04/10/2017 Ciudad

El director del FIBA adelanta una gran programacin colmada de actividades

Un total de sesenta y cinco espectáculos nacionales e internacionales, charlas, un ciclo de cine y actividades gratuitas integran la programación de la 11° edición del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), del próximo jueves al sábado 21 de octubre, con la dirección artística del investigador teatral Federico Irazábal, quien afirma que "la grilla es sólo la punta de un iceberg, porque desde hace dos años el FIBA ya está en marcha".

Por Laura Ferr

El programa de los encuentros internacionales suelen parecerse a un laberinto de referencias y nombres de artistas famosos y pocas veces uno encuentra un entramado de propuestas que dialogan unas con otras para sacar a lo teatral de la comodidad seria de las salas y extenderla por la ciudad.


Esta edición del encuentro se desarrolla en 38 sedes que abarcan salas y espacios públicos como el cementerio de Recoleta o la Villa 31, además del Teatro San Martín.

Irazábal, crítico y autor de “Teatro anaurático. Espacio y representación después del fin del arte” (2015, Ediciones Documenta) y "Por una crítica deseante. De quién, para quién, qué, cómo" (2006. Instituto Nacional del Teatro) entre otros textos, es antes que nada un estudioso apasionado del teatro y desplegó algunas de sus ideas en esta entrevista con Télam.

 


- Télam: ¿Lo político es un criterio curatorial del Festival?
- Federico Irazábal: Una de las lógicas, de los criterios curatoriales básicos que guiaron el sistema de selección es el de lo estrictamente político, lo transnacional, pensado como un recurso capaz de mostrar lo que se genera cuando nos unimos y dialogamos desde las diferencias; una forma de pelear contra este mundo desilusionante: el muro de Trump, el Brexit, la lógica separacionista y las políticas inmigratorias.

- T: La grilla con 65 espectáculos nacionales y extranjeros no impresiona como complaciente...
- F.I.: No. Soy crítico y entiendo que uno de los grandes desafíos está relacionado con la figura del “gusto”, o cómo intentar disminuir, cuestionar ese tema y profesionalizar al espectador desde un festival público. No se trata sólo de pasar un buen rato, el teatro implica algo más: encontrarte frente a un producto ajeno a vos que te interpela, te ratifica o te confronta, vivís un tiempo con esa terceridad en relación dialógica de enojo, o de lo que sea, pero no es solo gusto. La noción de experiencia, en cambio, encierra la idea de ir y poner el cuerpo a una situación y es amplia. En la programación encontramos dos ejemplos extremos: una propuesta vinculada a lo duracional como la obra de cierre “2666”, basada en la novela del chileno Roberto Bolaño que dura 12 horas y las de teatro inmersivo como “Etiquette”, de 30 minutos. Pero las dos demandan una puesta del cuerpo en el espacio en interacción directa con el otro, demanda cierto estado que no es el de la expectación tradicional: precisa que el público se prepare para la travesía que propone cada puesta. Hubiera sido relativamente sencillo traer a una figura que ya estuvo, como el inglés Peter Brook.