26/11/2017 Pakistn

Tras una sangrienta represin, los islamistas bloquean Islamabad

Miles de islamsitas bloquean los ingresos de la capital paquistaní en rechazo de la decisión del Parlamento de modificar el texto de las juras de funcionarios públicos, que incluye al profeta Mahoma.

El punto máximo de la tensión y la violencia de las últimas semanas se vivió el sábado en Islamabad cuando 5.500 policías avanzaron con balas de goma, gases lacrimógenos y camiones hidrantes sobre los manifestantes, que respondieron con piedras y granadas y devolviendo los gases, según informó la Policía, citada por la agencia de noticias EFE. En un primer momento, los manifestantes islamistas se replegaron para evitar la represión, pero poco después volvieron. La confrontación no para de escalar y ya se cobró seis muertos y cientos de heridos


Este domingo las fuerzas de seguridad intentaron volver a avanzar sobre los manifestantes, pero ante la certeza de que volvería a correr sangre, el gobierno finalmente ordenó que abortaran el operativo y el conflicto se congeló a la espera de nuevas decisiones oficiales. 



Los manifestantes son seguidores de clérigo Khadim Hussain Rizvi, del partido Tehreek-e-Labbaik Pakistán, una fuerza islamistas conservadora, con buenos vínculos con grupos armados yihadistas de la región, entre ellos los talibanes. Pese a esta pertenencia política, los manifestantes reiteraron este domingo ante la prensa internacional que su reclamo no era ideológico, sino puramente religioso. 

Cuál fue el detonante del conflicto
El 2 de octubre el Parlamento d Pakistán aprobóa una reforma de la ley electoral en la que se cambió el enunciado del juramento de los cargos públicos de "Yo creo" a "Yo juro" que Mahoma es el último profeta del islam, lo que ya ha sido eliminado.


El clérigo Khadim Hussain Rizv y sus seguidores comenzaron la protesta hace 19 días y exigen la dimisión del ministro de Justicia y que sean castigados los responsables del cambio en la ley, que consideran un acto de blasfemia, una peligrosa cuestión en Pakistán, donde este delito se puede llegar a pagar con la vida, aunque nunca se ha ejecutado a nadie por ello, y donde se han producido linchamientos de turbas por ese motivo.