05/12/2017 opinin

Las transformaciones de la industria y el sector pesquero argentino

El sector de la pesca y la industria que la acompaña tiene sus particularidades. Resulta interesante analizar más allá de las crisis del sector, la transformación operada en una actividad que se desarrolló para la exportación y desde hace muchos años aporta sustanciales divisas al país. Al respecto opinó para Télam el Ingeniero Ricardo Boeri, coordinador de Desarrollo y Transferencia de Tecnología del INTI-Mar del Plata.

Ricardo  Boeri

Por Ricardo Boeri

Dejando de lado los factores que priman en los análisis de coyuntura de la industria pesquera, -tales como la importancia del tipo de cambio, el precio del combustible, los reintegros a las exportaciones, las retribuciones y costos de la mano de obra y el acceso a los recursos- resulta interesante analizar las transformaciones de largo plazo que han ocurrido en la actividad y en los recursos pesqueros.

La evolución de la industria de los productos de la pesca ha sido la consecuencia del crecimiento, crisis y actualidad de la pesquería argentina, su fuente principal de materias primas. Revisando la historia de esta pesquería en el siglo 20, puede verse que la flota pesquera pasó de desembarcar menos de 100 mil toneladas al año durante la primera mitad del período, al record de 1,35 millones de toneladas en 1997.

En las últimas cuatro décadas de ese siglo, tanto la flota como la industria salieron de un período de crecimiento moderado en el que se abastecía al mercado interno desde Mar del Plata para pasar a una fase de crecimiento exponencial empujada por el desarrollo de la exportación que explotó en los años 70. El éxito de las ventas al exterior hizo que se multiplicaran las apuestas de inversión orientadas a lograr mayor volumen y participación en el negocio, lo que se tradujo en buques y plantas cada vez más grandes y operaciones que se extendieron al sur del país.

Mientras el recurso natural soportó la presión, se apuntó a la cantidad; la calidad no sufría demasiado porque las flotas capturaban rápido y cerca de los apostaderos. Las tecnologías eran lo más simple posible y las operaciones, mano de obra intensivas.

Como resultado, los productos eran commodities que se reelaboraban en los países de destino.

Ya sobre el fin del siglo, aunque aumentaban las capturas, el mayor incremento de la capacidad de producción determinó que hubiera escasez de materia prima y de mano de obra calificada, especialmente en el sur del país.

La competencia y búsqueda de eficiencia fue imponiendo la mecanización y la adopción de tecnología tanto en los buques como en las plantas. Comenzaron a ser importantes los rendimientos y el cuidado de la calidad del pescado ya que los barcos tenían que trasladarse a mayores distancias y tardaban más en completar su carga. Se hicieron presentes los buques factoría congeladores, las clasificadoras automáticas y otros equipamientos y formas de organización de la producción destinadas a mejorar la productividad y los rendimientos.

En consonancia con las tendencias de los grandes mercados de América del Norte y Europa, hubo una línea de desarrollo de platos listos para calentar y consumir, productos de gran valor agregado que, más o menos, rápidamente fueron retirados del mercado, también en consonancia con lo que pasó en los mercados que los inspiraron.

Muy resumidamente la razón del fracaso general de esta iniciativa fue que los costos de elaboración no fueron compensados con los precios que los mercados estaban dispuestos a pagar. Entre los pormenores del caso local puede mencionarse que buena parte del valor que se agregó fue importado y que los mercados consumidores de estos productos naturalmente privilegiaron su elaboración en plantas ubicadas en sus propios territorios.

Sobre el final del siglo fue evidente una depuración del sector, que precipitó la desaparición de los grandes proyectos, algunos de los cuales lo hicieron sin llegar realmente a operar en la capacidad planificada.

Volviendo a las estadísticas de la pesquería ya en el presente siglo, sólo en 2006 se superó apenas el millón de toneladas desembarcadas; hasta el presente los números se estabilizaron en poco más de 700 mil toneladas, prácticamente la mitad del récord de 1997.

El reconocimiento de que la crisis de los recursos había llegado para quedarse, condujo al establecimiento de un sistema de manejo más rígido con el establecimiento del régimen de administración pesquera por cuotas individuales transferibles de captura que se implementó a partir de 2009.

Al ser imposible aumentar la disponibilidad de las especies tradicionales, en un esfuerzo por lograr continuidad en la producción, se incorporó tecnología y desarrollado en procesos para incorporar otras materias primas. Ejemplo de ello son el aprovechamiento de descartes, la explotación de nuevas especies, mediante la importación de pescados semielaborados, o el agregado de materias primas de origen no pesquero al pescado, tal como ocurre, como caso más notorio, en los productos empanizados.

Llegando aún más allá, muchas plantas incorporaron líneas de productos no pesqueros con lo cuál tienen en su oferta, por ejemplo, productos elaborados de pescado, de pescado con vegetales, de pollo, de pollo con vegetales, e inclusive productos enteramente vegetales como medallones de soja. Las líneas de valor agregado moderaron sus expectativas y quedaron como objetivos los productos más sencillos, formados y empanados y algunas mezclas para cazuela, que fueron los más aceptados por los consumidores.

Es interesante destacar que las especies insignia de la pesquería pasaron de ser la merluza y el abadejo en los primeros tiempos, al langostino en la actualidad. Los primeros son predadores que se ubican cerca de la cúspide de la pirámide alimentaria en el mar, mientras que los langostinos están claramente en un nivel inferior. Puede especularse que la presión sobre los predadores naturales dio lugar al aumento de los stocks de langostinos con la buena fortuna para el sector y para el país de que el precio de los langostinos es relativamente alto y tiende a compensar, en el balance económico, la caída de los volúmenes desembarcados.

Hace 60 años que el INTI viene trabajando con todos los sectores de la industria nacional. Hoy, el Centro INTI-Mar del Plata, -que de hecho fue creado como Centro de Investigaciones de Tecnología Pesquera, en los años 70, década del despegue de la industria pesquera-, viene acompañado las transformaciones del sector con aportes al desarrollo de tecnología, capacitación y servicios.

Al mismo tiempo que la industria que se describió se ha diversificado, INTI-Mar del Plata ha ampliado sus alcances técnicos transformándose en un centro regional que atiende demandas de la industria, en general, tanto de alimentos como de otros sectores, como por ejemplo el metalmecánico.

Las líneas de trabajo actuales no sólo cubren la investigación, el desarrollo y transferencia de tecnologías de procesos y productos, sino también los servicios relacionados con la calidad y la metrología, la gestión ambiental y las tecnologías de gestión para la mejora de la productividad industrial.

Como reflexión final, resulta importante destacar que la industria pesquera, frente a la limitación que impone el recurso, debería continuar incorporando otras materias primas para transformarse en industria de alimentos; y en el camino hacia esa dirección adoptar tecnologías destinadas a incrementar su eficiencia y la continuidad de las operaciones, que resultan imprescindibles para su sostenibilidad.



(*) Coordinador de Desarrollo y Transferencia de Tecnología del INTI-Mar del Plata.

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