30/11/2017 Opinin

Un logro trascendente para superar las grietas de la sociedad

El Senado aprobó ayer los proyectos fiscales acordados con gobernadores. Se trata del Consenso Fiscal y de la ley de Responsabilidad Fiscal, dos iniciativas del paquete de reformas que apuntan a reducir impuestos distorsivos, congelar los gastos de las provincias y renunciar a las demandas por deudas contra la Nación. Al respecto opinó para Télam el senador nacional por Chaco, Angel Rozas, presidente del bloque de la UCR.

Angel  Rozas

Por Angel Rozas

La ratificación por el Congreso del Consenso Fiscal, tiende a resolver problemas que el país arrastra durante mucho tiempo, apuntando a enfrentar por una parte el abultado y crónico déficit público y por la otra a crear incentivos para la inversión y el desarrollo del sector privado de la economía.

Es además un intento serio de ir terminando con la arbitrariedad que ha significado la concentración de poder y las acciones de gobierno sujetas a prioridades políticas de corto plazo, que han limitado la posibilidad de planeamiento que nuestro país necesita.

A todas luces es un buen acuerdo, que aprovecha oportunamente el contexto actual para poner en marcha un nuevo proceso socio económico en el país. De allí toda la potencialidad política de este acuerdo, que nace de la convergencia entre lo coyuntural y lo estructural, es decir, la oportunidad del cambio puesta en acto para resolver problemas de la estructura económica y social.

El Consenso Fiscal va en la dirección correcta de no lesionar el federalismo, ya que no obliga a las Provincias a que resignen recursos, como se hacía siempre en todos los pactos fiscales anteriores. 

También este Consenso Fiscal marca un avance notable en la equidad, para resolver la deuda con el Fondo del Conurbano, buscando acordar políticamente una solución integral y realista de los conflictos judiciales de las Provincias con la Nación.

Por cierto, el objetivo de disminuir el déficit fiscal está presente en todo el entramado jurídico del acuerdo, lo que no podía ser de otra manera, pero tiene el sesgo gradualista que las circunstancias exigen, con más y mejores normas que mejoran la relación Nación Provincias y ordenan la gestión económica y social del país, a la vez que garantizan adecuadas compensaciones a las Provincias.

A la par del objetivo de reducir el déficit fiscal, - que está siempre asociado a nuestras crisis económicas y sociales-, este pacto marca un decidido impulso para implementar políticas tributarias destinadas a promover el aumento de la tasa de inversión y del empleo privado, estableciendo niveles de imposición acordes con un desarrollo más competitivo de la producción, el comercio y las diversas actividades económicas.

En definitiva este Consenso Fiscal le devuelve relevancia a la política en cuanto hace más gobernable al país.

Nos previene y ayuda para evitar nuevas frustraciones o fracasos económicos, a la vez que alumbra la esperanza de aumentar la competitividad de la economía y el nivel de inversiones para nuestro desarrollo.

La magnitud de los recursos administrados por el sector público frente al desempeño del sector privado de la economía, nos obliga, hoy en día, a pensar en la enorme responsabilidad del déficit y en la necesidad de obtener mejores resultados, cuando a pesar del volumen del gasto, la pobreza en nuestro país sigue afectando a casi el 30 % de la población.

Frente a ello este acuerdo fiscal muestra la voluntad política de la Nación y de las provincias para equilibrar las cuentas públicas y poner más racionalidad en la evolución del gasto público, que son desafíos ineludibles a encarar, con un conjunto de políticas, para potenciar la economía nacional. 

Por cierto esa voluntad política de acotar el déficit fiscal no significa renunciar a mejorar la distribución social y territorial del ingreso, ni deja de reconocer que reducir el déficit es una condición necesaria, pero no suficiente, para emprender el cambio en el camino del desarrollo.

Este acuerdo tiene además el realismo de reconocer que no hay en la República un poder absoluto; el poder está cada vez más repartido en la Argentina y en el mundo, donde parece cada vez más horizontalizado. 

De tal manera podemos decir que este Consenso Fiscal está a tono con el desafío actual de la política de desarrollar una racionalidad estratégica, que no choque con la evolución de una sociedad que va cada vez a velocidad más acelerada.

La construcción de políticas de consenso nos trae a la memoria algunas reflexiones de Félix Luna sobre los conflictos y armonías en la Historia Argentina, donde nos recordaba que toda Nación es un plebiscito cotidiano y que ese plebiscito solo puede expresarse en el reconocimiento de la validez del otro, del ajeno, del adversario.

No hay que temer a los conflictos, hay que tratar, eso sí, que no se descontrolen. 

Pero vivir solo de enfrentamientos es imposible. Hay momentos en que toda sociedad reclama un remanso de paz y de fraternidad, en que pueden darse confrontaciones civilizadas o acuerdos honorables, donde la sociedad se percibe en un contenido de armonías y lenguajes, costumbres y gestos. Y este parece ser uno de esos momentos.

Salvando las distancias hay que valorar el gesto político que hoy vivimos, con este Consenso Fiscal, como parte de esa sabiduría social que consiste en dosificar los conflictos y administrar los acuerdos para que sean provechosos a través del tiempo. Dios quiera que así sea para el bien de todos los argentinos.

(*) Senador nacional por Chaco. Presidente del Bloque UCR.