20/09/2017 opinin

Demencia y enfermedad de Alzheimer

El 21 de septiembre se celebra el Día Internacional del Alzheimer con el propósito de dar a conocer esta enfermedad que está considerada como la nueva epidemia del siglo XXI. Sobre cómo ayudar a prevenir esta enfermedad mental opinó para Télam el Dr. Alejandro Andersson, médico neurólogo, director médico del Instituto de Neurología Buenos Aires.

Alejandro Andersson

Por Alejandro Andersson

La demencia es un cuadro que se caracteriza por una importante pérdida o deterioro de las funciones superiores, en donde memoria y capacidades cognitivas se comprometen seriamente. Es un cuadro de detrimento intelectual que ocurre en el adulto mayor y que daña su vida laboral, social, familiar y personal.

Los pacientes, despiertos y reactivos, tienen, además de los trastornos de memoria, un compromiso en el lenguaje y en la capacidad de abstracción. El juicio y el razonamiento, el cálculo matemático y hasta la cadena de movimientos aprendidos para vestirse o para caminar pueden comprometerse.

En los casos avanzados, se encuentran con una especie de "mirada perdida" y son incapaces de reconocer a las personas más cercanas, incluidos maridos, esposas, hijos y nietos.

No es un problema psicológico. En la demencia, es orgánico, hay una clara base física. Mueren muchas neuronas y circuitos del cerebro, y, con ellas, importante información. Las vivencias archivadas y los recuerdos se pierden y las habilidades se deterioran.
Básicamente, se entiende como un cuadro irreversible. Lo lesionado no vuelve atrás, aunque hay que descartar que el paciente no tenga, por ejemplo, situaciones reversibles como una falta de vitamina B12 o de hormona tiroidea.

En la evaluación, es importante el interrogatorio -averiguar si hubo un declive intelectual progresivo- y el examen físico neurológico. El análisis de laboratorio lo es para descartar problemas clínicos, metabólicos o de la glándula tiroides. El electroencefalograma y el mapeo cerebral mostrarán si hay una desorganización y lentificación de la actividad eléctrica cerebral.

La tomografía cerebral computada o la resonancia magnética nuclear revelarán la anatomía del cerebro y si hay tumores, hidrocefalia -exceso de líquido cefalorraquídeo- o una atrofia del cerebro.

Con dosajes especiales del líquido cefalorraquídeo (LCR) se puede diagnosticar el Alzheimer.

El diferente compromiso de las estructuras del cerebro produce patrones patológicos neuropsicológicos distintos. Según la parte del cerebro dañada, será el tipo de cuadro demencial.

En ocasiones, se compromete más la memoria, pero también puede darse que el principal problema sea el razonamiento y la orientación, o que sólo haya un cambio de personalidad. A veces sólo se afecta la espacialidad y la corporalidad, los pacientes no pueden ponerse un saco ni vestirse, o se pierden en la calle estando intelectualmente bien.

La evaluación neurocognitiva es la mejor manera de saber si nos encontramos con el frecuente olvido benigno o si estamos frente a un olvido patológico como el del Alzheimer.

También debe investigarse si, en realidad, no se trata de un cuadro de depresión, tan frecuente.

Aproximadamente, uno de cada 10 personas mayores de 60 años padece una demencia. En la Argentina, dada su pirámide poblacional, con mucha gente de edad avanzada -hay 4 millones de mayores de 60 años-, el número de enfermos es elevado, unos 400 mil aproximadamente. Su curso evolutivo es de 6 a 12 años.

El 50 - 80 % de las demencias depende de la enfermedad de Alzheimer, el 10 - 15 % es por fallas circulatorias y corresponde a la demencia vascular o multiinfarto, y el resto se reparte en otras formas degenerativas.

La enfermedad de Alzheimer no hace distinción de clase socioeconómica, raza o grupo étnico, afecta a hombres y mujeres -predominando en estas últimas-, y es más frecuente en mayores de 65 años.

Un claro antecedente de enfermedad de Alzheimer en la familia incrementa el riesgo de padecerla. Un bajo nivel de educación o escasa actividad intelectual productiva durante la vida es otro factor de riesgo. Ocurre porque las neuronas degeneran y mueren como consecuencia del depósito anormal de una sustancia llamada beta-amiloide y por ruptura del esqueleto de las neuronas al alterarse la proteína Tau. La enfermedad se manifiesta lenta y progresivamente.

En cuanto al tratamiento, la acetilcolina es el neurotransmisor más relacionado con la memoria y el más comprometido. Por ello, se ha desarrollado una serie de fármacos que mejoran los niveles de este neurotransmisor. El donepecilo, el rivastigmine y la galantamina son fármacos que aumentan la concentración de la acetilcolina en el cerebro.

Otro neurotransmisor alterado es el glutamato, por eso se emplea el memantine como modulador. También se recurre a estimular la formación de nuevas conexiones o sinapsis entre las neuronas con suplementos de Omega 3.

La actividad (física, intelectual y social) previene la enfermedad y mejora los síntomas de los pacientes afectados.

Entre las medidas de higiene, es importante tener un sueño reparador y en cuanto a dietas, la comida mediterránea ha demostrado propiedades terapéuticas.

Ante todo, hay que entender que para prevenir, hay que la circulación cerebral, o sea los vasos sanguíneos (arterias, capilares y venas), y las neuronas.

Cuidar los vasos sanguíneos significa evitar todos los factores de riesgo vascular: hipertensión arterial, colesterol, tabaquismo, diabetes, sedentarismo y obesidad, entre otros. Es la manera de sortear los accidentes cerebrovasculares (ACV). Las neuronas necesitan estar activas para vivir. La actividad (física, intelectual y social) las mantiene sanas. En síntesis, la motivación es una característica del envejecimiento exitoso.

(*) Médico neurólogo, director médico del Instituto de Neurología Buenos Aires, INBA.
etiquetas