03/06/2017 teatro

“En el columpio”: la vida de pueblo entre la quietud y el movimiento

Micaela Fariña dirige esta obra que puede verse en El Estepario Teatro. Una gran hamaca como espacio teatral para contar una historia de amor familiar y amor por uno mismo.


Una hamaca en un pueblo de algún lugar de la Argentina. Tres personajes conversan y comparten el tiempo. La muerte de uno de los habitantes los mueve internamente y los llama a hacerse preguntas. La obra “En el columpio” es una historia de amor, pero no “un amor pasional, sino el amor por la familia, por uno mismo y por la ciudad que uno habita”.

Así lo define Micaela Fariña, escritora y directora de este espectáculo que puede verse en El Estepario Teatro -jueves, a las 21, en Medrano 484, CABA-.

“Es una breve historia sobre tres personas que tranquilamente podría ser la de cualquiera que alguna vez se preguntó en dónde estaba o si estaba bien parado”, señala a Télam la directora.

Todo comenzó en un viaje en colectivo en una ciudad extranjera. Hundida en sus pensamientos, Fariña escuchaba la canción “Contigo”, de Joaquín Sabina. En el momento en que la letra dice “Yo no quiero columpio en el jardín”, el colectivo pasó por una plaza y, al ver a una nena jugando con su papá, Fariña percibió la potencia poética y bella de ese espacio.

“Hay algo del estar en movimiento pero en realidad quieto que me pareció muy interesante”, explica la directora sobre esa imagen que hoy se transformó en la obra cuyos personajes son interpretados por Catalina Collardin, Viviana Ghizzoni y Gastón Filgueira Oria.

La historia no es pretenciosa ni plantea enormes tragedias. “La vida no siempre está hecha de grandes sucesos -reflexiona Fariña-. Por el contrario, son aquellas pequeñas e insignificantes cosas las que nos conducen hacia adelante o nos tiran para atrás. Son aquellas decisiones diarias que tomamos o no las que hacen que nuestro devenir varíe”.

En ese sentido, la directora señala que “a lo largo de la vida hay que elegir para dónde ir y cómo recorrer ese camino. Y al elegir, siempre algo se abandona. A veces duele, otras es insignificante, pero hay que soltar lo que nos ata para poder avanzar”.

En el escenario se levanta una gran hamaca. El resto de los espacios escénicos son creados por los actores, quienes los dibujan con tiza. Así como la hamaca es algo quieto que se mueve, todo el espacio escénico responde a esa misma lógica. A tal punto que los personajes, para ir de un lugar a otro, se paran en un punto del espacio y caminan quietos.



Fariña es actriz y licenciada en Arte Dramático. Su rol como directora nació en 2010 con la obra “Entrepiso”. “Quería tener mis propios proyectos sin depender de nada más que mis ganas de hacer, y a partir ahí no paré”, recuerda.

“Dirigir te da libertad. El haberme formado como actriz me ayuda a entender más las problemáticas del actor, lo que es orgánico o no, intentar que los cuerpos puedan hablar”, dice.

A la hora de encarar un proyecto teatral de este tipo, a Fariña la organizan los espacios. “Estoy muy atenta a lo que veo en la vida y me la paso pensando qué puede ser transportado a escena”.

Con “En el columpio”, el espacio estaba en su cabeza. Luego, junto a los actores, comenzó a imaginar la obra. En el comienzo la hamaca eran dos sillas y una escalera. De ahí, comenzó el juego.

“Me encantan los espacios escénicos y apuesto mucho a ellos -concluye la directora-. Me gusta que las obras sean bellas visualmente. En este caso, todo está pensado desde el lugar de la infancia, del que a veces nos olvidamos pero está ahí latente. Como el columpio de la plaza de nuestro barrio, sólo hace falta subirse y hamacarse”.
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