01/12/2017 opinin

Ftbol, jvenes y selecciones: si no hay amor, que no haya nada

El fútbol argentino conquistó hace unos días, de forma invicta y por primera vez, el Campeonato Sudamericano sub'15 al derrotar de remontada por 3-2 a Brasil en la final jugada en la ciudad de San Juan. Sobre el futuro de las selecciones juveniles de fútbol opinaron para Télam el doctor en Comunicación, Juan Branz; el sociólogo Diego Murzi, vicepresidente ONG Salvemos al Fútbol, y el antropólogo Federico Czesli.

Diego Murzi

Por Diego Murzi

Por Dr. Juan Branz (*), Mg. Diego Murzi (**) y Mg. Federico Czesli (***)

Hace cuatro meses se produjo una renovación en los cuerpos técnicos encargados de las selecciones juveniles argentinas de fútbol. El actual grupo de formadores es un ensamble entre los entrenadores y preparadores físicos presentados por Verón (Hermes Desio, Alejandro Sagesse y Luis Martín) y el proyecto orientado por ex futbolistas de Selección Nacional (Placente, Aimar, Scaloni, entre otros). Pese a lo reciente de la nueva gestión, hay señales para pensar que esa mezcla puede funcionar: Argentina logró, por primera vez, un campeonato sudamericano sub 15. La fórmula exhibe una mixtura entre la rigurosidad de los profesionales que vienen de Estudiantes de la Plata, y lo que podríamos denominar como el "post pekermanismo". Jugadores formados por Néstor Pekerman, conocedores de la cultura de Selecciones, que acumulan un capital cultural e intelectual mayor al de la media de los formadores de jóvenes en Argentina.

Hoy hay al mando de nuestras jóvenes promesas un grupo de entrenadores formados, apoyados en herramientas pedagógicas del campo de la enseñanza, que revalorizan –nada más y nada menos- al juego y a la recreación como elementos centrales del proceso de socialización de jóvenes que atraviesan una carrera intensa e incierta hacia el profesionalismo.

Esto no es tendencia en la formación de jóvenes en Argentina. Es una excepción. Tener la capacidad de recuperar un espacio para que los juveniles compitan dentro de la lógica del goce y la alegría, no es habitual en las estructuras formativas que contienen a los chicos en nuestro país. Despegar la participación en un certamen deportivo de la noción de éxito, imperante entre los diversos actores del fútbol no es algo menor. Hoy los jóvenes futbolistas son concebidos mayoritariamente como mercancías, de uso y de cambio. Imaginar otros objetivos y poder competir eximiendo a esos jóvenes de la vorágine del éxito como único valor, es algo meritorio. Pablo Aimar, como uno de los responsables del grupo, lo dijo bien claro: "nuestro trabajo es lograr que los chicos sean mejores que hace cuatro meses. Pero no sólo mejores deportivamente. Que disfruten, que se rían y que se diviertan". Bases centrales del juego y la recreación.

Varios antecedentes de este proceso pueden encontrarse en el trabajo llevado a cabo por Desio y sus colegas en Estudiantes de la Plata, donde se intentaba pensar a la formación desde un enfoque integral, cruzando las dimensiones sociales, culturales y pedagógicas con la deportiva. La presencia de un equipo de trabajadores sociales que acompañan la vida cotidiana de los jugadores, o la creación del primer bachillerato para jóvenes futbolistas en Argentina, son ejemplos de esa matriz en el club platense. Se trata de elementos clave para pensar en otra noción de éxito que circule por los clubes. Lo estrictamente deportivo deja de ser exclusivamente deportivo cuando se habla de la formación de futbolistas, porque en definitiva los clubes gestionan la gran parte de la vida de sus juveniles, operando en las dimensiones educativa, social, psicológica, emocional, económica y médica. La formación y las huellas de una institución deben ser especialmente diseñadas si se pretende colaborar y acompañar los procesos formativos de jóvenes que, en la mayoría de los casos, atraviesan situaciones de vulnerabilidades múltiples. Los clubes y la AFA asumen un gran desafío en el momento en que se abogan esa responsabilidad.

A las instituciones las moldean históricamente los sujetos que transitan por ellas. Y hoy hallamos dos signos que permiten pensar en una diferencia con la etapa de Grondona (hijo) en las selecciones juveniles: el mensaje de Aimar nombrado más arriba, y el gesto de Desio y Placente al entregarle sus medallas de campeones a jugadores que no participaron del certamen, pero que integraron la plantilla victoriosa. Valores y ética de formadores. Lo colectivo y lo comunitario, antes que lo individual. No sólo Pekerman formó a esta camada de nuevos entrenadores: Marcelo Bielsa contó con ellos en selecciones mayores. Los procesos y el encuentro con diversas experiencias de aprendizaje marcan el camino y disponen las herramientas con las cuales, luego, se asumirá una matriz de trabajo y, más aún, una mirada del mundo.

Si estamos escribiendo esto, no se debe solamente a que Argentina salió campeón del Sudamericano Sub-15. Seguimos sosteniendo que el éxito no es el valor central cuando se trata de fútbol formativo. Lo hacemos porque hace más de tres años que compartimos talleres y charlas sobre discriminación, violencias y masculinidades con jóvenes de la misma edad de los campeones, en clubes profesionales del fútbol argentino. Y encontramos en esta nueva conducción ciertas ideas y valores que nos permiten esperanzarnos, en el camino hacia un modelo ideal de formación de futbolistas donde la dimensión deportiva deje de estar divorciada de la dimensión social, psicológica y cultural.


(*) Doctor en Comunicación - CONICET/UNSAM UNLP.

(**) Sociólogo - CONICET/UNSAM - Vicepresidente ONG Salvemos al Futbol.

(***) Antropólogo – UNSAM.




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