10/02/2018 Entrevista

Gaby Herbstein y un recorrido fotogrfico por La Diablada: "Es una fiesta pop"

El carnaval jujeño es una de las fiestas más espectaculares del mundo gracias a la comunión de los ritos autóctonos, los elementos cristianos, sus coloridos trajes y escenarios únicos. En esta nota, la fotógrafa da pistas para recorrer y captar los mejores momentos del festejo.

La comunión entre los ritos autóctonos, los elementos cristianos, las máscaras con grandes osamentas, los coloridos disfraces con cascabeles, plumas y lentejuelas, en convivencia con personajes foráneos icónicos y en un marco natural único, convierten al carnaval humahuaqueño  en uno de los más espectaculares del mundo e inigualable para la lente del fotógrafo.

Esa celebración, que comienza con el desentierro del Coludo (el diablo) y llena los pueblos de la Puna con diablos y diablitas enfundados en majestuosos trajes con miles de lentejuelas y cascabeles que se pierden entre nubes de talco y pequeñas ramas de albahaca, sorprendió tanto a la fotógrafa Gaby Herbstein que terminó por dedicarle una muestra que puede visitarse en el CCK.

Esta celebración, que llena los pueblos de la Puna con diablos y diablitas enfundados en majestuosos trajes que se pierden entre nubes de talco y ramitas de albahaca, sorprendió tanto Herbstein que le dedicó una muestra que puede visitarse en el CCK



“No tenía idea lo que era la Diablada y me sorprendió. Me voló la cabeza porque es una manifestación increíble. Muy artística y genuina a la vez”, le dice la reconocida fotógrafa a Télam Tendencias.

Hace un año, Herbstein estaba pasando las últimas horas de un viaje a Jujuy al que había sido convocada por el gobierno local para fotografiar distintos aspectos de la provincia cuando  se topó con el comienzo de La Diablada.

Aquel espectáculo, hizo que su regreso a Buenos Aires fuera solo por unas horas, ya que volvió a Jujuy para pasar los ocho días y nueve noches de La Diablada ( ancestral danza norteña de los carnavales), vivencia que quedó plasmada en una muestra de 56 obras que puede verse en el CCK hasta el próximo 10 de marzo.     

Si bien, Herbstein asegura que todos “a través del ojo editamos y esto tiene que ver con los intereses y la búsqueda personal de cada uno”, hay claves para saber hacia dónde debe apuntar nuestra lente si nos toca la experiencia.

La naturaleza como punto de partida

 

Fotos: Gaby Herbstein
Fotos: Gaby Herbstein


En La Diablada, más allá del color, de la creatividad y del trabajo de los trajes, que demandan un gran trabajo con bordados de piedras, plumas, canutillos y cascabeles, la naturaleza es fundamental.            

La quebrada otorga un marco ideal para las fotos. La tonalidad de los cerros, el azul profundo del cielo en composé con el color de los trajes y las mascaras, matizados con la luz durante las distintas horas del días imprimen de magia y misterio las imágenes.

“Recomiendo ir sin pre conceptos. De pronto vos viste algo y yo otra cosa. Uno puede ver algo bello que lo cautivó y –en eso mismo- otra puede ver algo feo”, recalca Herbstein.

Encontrar el contraste

 

Fotos: Gaby Herbstein
Fotos: Gaby Herbstein


Esto va más allá de la luz, del color, de lo bello y de lo que puede resultar defectuoso.

Un claro ejemplo es el que captó la lente de Herbstein, en el que se ve un traje masculino, bordado con lentejuelas, cintas, piedras y espejos, en una percha colgada del picaporte de una puerta blanca (nada inmaculada), contenida por paredes a medio terminar.

Este traje, listo, impecable y terminado, que demandó horas, días y meses de trabajo, aguarda su gran momento para salir a escena, contenido en paredes aún por terminar, en una escena singularmente bella.     

“La Diablada te muestra claramente esa cosmovisión andina por compartir los alimentos y festejar. De pronto estás en la calle y aparecen comparsas de 300 personas bailando”

Gaby Herbstein


“La Diablada te muestra claramente esa cosmovisión andina por compartir los alimentos y festejar. De pronto estás en la calle y aparecen comparsas de 300 personas bailando”, describe Gaby.

Levantar la vista para ver más allá

 


La música de los erkenchos, las anatas, los charangos y los bombos, que acompañan la danza de las comparsas, cuyo paso termina envuelto en nubes de talco y lluvia de espuma, pueden desviar la atención de lo que ocurre en lo alto del cerro o en dentro de las casas que se abren al visitante para compartir la comida.

Esa mirada hacia lo alto, nos permitirá llevar la lente de la cámara hacia cientos de diablos y diablitos que invaden los cerros que levantan los brazos tan alto como los cuernos y plumas de sus gorros.              

“Los elementos del cristianismo, el culto a la Pachamama y disfraces de Hello Kitty o de los Power Rangers, convierten a la Diablada en una fiesta pop. La mixtura te parte la cabeza”, enfatiza la fotógrafa.

Fusión de culturas

 


Fotos: Gaby Herbstein
Fotos: Gaby Herbstein


La Diablada ofrece como ningún otro la oportunidad  de captar el contraste de ritos milenarios andinos con los gustos más terrenales y actuales.

“Los elementos del cristianismo, el culto a la Pachamama y disfraces de Hello Kitty o de los Power Rangers, convierten a la Diablada en una fiesta pop. La mixtura te parte la cabeza”

Herbstein


Así es como debajo de los trajes que lleva una elegante pareja, que baila al ritmo del charango, pueden verse las zapatillas deportivas en composé, o cómo los destellos de una lata de cerveza dorada de un Diablo Mayor brilla a tono con los espejos y plumas de su imponente gorro.

La emoción, la sorpresa y cultura serán fundamentales para dotar de alma las fotos de La Diablada

  

Fotos: Gaby Herbstein
Fotos: Gaby Herbstein


"Intenté transmitir mi orgullo, emoción y sorpresa. Y también la cultura. La manifestación espontánea de la gente”, define Herbestien.

Así, tras ocho días y 9 noches, el diablo volverá a ser enterrado hasta el próximo año y la alegría dará lugar a las lagrimas de la gente, una buena ocasión para apuntar por última vez y hacer, tal vez, la mejor de nuestras fotos.