26/05/2017 Ciencia

La frmula del xito para el desarrollo cientfico: investigadores, empresarios y apoyo estatal

El esfuerzo de investigadores y empresarios incluyó la búsqueda de maquinaria acorde y al desarrollo de métodos de control de calidad.

Cuatro tesis doctorales, 15 años de investigación, un compacto grupo de 50 biólogos, bioquímicos, veterinarios y empresarios y el respaldo indispensable del Estado permitieron que Argentina desarrollara el primer producto biológico que pone freno a la muerte de terneros en su primer año de vida y lleva alivio al sector lechero.

La investigación nació en 1999 con la idea de controlar la diarrea neonatal de terneros (DNT), una enfermedad que generalmente se presenta antes de los 21 días de vida del animal y cuando todavía no puede ser vacunado.



"Durante 14 días el ternero recibe anticuerpos contra rotavirus, coronavirus, salmonella y E-coli, a través de un alimento en polvo que se suma a su dieta láctea, que amplía sus defensas y resulta altamente nutritivo", explicó Viviana Parreño, directora del grupo de Virus Diarreicos en el Instituto de Virología del INTA Castelar, quien desarrolló el anticuerpo junto con las investigadoras Celina Vega y Marina Bok.

Se trata del primer producto de origen nacional basado en inmunoglobulinas "Y" o anticuerpos IgY para tratar la diarrea neonatal del ternero (DNT).

Los investigadores del INTA Castelar inmunizaron gallinas contra cuatro agentes infecciosos que generan diarrea en terneros y lograron huevos enriquecidos con anticuerpos específicos. Esos huevos son secados y convertidos en un polvo que se agrega a la leche con la que se alimenta al ternero.

Los científicos resaltaron que no hay datos de que exista en el mundo un tratamiento similar al elaborado por Argentina (con dosis precisas de anticuerpos para cada uno de los 4 agentes generadores de la diarrea): es el "primer producto biológico de inmunidad pasiva oral para prevenir y tratar la diarrea neonatal del ternero".

"Cuando varias tesis doctorales terminan en un producto los becarios tienen un incentivo que va más allá de lo académico, algo casi filosófico: sienten que aportaron su granito de arena para llevar una solución al productor, para hacer un país mejor", dijo emocionada Parreño en una entrevista con Télam.

El esfuerzo de los investigadores y empresarios se multiplicó en varios planos: no sólo fueron largos años dedicados a pruebas in vitro y ensayos en boxes de bioseguridad, sino también al diseño de vacunas específicas para aves, a la búsqueda de maquinaria acorde y al desarrollo de métodos de control de calidad, bajo la estricta supervisión del Senasa.


"Una gran satisfacción llegó cuando encontramos empresarios argentinos que decidieron invertir en algo que implica mucho estudio y dedicación, en vez de haber tomado el camino más fácil de importar un producto similar que se elabora en Corea, pero que carece de la calidad y el sustento científico de IgYDNT, producto que fue pensado y desarrollado para dar respuesta específica a las variantes de virus y bacterias propias de Argentina y de la región", resaltó Parreño.

"Los científicos estamos enamorados de nuestro producto, pero sin el involucramiento empresario, que ayude a pensar en costos, competitividad y logística, es imposible avanzar", insistió Parreño, para quien los subsidios otorgados por el Ministerio de Ciencia y Técnica y la Agencia de Promoción Cientifica, así como las becas del CONICET, son la otra pata indispensable para que un desarrollo científico se convierta en una solución a un problema productivo.

Otros "héroes" de la experiencia científica fueron sin duda los terneros que soportaron las pruebas de laboratorio y que los investigadores bautizaron con nombres acordes a su personalidad. De ellos, el más "luchador" fue "Ragnar", quien hace honor al rey guerrero vikingo que tuvo en jaque a Europa en el siglo IX y hoy retoza en el predio del INTA en Castelar.