12/06/2017 msica

La cadena de transmisin vuelve a ponerse en marcha para un novsimo folclore

Juan Quintero, Carlos Aguirre, Jorge Fandermole, Juan Falú, Liliana Herrero y Lilián Saba, son sólo algunos de los emergentes de un movimiento de artistas que vienen interpelando las formas del folclore y que gracias a la constancia, el tiempo y la formación aparecen como pilares para la irrupción de un novísimo espacio que dialoga con esos novedosos aportes y que empieza a ocupar la escena.

Por Sergio Arboleya

Juan Quintero, Carlos Aguirre, Jorge Fandermole, Juan Falú, Liliana Herrero y Lilián Saba, son sólo algunos de los emergentes de un movimiento de artistas que vienen interpelando las formas del folclore y que gracias a la constancia, el tiempo y la formación aparecen como pilares para la irrupción de un novísimo espacio que dialoga con esos novedosos aportes y que empieza a ocupar la escena.

El legado de un cuerpo de canciones y arreglos que también tuvo como baluartes insoslayables a los fallecidos Chango Farías Gómez y Raúl Carnota, va anudando señales que sin descuidar las raíces, ya dialogan con las apuestas de artistas contemporáneos en un camino que viene a reponer la música y la palabra tras un período de silencio.

A la tarea de la dictadura militar por dinamitar los vasos comunicantes de la cultura popular se añadió el no menor aporte de la industria del entretenimiento jugando a favor de otras corrientes musicales y el propio carácter tradicionalista del folclore para no permitir más allá que algunos retoques a las repeticiones.

El espaldarazo de taquilla a una denominada renovación que desde mediados de los 90 tuvo como nombres icónicos los de los entonces jóvenes Los Nocheros, Soledad o el Chaqueño Palavecino, fue solamente generacional y pareció sepultar toda esperanza de un cambio de paradigma para la música de raíz.

Sin embargo, desde antes y también entonces, la tozudez de los ya citados Chango y Carnota, más los aportes de muchos otros (Dino Saluzzi, Peteco Carabajal, Silvia Iriondo, Teresa Parodi, Raúl Barboza, Orozco-Barrientos, Suma Paz, Chango Spasiuk, Coqui Ortiz, Hilda Herrera, Rudi y Nini Flores, Raly Barrionuevo, Dúo Coplanacu, Ernesto Snajer, Ramón Ayala, por citar solamente a algunos) funcionó a modo de resistencia expresiva.

Sobre esa huella también generosamente alumbrada por la voz de Mercedes Sosa siempre abierta a poner la lupa en las novedades, aparecieron nombres dispuestos a la aventura de ir un paso más lejos en la interrogación de las formas expresivas que fue dejando una obra como testimonio.

Los discos y los conciertos pero también el trajinar de espacios, los encuentros, la decisión de compartir, fueron horadando en la cerrazón, mostrando la canción, convidando a la escucha y, con ella, a la posibilidad de indagar y generar una propia mirada.
Sin tratarse de un movimiento formal, cada quien -solo o con otros artistas- anduvo sosteniendo una voz que excedía a la individual y que referenciaba los brotes que estaban surgiendo.

Aunque la impronta dominante fue independiente y autogestiva, no faltaron tampoco los aportes de espacios con apoyos oficiales (como el Encuentro Nacional de Músicos Populares en Rosario o las citas regionales promovidas desde Cultura nacional) o de artistas colocados en la función pública como en el emblemático caso del trovador Ortiz en el Chaco.

Desde ese mismo abanico empecinado por decir lo suyo, se forjó una determinación formativa que abrió brechas desde la Escuela de Música Popular de Avellaneda (a partir de 1986) y con la incorporación de las carreras de tango y folclore al Conservatorio Manuel de Falla (desde 2003 y por impulso de Falú).

Aunque toda nómina es fatigosa e incompleta, la senda dibujada recibió como afluentes las intervenciones de Franco Luciani, Lorena Astudillo, Marcelo Dellamea, Paola Bernal, Juan Pablo Di Leone, Topo Encinar, Luna Monti, José Luis Aguirre, Seba Ibarra, Luciana Jury, Andrés Pilar, Lucas Monzón, Bruno Arias, Matías Arriazu, Ramiro González, “Bruja” Salguero, la Orquesta Popular de Cámara Los Amigos del Chango y Andrés Beeuwsaert y Mariano "Tiki" Cantero (quienes, a la vez, comparten Aca Seca con Quintero), entre más.

Algo de esa corriente ya no pudo ser disimulada en ámbitos formales como los del último Festival de Folclore de Cosquín, pero como producto de un proceso calendario natural aparecieron flamantes camadas de músicos con sólida formación en las arenas folclóricas para completar de manera más sólida esa polea de transmisión.

El enlace implica poder visitar el ayer encarnado, por caso, por “Cuchi” Leguizamón, gracias a la mediación de un cotemporáneo como podría ser el “Negro” Aguirre.

Recientes registros como los del trío La Maderosa, las cantantes Belén Sendot, Nadia Szachniuk y Victoria Birchner, el dúo Seráarrebol, el pianista Matías Martino o el trovador riojano Juan Arabel, son algunos de los que expresan desde los repertorios escogidos o las formas de abordarlo esa intención de seguir abonando un territorio que parecía arrasado.

Son las muestras de un novísimo folclore argentino que deberá plantearse el desafío de crecer conciliando pasados y presentes y que en su despliegue también tendrá que esquivar el riesgo de responder a un único canon estético que impida otras nuevas audacias.
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