimiento, la pertinencia de los procesos y un funcionamiento institucional de los órganos de cogobierno y de gestión que permita a las universidades asumir el desafío que implica la planificación y el desarrollo de sus planes estratégicos, acciones que continuamos apoyando desde el Ministerio de Educación.

En ese marco, generamos la Escuela de Gobierno Universitario con el fin de promover el debate y los intercambios necesarios para mejorar el desempeño universitario en sus funciones de investigación, docencia y extensión junto a la generación de respuestas a la transferencia tecnológica hacia el medio y al proceso de internacionalización.

Para alcanzar una universidad de calidad que mejore el desempeño de los jóvenes también es necesario jerarquizar el rol docente mediante una formación que les brinde herramientas para el aula, el uso de tecnologías y la comunicación con los estudiantes. Esto implica repensar propuestas académicas flexibles, dinámicas e interdisciplinarias y a diseñar los pasos que deben dar los jóvenes para insertarse en su propio futuro. Ese es el camino que comenzamos a recorrer con el Sistema de Reconocimiento de Trayectos Formativos, que permitirá reducir la duración de los planes de estudio sin dejar de lado la formación de carácter central y así contribuir a la terminalidad de los jóvenes.

Muchos son los desafíos que debemos emprender desde el sistema universitario en este nuevo mundo, muchas aún son las cadenas que debemos romper, los dolores que debemos doblegar para conseguir las libertades que nos faltan.


(*)Secretaria de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación.