23/12/2017 libro

Corea: al sur y al norte, dos naciones unidas por diferencias y similitudes que estremecen

Los periodistas Daniel Wizenberg y Julián Varsavsky abordan en el libro "Corea -dos caras extremas de una misma Nación-" sus experiencias personales en Corea del Norte y Corea del Sur.

Por Claudia Lorenzn



Los periodistas Daniel Wizenberg y Julián Varsavsky abordan en el libro "Corea -dos caras extremas de una misma Nación-" sus experiencias personales en Corea del Norte y Corea del Sur, dos países que se caracterizan por sistemas políticos y sociales muy distintos, pero en los que subyace una cultura basada en la opresión y la obediencia, forjadas desde un militarismo extremo, que al mismo tiempo los acerca.

Así como en Corea del Norte un seudocomunismo -denominado juche- propugna la sacralización y obediencia al líder, en Corea del Sur el capitalismo tecnocrático se centra en una exigencia sobre el estudio y el trabajo, que provoca altísimos niveles de estrés, explotación y suicidios tanto de niños como adultos. 

Wizenberg, que es politólogo y periodista, viajó a Corea del Norte y Varsavsky, que es fotógrafo y documentalista, visitó Corea del Sur. Se conocieron al regresar y decidieron escribir un libro, que fue publicado por ediciones Continente y sobre el que hablaron en entrevista con Télam.

Mientras en el relato de Wizenberg predominan hechos relacionados con la falta de libertades en el país del Norte, Varsavsky estremece con la descripción del modelo sociocultural al que adhiere la población en forma de sometimiento: un sistema educativo memorístico en el que los niños deben descollar para acceder de adultos a una formación universitaria que les permita ingresar a empresas como Samsung, donde trabajarán a destajo, por un sueldo no muy elevado para pagar la educación de sus hijos.  

- T: ¿Si pudieran nombrar qué fue lo que más los sorprendió de las experiencias en Corea del Norte y del Sur, cuáles mencionarían?
- J.V.: Me impactó mucho la pareja que crió una niña digital y a la que se le murió su hija de carne y hueso, de hambre. Si bien no hay que tomar esta experiencia como algo generalizado, sino como algo particular, es sintomático que ocurra en Corea del Sur. Que le den más tiempo y dedicación a una niña que no existe y se olviden de la suya es muy impresionante. Esto fue lo que más me impactó: el nivel de negación, porque esos padres no sentían culpa, no eran muy conscientes de que se les había muerto un ser humano. Son personas que quedan atrapadas a mitad de camino entre la realidad física y virtual.
- D.W.: En mi caso, me sorprendió el acceso de los norcoreanos a determinados bienes como la tecnología. Pretenden tener en el Museo de las Ciencias una capacidad tecnológica del primer mundo en un contexto de un país muy gris, ya que cuando llegás a Corea del Norte es como sumergirte en una novela de George Orwell. Y sin embargo aparecen esos espacios que ambicionan conexión con el mundo desde una muralla que los aísla. Pero cuando ahondás un poco más te das cuenta por ejemplo de que el Internet que tienen es una intranet, o sea que toda la información es filtrada por el Estado y puesta off line, no en conexión con el mundo.