16/03/2018 show

Luces, msica y circo en el debut porteo de "Amaluna" del Cirque du Soleil

El show, centrado casi absolutamente en los artes acrobáticas por sobre los malabares, apuesta en general al impacto, con delicada escenografía, pista rotante, un cuenco de agua, sogas y aparatos que bajan del techo.

Por Pedro Fernndez Moujn



El Cirque du Soleil arrancó anoche las presentaciones de su show “Amaluna” en la ciudad de Buenos Aires, con un espectáculo que remarca las últimas apuestas de la compañía de entretenimiento canadiense, donde toma cada vez mayor preponderancia el show, la musicalización y cierto juego narrativo por sobre el desafío puramente circense, aunque este tuvo números de alto poder de fuego.

Creado por Diane Paulus y protagonizado mayormente por mujeres, con una banda de rock (guitarrra, batería, bajo, teclados, cantante, chelo) femenina que acompaña todo el desarrollo del show y lo musicaliza, “Amaluna” cuenta la historia de una isla de mujeres, el día de la iniciación de la hija de la reina y cuando llegan un grupo de marineros que perdieron el rumbo, dando lugar al algunas confusiones y también el nacimiento del romance.

Basada libremente en mitos griegos y “La Tempestad” de William Shakespeare, “Aamaluna” es el espectáculo 33 de la megacompañía canadiense que viaja en simultáneo con diversos shows por el mundo, y tuvo su estreno en 2012 en Montreal, centro operativo de este emporio circense.

En Argentina se vio primero en Rosario y luego de sus shows en Buenos Aires en la carpa montada en la ex Ciudad Deportiva de Boca, donde permanece hasta el 1 de abril, se trasladará a Córdoba, para pasar más tarde por Santiago de Chile, Lima y Quito.



La presentación de anoche en la Costanera Sur, reservada para invitados y prensa, tuvo cierto clima de after hour gubernamental, con la presencia de numerosos funcionarios de primer nivel, como la vicepresidente Gabriela Michetti, los ministros Andrés Ibarra, Carolina Stanley y Sergio Berman, el ex el ex embajador en Estados Unidos Martín Lousteau con su esposa Carla Petersen (muchos con chicos), junto a conocidos personajes mediáticos como Nicole Neuman, Flavio Mendoza, Aníbal Pachano y Pamela David, entre otros.

El show, centrado casi absolutamente en los artes acrobáticas por sobre los malabares, apuesta en general al impacto, con delicada escenografía, pista rotante, un cuenco de agua, sogas y aparatos que bajan del techo, donde a veces la puesta visual asume mayor protagonismo que el truco o la destreza circense.

El comienzo es un ritual de una ejército de amazonas y luego asistimos a un breve número de dos gemelas orientales en monociclo, que bailan y hacen piruetas con música en vivo, para pasar a un segmento de aro con bailairna y contorsionista, que llega a manejar cinco aros en simultáneo, dos en cada mano y uno en las piernas, para acceder luego a un número de sogas elásticas con baile aéreo y destrezas, sin que el impacto circense y el asombro, logren todavía impactar a la audiencia, y con la sensación general de que a veces prima el mecanismo sobre el artista.

Un fuerte número de aro suspendido por una acróbata llama la atención y deslumbra desde su destreza y riesgo y, posteriormente, otro de figuras y contorsiones sobre una pequeña base (luego dos) donde la acróbata se sostiene con la mano de modos a priori materialmente imposible, levantan la temperatura “circense” del espectáculo, que pasa a un número de barras asimétricas interpretado por nueve atletas sorprendentes y con bella coreografía.

Hasta allí llega la primera parte del show de la compañía canadiense, hoy un imperio económico, que en 1992 redefinió el arte del circo con fuertes influencias posteriores, pero que en la actualidad parece alejada de las propuestas de vanguardia del arte de la carpa y la pista y parece preferir las luces del show y la música, por momentos estridente, con números de menor impacto y destreza que los de los primeros espectáculos pero que funcionan en una andamiaje visual y sonoro que toma fuerte relevancia.

En la segunda parte hay algunos números interesantes, como uno de trampolín doble, de ocho gimnastas que logran mortales, tirabuzones y otras figuras corporales en el aire mientras son impulsados al cielo por la fuerza que desprende la base opuesta de un subeybaja al que llegan desde el aire uno o dos compañeros.

Notable es el único momento de malabares, lleno de precisión y delicadeza, con una artista que realiza una demostración de imposible de equilibrio, manejando ella sola (tomando del piso con los pies mientras sostiene con las manos), 13 ramas de palmera, con las que conforma un bellísimo pájaro que solo se sostiene en un punto (que va cambiando a media que suma elementos) y primero posa en su cabeza y luego en un palo, en el momento más sosegado y uno de los más bellos de la noche.

Números de acrobacia humana, sin maquinarias, entre nueve hombres y dos jóvenes mujeres y uno de poste chino cierran el show, con un epílogo en que todos los artistas vuelven a la pista y son aclamados por el público.

“Amaluna” que está hasta el 1 de abril en la carpa de Costanera Sur , es el sexto espectáculo del Cirque du Soleil que llega a la Argentina luego de “Saltimbanco” (2006), “Alegría” (2008), “Quidam” (2010) –acaso los más recordados- “Conteo”, y “7mo Dìa, No descansaré” (2017).