12/11/2017 Historia

Hace 45 aos Pern volvi del exilio

Santiago Senén González

Santiago Senn Gonzlez

Por Santiago Senn Gonzlez

Por Santiago Senén González (*)            

El  próximo viernes 17 se cumple el 45  aniversario del regreso de Juan Domingo  Perón a la Argentina tras su largo exilio en 1955

El gobierno del teniente  general  (el mismo rango militar que se devolvería al ex presidente Perón) Alejandro Agustín Lanusse permitió su regreso. Este se realizó con un impresionante operativo de seguridad pero no se registraron graves incidentes.

Hubo multitudes que  quisieron vivarlo pero no  pudieron llegar a Ezeiza, lo que evitó que se registraran hechos de violencia como ocurrió un año después en su regreso definitivo. En aquella oportunidad se enfrentaron dos tendencias de su movimiento, una de las cuales –la contestataria- sería expulsada un año después de sus filas. Esa jornada -la del 17 de noviembre- se institucionalizó como “Día del Militante”.

Alrededor de 1.500 periodistas de medios locales y extranjeros  en el país cubrieron la llegada del líder político. El autor de esta crónica, en la oportunidad acompañado por el dirigente del gremio de los pasteleros, Alfredo Maldonado, estuvo en el Aeropuerto de Ezeiza ese día. Las autoridades habían entregaron 300 credenciales a miembros del Justicialismo y, de otros partidos, dirigentes sindicales y periodistas acreditados en el Gobierno que, junto al Comité de Recepción, estaban en la estación aérea.

Un colega, Miguel Angel Barrau, quién integraba nuestro equipo de la Mesa Redonda de Radio Splendid y trabajaba en el noticiero de Radio Mitre, viajaba en el Douglas DC 8 de Alitalia, el “Giuseppe Verdi” que trajo a Perón desde Roma. Algunas de sus impresiones las comentó con  nosotros y otras las dejó escritas en un libro “Historia del Regreso”.

Barrau tenía vinculaciones con la Aeronáutica y por ello estuvo en parte del viaje en la cabina del piloto, el comodoro Arturo Pons Bedoya,  organizador del mismo.

Dos días después de su regreso a la Argentina el ex presidente tuvo el abrazo histórico con el caudillo radical y viejo adversario Ricardo Balbín. Luego asistió a una reunión multipartidaria en la mítica confitería “Nino” de Vicente López.

Antes había manifestado: “con mi viaje espero llevar paz a la República Argentina. Este es mi objetivo. Si algunos rencores que han podido generarse en la evolución de la situación política existen, deberán ser limados y resueltos para el bien del país.”

El viaje y su arribo al país


La tradicional marcha “Los Muchachos Peronistas” fue entonada por el pasaje  dde aquel avión que trajo de regreso a Perón, integrado por destacadas mujeres y hombres de todas las actividades de las artes como de ciencias argentina y entre ellos de quien la hizo famosa: Hugo del Carril.

Perón, sonriendo, dijo cuando el avión estaba aterrizar:  “Yo les pido que de ahora en adelante y cuando aterricemos en el suelo de la patria, no se entone otra canción que no sea el Himno Nacional”.

Habían pasado 17 años y 52 días desde aquél en que el Capitán Leo Norward, piloto del presidente Stroessner, utilizando toda la potencia de los motores del viejo Catalina, del T 29 de la Fuerza Aérea Paraguaya, lograra desprender su fuselaje de las aguas encrespadas del río, hacerlo ascender, iniciar el largo periplo en el que se consumiría el no menos largo exilio de Juan Domingo Perón.

Acompañado por su esposa, María Estela Martínez de Perón, su secretario privado, José López Rega, y su delegado personal  Héctor J. Cámpora, el ex presidente -exactamente a las 11 y veinte minutos-, pisó suelo argentino.

Cuatro automóviles de custodia precedían, flanqueaban y cerraban su marcha. El auto se detuvo. Se abrió la puerta del vehículo y Perón descendió a la lluvia y al vitoreo de sus simpatizantes. Sus brazos se alzaron en el clásico saludo. José Rucci y Juan Manuel Abal Medina, secretarios de la C.G.T. y del Partido Justicialista ingresaron a la pista.

El titular de la central sindical llevaba un paraguas y, con él, protegió a Perón de la inclemencia del tiempo. Esta toma de Rucci (asesinado  un año después presumiblemente por el sectores denominado “Montoneros”) es el “icono” de su llegada y recorrió el mundo En un automóvil blanco cubrió el camino que llevó al  Hotel Internacional de Ezeiza.

    (*)  Periodista e Historiador