31/08/2017 opinin

La industria es la madre del desarrollo de un pas

El 2 de septiembre es el Día de la Industria en conmemoración de aquel día de 1587 cuando se produjo la primera exportación argentina al exterior. Sobre la importancia de la industria nacional opinó para Télam Teddy Karagozian, presidente de TN&Platex y de Fundación ProTejer.

Teddy Karagozian

Por Teddy Karagozian

La definición de industria es: la actividad económica y técnica que consiste en transformar las materias primas hasta convertirlas en productos adecuados para satisfacer las necesidades del hombre.

Es lo que ha generado desde la primera revolución industrial el crecimiento sin freno de las economías en el mundo y, gracias a esto, ha subido el nivel de vida de las poblaciones que la han adoptado como forma de progreso y que venían de siglos y siglos de lento o nulo crecimiento.

El futuro del trabajo depende de que los países tengan industria de todos los productos más o menos sofisticados que su tierra y sus recursos naturales les permita obtener y modificar para que, sobre ellos, las personas pongamos valor agregado y podamos así generar progreso.

La gran revolución de nuestro tiempo no es que todo será fabricado por robots, pues esto nunca dejó de progresar desde 1770, sino que entre quien produce un bien y quien lo consume habrá cada vez menos intermediarios y habrá cada vez menos servicios que son reemplazados por información.

Esta información eliminará los desperdicios de productos que se envían a un shopping o supermercados, donde se debe administrar los stocks y luego lidiar con lo no utilizado, bajando los costos para el comprador y por ello aumentando la cantidad consumida por los habitantes de un lugar. Pero lo más importante, para analizar y planificar, es que disminuirá la cantidad de gente trabajando en comercio pues no serán necesarios ni cajeros ni repositores ni vendedores, los cuales serán reemplazados por tecnología.

Debemos ser conscientes que en Argentina, por un tema de populismo y con el objeto de ganar elecciones, la política ha sido, desde hace 70 años, la de imponer impuestos sobre los productos y sacarlos de los hombros de las personas. Han convertido a las empresas en recaudadores de impuestos, en los malos de la película.

Esto último ha servido para ganar elecciones a nivel municipal, provincial y nacional, pero hizo de una economía cada vez más deficitaria, con una población más dependiente de la dádiva de un estado cada vez más elefantiásico y con menor capacidad de maniobra, con costos cada vez más altos para la sociedad. Es el fenómeno del perro que se persigue la cola. Es la razón de la pobreza en la población en un país con la riqueza que tenemos.

Debemos dejar de usar los productos hechos por los industriales nacionales como recaudadores de impuestos y comenzar a blanquear el costo que significan los gravámenes haciendo que el Estado, empezando por los municipios, luego los gobiernos provinciales y finalmente el nivel nacional, cobren a las personas lo que crean conveniente o necesario para eliminar los déficits, haciéndose cargo de los excesos y promoviendo así la disminución del gasto superfluo o innecesario.

Esto bajará el costo de vida, aumentará la capacidad de compra de la población e incrementará la cantidad de empleo que se genera en las industrias que, por sus características, es de salarios mayores, de mayor estabilidad, de mayor multiplicador de empleos en servicios y también de mayor generación de riqueza distribuida que cualquier otro sector de la economía.

En estos días, donde la sociedad pareciera que está reconociendo las limitaciones que estas dádivas tienen, que el populismo deja de regalar lo que ya no tiene, es una buena oportunidad para que este gobierno de gente honesta, que ha venido a dar todo de si mismos, plantee a los habitantes y ciudadanos de nuestro querido país una reforma fiscal que promueva el comportamiento que nos lleve al inicio de un proceso de desarrollo que use los recursos humanos y nuestras materias primas para volver a la senda del desarrollo que nunca debimos haber dejado.

La eliminación de impuestos de todo tipo sobre los productos puede llegar a bajar el 50% del precio de los bienes manufacturados en los comercios, aumentando la capacidad de compra de los salarios y reduciendo o eliminando el fenómeno inflacionario caracterizado hasta ahora por una necesidad constante de subir sueldos que puedan alcanzar a los precios de productos que contienen cada vez más impuestos.

En el día de la industria entonces lo que yo le deseo a la industria argentina, es que prospere, que sea la gran reserva de empleo para nuestros ciudadanos, que sea la gran motivadora de nuestros estudiantes para que quieran estudiar temas cada vez más complejos, y que salga y le explique a la sociedad que nuestros productos son buenos, que tenemos buena productividad en nuestras plantas y que podríamos generar mucho más empleo si la sociedad a través de sus representantes promueve una nueva y virtuosa relación entre los ciudadanos, las empresas y el Estado.

(*) Presidente de TN&Platex y de Fundación ProTejer.
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