26/10/2017 fotografa

Una muestra, un libro de fotos y un diario ntimo: Adriana Lestido y las imgenes de su experiencia en la Antrtida

"Antártida negra" da título a un libro de Adriana Lestido compuesto por 50 fotos que tomó durante un mes y medio en el Polo Sur, a la exposición que inauguró en la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, y a "Los diarios" que escribió durante esa experiencia que comenzó con la idea de encontrar "el blanco absoluto".

Por Dolores Pruneda Paz



La muestra, que podrá verse hasta el 21 de enero -de martes a domingos de 12 a 20- en el edificio de Olga Cossettini 141 (CABA), frente al canal de Puerto Madero, es uno de los vértices que sostiene la faceta expositiva del trabajo iniciado hace cinco años por Lestido (1955, Buenos Aires), cuando imaginó la posibilidad de ir a la Antártida. Los otros dos emergentes del trabajo son un cuidado libro fotográfico que publica Capital Intelectual, con apoyo de la ley de mecenazgo porteño, y el diario personal de aquella aventura, distribuido por Tusquets.

Este tríptico es un compendio en diferentes lenguajes sobre una misma experiencia: un viaje al fin del mundo que iba a ser de 20 días y duró un mes y medio; que iba a hacerse en enero con sol sobre el hielo blanco de la Base Esperanza y terminó siendo en febrero, con mal tiempo, sobre la roca negra de la isla volcánica Decepción, donde la nieve se derrite a pesar del frío polar.

- Télam: Más allá de Werner Herzog, profusamente nombrado en los diarios, ¿qué influencias tuvo este trabajo?
- Adriana Lestido: Lo que a una le llega siempre ejerce una influencia, por más que a veces no sea muy consciente de eso. Hay en la muestra una parte de imágenes más abstractas y una de ellas es un poco de la familia de Minor White. Me interesa su camino, que es más espiritual. Para mí se trata de ver lo que está más allá de lo aparente, que la idea inicial me abra a otra cosa u otro conocimiento. La imagen de esto es lo que pasa con algunos fotógrafos ciegos, con uno sobre todo, Paco el grande, que solo puede ver en dos dimensiones y con determinada luz, entonces recién cuando revela puede ver lo que percibió. El impulso creativo sale de un lugar oscuro que se necesita develar y el ojo es un sentido muy tirano pero se percibe con todo el cuerpo, que siempre registra más allá de lo que se ve.

-T: La Antártida, en su inmensidad claustrofóbica y su clima inclemente puede sentirse carcelaria ¿Por qué deseó realizar ese viaje?
-A.L.: Quizás tenga que ver con la necesidad de libertad. Para mí la expresión tiene que ver con liberarme de oscuridades que me traban o quitan apertura; y lo loco de la Antártida es que fue lo más parecido que viví a una cárcel. Estábamos en una isla, dependiendo del permiso y supervisión de militares para movernos, con infinidad de problemas de logística y el clima condicionando todo, todo el tiempo. La habitación donde parábamos parecía un celda tumbera: dormíamos cinco mujeres ahí y de día se instalaban dos varones más porque su habitación era muy pequeñita. Era nuestra sala de estar y trabajar, estaba cruzada por sogas colgando que usábamos para secar la ropa y como perchero. Sin embargo me sentí más libre que nunca. No tener internet ni señal de teléfono, hacer solo un llamado por radio por semana fue al principio angustiante pero después fue muy liberador. Sólo se trataba de ser flexible ante una situación que cambiaba todo el tiempo y que no tenia nada que ver con lo que había imaginado. La Antártida es lo imprevisible, puede estar el cielo despejado y azul y cinco minutos después no se ve ni a diez metros, y eso es un aprendizaje vital enorme.
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