22/02/2018 filosofa

Esteban Ierardo: "El odio digital es una de las mayores contradicciones del desarrollo tecnolgico"

Dedicada a radiografiar los modos en que la tecnología destruye la vida, la serie "Black Mirror" gana adeptos. Su trama funcionó para el filósofo como disparador de reflexiones sobre la deshumanización y la tecnodependecia.

Por Julieta Grosso

Dedicada a radiografiar los modos en que la tecnología destruye la vida, la serie "Black Mirror" gana adeptos con una trama que profundiza el componente abrumador de las distopías clásicas, para algunos replegadas al campo del entretenimiento y para otros, como el filósofo Esteban Ierardo, disparador de reflexiones sobre la deshumanización y la tecnodependecia, ejes que explora en su libro "Sociedad pantalla".


Si la ciencia ficción se caracteriza por postular escenarios hipotéticos que en muchos casos parecen lejanos e improbables, distinta es la apropiación del género que propone "Black Mirror", la serie creada por Charlie Brooker que recrea un mundo lleno de significantes reconocibles para el espectador contemporáneo: lo que difiere es la omnisciencia aplastante que adquieren los dispositivos presentados, su condición de amenaza a la supervivencia de la especie humana.

No se trata de cuestionar solo los desplazamientos de la subjetividad que proponen las redes sino de identificar y disciplinar los alcances de la revolución tecnológica. Más integrados que apocalípticos -tal cual las categorías que planteó alguna vez Umberto Eco- los habitantes del futuro cercano deberán trazar límites para no ser rehenes de un laberinto digital que obre como verdugo de sus deseos, pero también para no capitular bajo un ejército de cyborgs y máquinas supra-inteligentes.

"El horror seguirá persiguiendo al hombre a pesar de todas sus nuevas parafernalias tecnológicas", explicita el filósofo, escritor y docente Ierardo en un tramo del análisis que retoma los tópicos de la serie británica adquirida en 2016 por Netflix -que estrenó hace casi dos meses su cuarta temporada-, desde el riesgo de la hiperconectividad hasta el odio múltiple propagado en las redes y la pesadilla de una memoria implantada que obliga al recuerdo total y omnipresente.

"La religión del odio digital es quizá una de las mayores contradicciones del desarrollo tecnológico: la sofisticación técnica usada como descenso al sótano de un primitivismo emocional. Como en tantas cosas, el hombre del futuro y el del pasado mezclados en una misma y sudorosa exhalación", destaca a Télam el autor de "El agua y el trueno" y "Los dioses y las letras".

- Télam: ¿Estamos una vez más frente a la reactualización de aquella frase que popularizó Hobbes acerca del "hombre como lobo para el hombre"?
- Esteban Ierardo: El hombre no solo inventa sus aparatos, también les da un sentido. Esto es algo ancestral: siempre el homo sapiens le dio un sentido a sus prácticas y herramientas. Un hacha podí­a ser un instrumento para talar árboles y construir una vivienda o para agredir y matar. La reacción nuclear, según la decisión para su uso es, a la vez, energí­a benéfica o destrucción bélica. Hoy la decisión es optar por estar conectados todo el dí­a más allá de lo necesario -con la enajenación que esto supone- o decidir que los aparatos electrónicos sean solo una herramienta de comunicación e interacción, y no la única "conexión" con la vida. Como todo lo humano, el desarrollo técnico también es ambiguo: puede enriquecernos o empobrecernos.