22/03/2018 Libros

Leonardo Padura: "Le tengo miedo al envejecimiento intelectual"

Como en todas las novelas que inició Padura hace 28 años, en “La transparencia del tiempo" hace foco en la vida del detective Mario Conde, que en esta oportunidad aparece apesadumbrado por la decadencia física y el declive intelectual luego de los 60.

Por Claudia Lorenzn

En "La transparencia del tiempo", el cubano Leonardo Padura (La Habana, 1955) retoma las andanzas del detective Mario Conde, que esta vez va tras los pasos de una Virgen negra que fue robada a un viejo amigo de su juventud, pesquisa que lo llevará a dar con traficantes de obras de arte y recorrer parte de la historia de la España medieval.

La historia se inicia cuando a punto de cumplir los 60 años llega al domicilio de Conde Roberto Roque Rosell, Bobby, un ex compañero del detective que le confiesa que su oculta homosexualidad lo llevó a enamorarse de un hombre que seguramente le robó la imagen de una Virgen milagrosa que había sido de su abuelo, quien al huir de la Guerra Civil española la llevó a Cuba.

- Télam: En una sociedad de extracción comunista como la cubana donde las penas por delinquir son muy duras, ¿el delito es una práctica extendida? 
- Leonardo Padura:
En comparación con el resto de América Latina la sociedad cubana es mucho más segura. En Cuba no hay criminalidad organizada, puede ser que haya algún movimiento de droga, pero no hay estructuras de narcotráfico. Lo que ocurre es que como en Cuba hay tantas prohibiciones, muchas de las actividades que realizan las personas caen en el terreno de lo ilegal, aunque sean cosas de lo más intrascendentes. Si no tengo una licencia de trabajador por cuenta propia y tú me pides que pinte tu casa, y yo lo hago, tú y yo estamos cometiendo un delito porque estoy haciendo una actividad ilegal. Lo que sí es más complejo es la existencia de una corrupción horizontal de bajo nivel que es la que llamo corrupción de la supervivencia. El propio Raúl Castro reconoció hace unos años que el salario de las personas en Cuba no alcanza para vivir, y si vemos que en Cuba nadie se muere de hambre, de algún lado sale el resto de lo que las personas necesitan. Entonces el que trabaja en una fábrica de queso, roba y se lo vende al que hace pizza, el chofer de un automóvil del Estado saca algunos litros de gasolina y se los vende al taxista. Esas estrategias de supervivencia están muy extendidas.