26/10/2017 En el Museo Nacional de Bellas Artes

Miró mira Buenos Aires…

Es la primera vez que las obras del artista catalán se exhiben a solas. La muestra “Miró: la experiencia de mirar” se centra en el trabajo del surrealista durante las dos últimas décadas de su vida y reúne 50 obras de la colección del Museo Reina Sofía. Puede visitarse hasta el 25 de febrero de 2018.



El Pabellón de Exposiciones temporarias del museo se despliega al espectador como un recorrido onírico y sugestivo alrededor de la obra de este artista, 18 pinturas, algunas de grandes formatos, que remiten a sus icónicas imágenes de colores nítidos y morfologías particulares, seis dibujos, y unas 26 esculturas que constituyen “la parte menos conocida de su trabajo”, en palabras de Carmen Fernández Aparicio, curadora del Reina  Sofía.

El itinerario comienza con una de de las imágenes más emblemáticas de la etapa madura de Miró: el inmenso óleo “Mujer, pájaro, estrella (Homenaje a Pablo Picasso)”



Se trata de un conjunto pictórico realizado por el artista catalán entre 1963 y 1981, “las obras con las que Miró vivió en su taller-vivienda hasta los últimos momentos de su vida, ya que falleció en 1983. Él siempre decía que quería que sus obras impacten por su belleza”, señaló la curadora española junto al director ejecutivo del museo, Andrés Duprat, la directora artística, Mariana Marchesi y el presidente de la Asociación Amigos, Julio Crivelli.

El itinerario comienza así con lo que constituye tal vez una de de las imágenes más emblemáticas de la etapa madura de este creador, el inmenso óleo “Mujer, pájaro, estrella (Homenaje a Pablo Picasso)”, de casi dos metros y medio de alto, donde Miró reúne algunas de las formas más emblemáticas que eligió para representar al mundo, “las tres figuras esenciales de la simbología mironiana”, una obra que le demandó casi siete años de producción y que finalizó el día de la muerte de su gran amigo Pablo Picasso.

Miró nació en Barcelona en 1893 y en 1920 viajó a París donde conoció a Picasso y entró en contacto con las vanguardias artísticas de la época.

Así, en la capital francesa se vinculó con Antonin Artaud y otros poetas. Por su estética ligada al surrealismo, el poeta y escritor francés André Breton dijo alguna vez que a Miró “el surrealismo le debe la más bella pluma de su sombrero”.

Miró se mantuvo desde los años 20 en el centro del devenir del arte moderno vinculado a los círculos parisinos de vanguardia, pero hacia mediados de la década del 50 inicia un proceso de introspección en el que alcanza la máxima simplificación de su universo.

Para la curadora, a lo largo de su trayectoria, Miró cambia continuamente de la pintura a la escultura “reiterando siempre en ambos medios los mismos aspectos conceptuales y resoluciones técnicas: simplicidad, planitud, línea, gesto, ideograma”.

En 1956, el artista se traslada a su nuevo estudio de Son Abrines en Mallorca, diseñado por su amigo Josep Lluís Sert. En el taller-vivienda reúne por primera vez la totalidad de su producción, lo que le ofrece la posibilidad de revisar y redefinir, directamente, toda su obra.

En esta época, parte de un motivo casual o fortuito, que puede ser una mancha, una gota, una huella, un objeto encontrado o un elemento natural, recreando, por medio de este impulso, un tema frecuente en su obra: la representación de la naturaleza y de la figura humana.

La última sala reserva para el visitante algunos de los paisajes que Miró realizó en los años 70, como “La danza de las amapolas” o “Pájaro en el espacio”, un despojo absoluto de elementos, espacios abstractos donde el cielo y la tierra se unen, y “el intento de transmitir emociones como la música y la poesía”, según la curadora.

Los epígrafes de obra completan el sentido de la simbología: “El sol es un gran globo rojo suspendido en el cielo y, en general, aplastado. La luna, por el contrario, se representa siempre en cuarto menguante o en cuarto creciente, perpetuamente azul”.

La exposición, que viajará en marzo de 2018 al Museo de Arte de Lima, Perú, incluye además la proyección de dos filmes: “Miró habla” (1974), del fotógrafo y realizador francés Clovis Prévot y “Miró, otro” (1969), dirigido por Pere Portabella




“He sentido la necesidad de obtener el máximo de intensidad con el mínimo de medios. Es lo que me obliga a dar a mi pintura un carácter cada vez más despojado”, es una de las frases atribuidas al artista que se puede leer en las paredes de la sala, y que acompañan algunas de las obras.

La exposición, que viajará en marzo de 2018 al Museo de Arte de Lima, Perú, incluye además la proyección de dos filmes: “Miró habla” (1974), del fotógrafo y realizador francés Clovis Prévot, que incluye una profunda entrevista al artista realizada en 1972 en Palma de Mallorca; y el cortometraje “Miró, otro” (1969), dirigido por Pere Portabella, que constituye una de las piezas más importantes de la filmografía dedicada al autor.

La muestra “Miró: la experiencia de mirar” es organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, con el apoyo de la Asociación Amigos del Bellas Artes, y se podrá visitar hasta el 25 de febrero de 2018, de martes a viernes de 11 a 20, y sábados y domingos de 10 a 20, con entrada libre y gratuita, en Avenida del Libertador 1473 (CABA).