02/06/2017 Opinión

Ni una menos: para que nuestras voces se escuchen

A dos años de la primera marcha nacional Ni Una Menos, realizada el 3 de junio de 2015, se realizará mañana una nueva movilización contra la violencia de género. Al respecto opinó para Télam Vanina Escales, integrante de Ni una Menos.

Vanina Escales

Por Vanina Escales

Por tercera vez, salimos un 3 de junio contra la violencia machista y la cultura que la sostiene, la habilita, la disculpa, la justifica. ¿Por qué insistimos? Porque queremos que sean nuestras voces las que se escuchen, porque si pensamos que la palabra tutelada de las mujeres es un dato histórico, estamos en un error, no cesan hoy en día los intentos por hacer de nuestras voces autónomas, unas voces usurpadas.

Hace unas semanas estuvimos en el Senado de la Nación para pronunciarnos en contra de la reforma de una ley, cuya modificación nadie pidió y que a nadie le sirve -tal vez a algún diputado pistolero tipo Rangers de Texas salga en el diario y consiga sus cinco minutos de fama-. Sin embargo, no fuimos escuchadas.

La noticia del hallazgo del cuerpo de Micaela García nos produjo desolación, la sensación de estar a la intemperie más cruda. Su femicidio, como el de Araceli, como el de las pibas, mujeres y travestis que a un ritmo de una por día son asesinadas, deben interpelar a los representantes del pueblo en el Congreso y a la alianza de gobierno en el Estado. Muchos de los primeros por buscar salidas que parecen fáciles -aunque fácil es hacer proyectos sin datos que los respalden- pero que tienen costos sociales altísimos a corto y largo plazo -como la modificación de la ley 24.660- y por no reclamar por las vías institucionales disponibles que se apliquen las leyes que votaron. Los segundos, por la ausencia de políticas de prevención de la violencia y políticas de equidad, por la fragilidad a la que nos buscan exponer con el vaciamiento de programas clave como el de salud sexual y reproductiva y de educación sexual integral.

El presunto femicida de Micaela transcurrió su estadía en la cárcel sin ser sujeto de ninguna política que tendiera a evitar la reincidencia. Es así para la casi totalidad de la población que el Estado envía tras los muros. ¿Cómo tenemos que tomar una propuesta de más cárcel? ¿Sorprendernos de la falta de imaginación o de formación? ¿Pensar que están pateando el problema para adelante? ¿Quedarnos con la convicción de que en realidad no les importa? ¿Es solo cinismo? Hay un poco de cada cosa. ¿Qué pasó, además? Fuimos a hablar ante los senadores para decirles por qué la modificación que estaban por votar no nos servía. El punitivismo, la sed de venganza que se despierta en algunos, ese querer resolver todo con el Código Penal, llega cuando estamos muertas. Usaron el femicidio de Micaela para justificar la modificación de la ley. Un oportunismo que no olvidaremos. Justificaron la modificación de la ley diciendo lo que supuestamente necesitamos para que no nos maten, pero a nosotras no nos escucharon. Nos quisieron usurpar la voz, decir en nuestro nombre lo que no deseamos, por eso el 3 de junio marchamos.

Volvemos y volveremos una y otra vez. Porque hace dos años salimos y reclamamos la aplicación efectiva de leyes modelo que conquistamos tras largas luchas y hoy esa deuda no solo se mantiene sino que tenemos que salir por los derechos que uno a uno vemos perderse, por la amenaza del desempleo que nos golpea con mayor rudeza, porque nuestras jornadas laborales son dos horas más largas, porque el trabajo de cuidado recae sobre nosotras y no tiene valor en el mercado, por la brecha salarial de un 27 por ciento. Porque la pobreza tiene rostro femenino y el derecho a la salud es una falacia mientras sigan muriendo jóvenes por abortos inseguros en el país. Porque mientras no se cumpla con la ley de Educación Sexual Integral, el Estado alienta la reproducción de la desigualdad en las generaciones futuras. Salimos porque se trata de nuestras vidas, que queremos autónomas, libres y sin tutelajes.

(*) Integrante del colectivo Ni una Menos.