12/06/2018 literatura

Mara Gainza: "La clase alta y el arte son mundos pretenciosos y endogmicos"

Con un registro sencillo que logra despertar muchos sentidos, la novela "El nervio óptico" aborda la relación que la protagonista tiene con el arte y lo más notable es el modo en que logra transferir al lector (sin que este acuse recibo) datos, citas, referencias, años: historia.

En la novela "El nervio óptico", la crítica y escritora María Gainza traza una composición de cuadros, artistas e historia del arte para dar forma a una trama que puede ser leída como una crónica, una reseña de obras o una guía de museos, y que en cualquiera de los casos logra lo mismo: transmitir la potencia magnética de un objeto artístico.

"Me recordó que en la distancia que va de algo que te parece lindo a algo que te cautiva se juega todo en el arte, y que las variables que modifican esta percepción pueden y suelen ser las nimias", escribe la narradora de esta novela hecha de a relatos y donde el arte funciona como un vehículo que enhebra ficción pero también teoría, conocimiento e historia.

Es que en este libro, que ahora reedita Anagrama (y hace cuatro años publicó Mansalva) y que también tuvo una adaptación performática en el Museo Nacional Bellas Artes, Gainza se vale de capítulos aleatorios de la vida de una crítica de arte para encadernarlos con cuadros y nombres del mundo del arte, como Cándido López, Alfred de Dreux, Henri Rousseau o El Greco.

Y para para la protagonista -oveja negra de una familia patricia, que abandona los privilegios de su clase- el arte se revela como sanador: lejos de la pompa, más lejos del libreto, el arte adquiere una dimensión corporal, una sensibilidad que interpela o no. "¿Cómo decía Aby Warburg? Las imágenes curan", apunta la autora en entrevista con Télam.

Antes de esta primera novela que salió en 2014, Gainza publicó "Textos elegidos" (2011) donde reúne notas y ensayos de arte argentino. Desde esos textos no volvió a publicar, pero no dejó de escribir. De hecho en octubre publicará una nueva ficción por Anagrama y, ahora, está a mitad de otro libro. "Avanzo despacio, cada tanto se abre la bruma y escribo un par de páginas, después la bruma se cierra y durante días no escribo nada", cuenta.

Si como dice la narradora de "El nervio óptico", "mal administrada, la historia del arte puede ser letal como la estricnina", la autora desarma el estereotipo de que un libro en el que se reseñan, se citan o se referencian obras de arte la solemnidad es cuota obligada. Aquí no hubo más que una única pretensión, dice Gainza: "no aburrir".

- Télam: Es un libro de crónicas que puede ser leído como una guía de museos, de obras, de referencias, como una historia familiar, ¿cómo definirías a "El nervio óptico"?
- María Gainza: No soy una escritora profesional y lo que escribo no parece entrar con comodidad en ninguna de las categorías clásicas. Supongo que se lo puede definir por lo que no es: no es novela, no es cuento no es ensayo, ni crónica. Pero en el fondo para mí son relatos que conforman una "guía caprichosa de museos". Así lo imaginé y así lo sigo entendiendo.
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