22/12/2017 literatura

Daniel Guebel: "Las series de TV son el hijo bobo de un libro como 'Las mil y una noches'"

En su último libro, “Tres visiones de Las mil y una noches”, el escritor reúne una tríada de relatos que se embeben del orientalismo -un tema que lo convoca desde hace tiempo- y que revisitan esa clásica obra a partir de un artilugio narrativo que le permite revertir el mito y postular una suerte de reescritura ficticia a lo que podrían ser los textos originales.

Por Milena Heinrich

Los tres relatos publicados por Eterna Cadencia -dos inéditos, “Las noches de Shahryar” y “Problemas de exotismo”, y el otro “Los padres de Sherezade”, que dio título a un libro de cuentos- recuperan ese “asunto obsesivo” que es para Daniel Guebel (Buenos Aires, 1956) el orientalismo y configuran una trama hilvanada por la recopilación literaria más icónica, en términos occidentales, de Oriente: “Las mil y una noches”.


En realidad, lo que Guebel (distinguido en octubre último con el premio de la Academia Argentina de Letras por su novela “El absoluto”) retoma aquí es la estructura narrativa para proponer una nueva forma. Por ejemplo, en el primer texto, “Las noches de Shahryar”, la Sherezade del autor en vez de contar historias para sobrevivir, la salvación que le permite escapar es la práctica de sexo oral.

Al mismo tiempo, este escritor, editor, guionista y dramaturgo lo que propone en los otros dos relatos son posibilidades y lecturas históricas sobre el orientalismo y los orígenes de esa obra, que le permiten indagar en otros temas, como que bajo la idea del proteccionismo Occidente explota a Oriente.

- Télam: ¿Cómo aparece tu interés por lo oriental?
- Daniel Guebel: No hay un por qué, hay tópicos de la infancia que están clavados en el psiquismo de un autor y en el fondo sus ampliaciones constituyen su universo narrativo. Borges contaba que en una lata de galletitas había encontrado la imagen del infinito, que es el asunto de algunos de sus mejores textos. Yo en mi infancia me acuerdo de una reproducción falsamente oriental colgada en la pared, recuerdo que había un plato sopero de porcelana y en el fondo había un chinito, y mi madre tomaba clases de ikebana, dentro del seno de una familia de clase media baja de los suburbios. Mi Oriente viene de allí, y luego de las lecturas.