27/02/2018 teatro

El Liceo Comedy prolonga una historia teatral de 146 aos

La sala más antigua de la Argentina albergó distintos géneros según las épocas y hasta estuvo en peligro de ser demolido a fines de los años 70 del siglo pasado.

Teatro Liceo cambia de nombre se convierte en el primer epicentro de la comedia

Lo que viene en lo inmediato parece ser un período de humor, comedia y stand up, que es lo que insinúa el mercado como el camino a seguir y por eso es razonable que en la presentación del renovado espacio estuvieran presentes Sebastián Wainraich, Dalia Gutmann, Jorgelina Aruzzi y Martín Pugliese, entre otros colegas dispuestos a treparse a ese escenario.

Por lo que se sabe, en ese solar de Rivadavia y Paraná, que era baldío, solía instalarse la carpa del circo Buckingham, hasta que en 1872 un empresario francés apellidado Tourneville abrió allí una coqueta sala, Eldorado, destinada a espectáculos de variedades y música para los que se llamaban "calaveras", en una frontera difusa entre el arte y la prostitución, el mismo origen que tuvo luego el Maipo, abierto en 1908.

Esa jarana tuvo freno un tiempo más tarde por las quejas de los vecinos de alcurnia y hasta por las misas de protesta celebradas por los sacerdotes de la cercana iglesia de La Piedad. Años después, ya en manos de inmigrantes italianos, se llamó Goldoni, luego Rivadavia, Moderno y finalmente Liceo (1918).

En su larga historia hubo hitos como el estreno en 1903 de "Las de Barranco", de Gregorio de Laferrere, por la compañía de Orfilia Rico, y el acatamiento de Pablo Podestá al reclamo de los autores de cobrar el 10% de la recaudación, con un aclamado agradecimiento de Carlos Mauricio Pacheco, autor de "Los disfrazados", algo que detestaba otro Podestá, Jerónimo, que compraba las obras por sumas discutibles.

Allí hubo permanencias en cartelera significativas, como las varias temporadas de "La virgencita de madera", de Ricardo Hickens, que a principios de los 30 representaron los hermanos César y Pepe Ratti; en el foyer de la sala se había colocado una réplica de la Virgen de madera que tallaba el protagonista durante la obra y el lugar se transformó en un curioso centro de peregrinación filorreligiosa.

Más cercano en el tiempo, Enrique Pinti inició en 1985 las más de 3.000 funciones de "Salsa criolla", que fue reciclando durante más de 20 años, en un escenario que habían pisado antes Angelina Pagano, Paulina Singerman, Pierina Dealessi, Josefina Díaz, Salvador Rossich, Luis Arata y Luisa Vehil y donde se estrenó para América del Sur "La verbena de la Paloma" (1894), del maestro Bretón.

Hacia 1920, en ese teatro era ley el famoso "suplicado", por el que los elencos -después de las tres funciones diarias de lunes a domingos- debían acceder a la "invitación" de los empresarios a ensayar nuevas obras, en momentos en que el cine estaba en pañales y los cambios de cartelera en los teatros eran muy frecuentes.

Por esa razón, el actor y empresario José Franco había construido en la parte alta un par de departamentos para que sus hijas Eva y Herminia -entonces "damitas jóvenes" en plena fama- no tuvieran que trasladarse para dedicarse a lo suyo.

Algún personal antiguo del teatro -gente de maestranza, maquinistas, escenógrafos- supone que muchos de quienes actuaron en el Liceo y están oficialmente muertos suelen deambular de modo fantasmal entre sus casi 600 localidades, el escenario, los camarines y los inevitables pasillos interiores; por eso evitan rigurosamente trabajar de noche.

Curiosamente, en el Teatro Liceo -ahora rebautizado Liceo Comedy- nadie afirma, como en infinidad de otras salas en el país que se empecinan en trascender, que allí haya cantado alguna vez Carlos Gardel.
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