25/05/2017 25 de mayo

Florencia Roulet: "Los revolucionarios queran ganar para la causa a los indios sometidos"

La investigadora Florencia Roulet afirma que en ese proceso muchos de los indios, "muchos murieron, algunos fueron sometidos, la mayoría escapó y de a poco incorporaron elementos de la tecnología bélica europea".

Por Alba Silva

"El primer objetivo de la política indígena de los revolucionarios fue lograr 'tener a la indiada de su parte', o al menos evitar que apoyara a los realistas", según la investigadora Florencia Roulet.

Y agregó que a tal fin "plantearon un discurso igualitarista y disposiciones jurídicas que liberaban de las instituciones de explotación colonial a los indios sometidos, mientras proclamaban ideales de fraternidad y amistad con los indios libres, que permanecían fuera del espacio colonial". 

Roulet, profesora y licenciada en Historia, con un doctorado en Antropología en la UBA e investigadora en etnohistoria (relato de pueblos colonizados sin escritura) habló con Télam del contenido de su libro "Huincas en tierra de indios. Mediaciones e identidades en los relatos de viajeros tardocoloniales" (Eudeba, 2016).

T:¿Cuál era la situación territorial y cómo eran las relaciones de los blancos con los indígenas en 1810?
Florencia Roulet:
En 1810, el Virreinato del Río de la Plata controlaba la zona andina altoperuana, el Paraguay, zonas costeras de la banda oriental del Uruguay y una fracción del actual territorio argentino. La gobernación de Buenos Aires tenía como límite sur el río Salado y Melincué al oeste, Córdoba llegaba hasta el Río Cuarto y Mendoza se extendía hasta el fuerte de San Rafael, fundado en 1805. En el corazón del Virreinato, la inmensa región chaqueña seguía en manos nativas. Al exterior de la línea de fronteras -que unía guardias, fortines y fuertes- vivían pueblos indígenas libres y soberanos. Y había otros grupos indígenas "dentro" del espacio colonizado, sometidos a formas de servidumbre coloniales: la encomienda, la mita, el yanaconazgo y la reducción en misiones religiosas. En el año de la Revolución de Mayo, en las fronteras había paz desde hacía décadas por tratados negociados durante la colonia. Los hispano-criollos iban anualmente a las Salinas Grandes -en Atreucó, La Pampa-, a juntar sal y comprar ponchos, plumeros, riendas y ganado, vendían alcohol, cuchillos y textiles, y rescataban cautivos y renegados que desertaban a los indios. Y los caciques iban a comerciar y a hacer visitas protocolares a los nuevos virreyes y gobernadores. Esta paz animó a algunos criollos a llevar sus estancias a territorio indígena, violando tratados vigentes. Pero eran pocos, y para los indios era más importante preservar la paz y el comercio que exigir el desalojo de sus terrenos.

T: Esa relación se construyó durante el Virreinato ¿qué cambió con el nuevo gobierno?
FR:
Los revolucionarios mostraron muy rápido interés por avanzar la frontera sur para controlar nuevos campos para la ganadería. El 15 de junio de 1810, la Primera Junta puso al coronel Pedro Andrés García a inspeccionar la línea de fronteras y proponer una nueva ubicación. En octubre lo mandaron a las Salinas Grandes a negociar con caciques pampas, ranqueles y araucanos, porque querían obtener mediante un tratado terrenos para instalar un fuerte y una población criolla. Este plan de avance negociado, que no se concretaría, continuaba proyectos coloniales que venían del siglo XVIII. La temprana misión de García demuestra el interés de los revolucionarios en trabajar sus relaciones con los indígenas del sur, no porque hubiera una "cuestión indígena" a resolver, sino porque aspiraban a avanzar las fronteras. La cuestión era territorial, no étnica. Y se daba en un contexto de paz.


La cuestión era territorial, no étnica. Y se daba en un contexto de paz


Florencia Roulet
T: ¿Cómo habían sido las relaciones de la corona con los pueblos indígenas?
FR:
No es posible resumir en un párrafo más de dos siglos de historia de relaciones entre indígenas "de adentro" y "de afuera" con dinastías tan diferentes como los Austrias y los Borbones. España quiso en todos los tiempos incorporar el mayor número posible de súbditos indígenas -brazos aptos para tributar- por las buenas a través de la evangelización, o por las malas. Lo lograron parcialmente donde había culturas agrícolas sedentarias con una organización política relativamente jerarquizada, pero vastos espacios quedaron fuera del control colonial, pese a que sus habitantes tenían un vivo interés por comerciar con la colonia. En esas regiones, las cambiantes relaciones de fuerzas condicionaban el vínculo: con su tecnología lítica de cazadores y pescadores pedestres, los indígenas de las pampas y el Chaco no podían imponerse militarmente a los conquistadores, por más que fueran en un principio muy superiores en número. Muchos murieron, algunos fueron sometidos, la mayoría escapó y de a poco incorporaron elementos de la tecnología bélica europea, en particular el uso del caballo, puntas de hierro, corazas defensivas y la larga lanza que sustituyó al arco y la flecha.

T: ¿Qué pasaba cuando los españoles ingresaban a las tierras de los indígenas?
FR:
En el siglo XVII, mientras se sintieron militarmente superiores a los indios, circulaban con relativa libertad en territorios aún no colonizados buscando la mítica "Ciudad de los Césares", hacían "corredurías" o "malocas" para "cazar" indios (sobre todo mujeres y niños) que se repartían entre la tropa, y recogían ganado en las vaquerías -explotación del ganado cimarrón- que era la principal actividad económica. Los conflictos empezaron a multiplicarse cuando los españoles penetraban cada vez más lejos tierra adentro a capturar vacas. En la región bonaerense, recién después de 1740 los indígenas respondieron a la violencia de las incursiones en sus tierras con actos de guerra contra la población rural: muerte de hombres, captura de mujeres y niños y arreo de ganado manso.

Entonces, cuando por primera vez la capacidad bélica indígena representó una verdadera amenaza, se buscó una relación diferente con los indios no sometidos negociando tratados de paz para el cese de hostilidades, la restitución recíproca de cautivos, la delimitación de una frontera, el establecimiento de vínculos comerciales regulares y la aceptación de misioneros en territorio indígena. Esto tuvo vaivenes y recién en 1790, fruto de una política borbónica que limitó los costos de la guerra y fomentó el comercio interétnico, se consolidó en la frontera sur una situación de convivencia pacífica basada en la celebración regular de tratados con los pueblos indígenas libres.

T: ¿Cómo evolucionó el discurso de los criollos desde 1810?
FR:
A las arengas filo-indigenistas de la etapa revolucionaria inicial, con sus apelaciones a la hermandad, la libertad y la igualdad de tratamiento y a la ilusión de compartir una "patria" común, sucedió un discurso que volvió a apelar al tópico de la barbarie, pero con mucha más virulencia que en la etapa colonial. El punto de ruptura en la región bonaerense fue el año 1820, cuando quedó clara para los criollos la imposibilidad de obtener el consentimiento indígena para correr las fronteras hacia el oeste y el sur.