12/06/2018 opinin

El reformismo como garante de la universidad pblica

Bernardo Weber, flamante presidente de la Federación Universitaria Argentina, opinó para Télam sobre los 100 años de la reforma universitaria.

Bernardo  Weber

Por Bernardo Weber

La reforma universitaria fue uno de los acontecimientos revolucionarios más importantes en la historia argentina. Tan grande es su legado, que trascendió las fronteras de nuestro país, influyendo en toda latinoamérica y el mundo. Hoy, a cien años de este hito, todavía siguen bien altas las banderas reformistas por las que se lucharon y por las que seguimos luchando a diario.

Los héroes del 18 tuvieron éxito en sus reclamos porque pusieron el cuerpo en cada una de las marchas y huelgas realizadas para terminar con la tiranía y los abusos de las autoridades de turno. Pero también fue fundamental el contenido de su lucha. Lo concreto y racional de sus exigencias garantizo que su legado perdure durante un siglo y, seguramente, siga perdurando por muchos más.

Como consecuencia directa de esto, los estudiantes no podemos ni debemos concebir a la universidad pública como una institución ajena a la realidad social. Por el contrario, cuenta con múltiples dispositivos que las vinculan. Un ejemplo son las tareas que se desarrollan en las áreas de bienestar estudiantil, donde se les da herramientas a los alumnos para que puedan adaptarse a la vida universitaria, cursar y recibirse. Pero también mediante otros mecanismos que lamentablemente no tienen tanta visibilidad y son elementos vitales, como la investigación, generando conocimiento para el beneficio colectivo, y la extensión, acercando la comunidad académica a distintos sectores de la sociedad. Esta concepción universitaria que hoy nos parece cotidiana a los que recorremos los pasillos de las facultades, existe gracias a estos principios reformistas.

Los cambios en la manera de gestionar las universidades también fueron sustanciales. La lucha reformista logró instaurar el cogobierno, desplazando al autoritarismo eclesiástico del poder y dándole voz y voto a todos los claustros de las facultades (estudiantes, docentes, graduados y no docentes), pluralizando así la toma de decisiones. A su vez tuvo alcance a nivel administrativo, ya que se exigió y se logró la autonomía, permitiéndoles a las universidades contar con un presupuesto propio y la libertad para administrarlo, evitando que la educación pública pueda ser puesta en jaque a través de medidas económicas del gobierno de turno.

La reforma le dio vida a una educación que merece ser imitada. Por sus pasillos se formaron Favaloro, Houssay, Pérez Esquivel, Saavedra Lamas, Milstein, Leloir e innumerables profesionales que dejaron un legado para la posteridad. Gracias a esto, hoy las universidades públicas argentinas son reconocidas mundialmente, codeándose con las mejores en cada ranking a pesar de tener presupuestos por alumno cientos de veces inferior.

Estos motivos reflejan porque el Reformismo no es un simple tópico que nos agrupa como organización estudiantil. La reforma universitaria marcó un antes y un después en la manera de concebir la universidad pública. Es por eso que es nuestra responsabilidad garantizar estos principios cada vez que se quiere avasallar cualquiera de los derechos conquistados en 1918 y, al mismo tiempo, aggiornarse al contexto social en el que vivimos. Es nuestra responsabilidad seguir llenando las páginas del ideario reformista, luchando por más inclusión en las aulas, por más igualdad de oportunidades y exigiendo todos los días por una universidad pública, gratuita, laica, cogobernada y de excelencia.


(*) Presidente de la Federación Universitaria Argentina. Ex secretario general de la Regional la Plata de Franja Morada. Consejero directivo y superior del claustro estudiantil de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata.