21/05/2017 teatro

"Volver a Madryn", un punto muy alto en la Fiesta del Teatro en Mendoza

La obra, con Rodrigo Cuesta como autor y director, marcó un punto alto al ser mostrada el sábado por la noche en el Teatro Independencia, durante la 32da. edición de la Fiesta Nacional del Teatro.

Por Hctor Puyo



Con las actuaciones de Ale Orlando, Ignacio Tamagno y Hernán Sevilla, el espectáculo proveniente de Córdoba cuenta la vida de tres muchachos durante unas jornadas de invierno en una localidad costera en el Sur argentino donde el tiempo se desliza sin mayores variantes, un hijo es testigo de los aprietes de un usurero sobre su padre, que regentea un bodegón, y lo único importante que sucede en años es el asalto del muchacho al usurero, lo que parece poner fin a las penurias.

En el medio se cuentan las relaciones de amistad durante los estudios secundarios, se redondean personalidades, se plantean dilemas morales y de identidad y se le busca sentido a vidas que parecen fundirse con el mar y el paisaje desolado.

La historia en sí misma puede haber sido contada muchas veces, tanto en el teatro como en la literatura y el cine, pero la gran virtud de Cuesta es haber transformado lo suyo en una obra de enorme potencia dramática con pocos y muy valiosos elementos.

El primer acierto pasa por el formidable trío de actores, dotados de técnicas descollantes, buenos decidores, exactos en el movimiento, seguido por el uso de la luz, mayormente en registros puntuales y hasta el recurso del humo, tantas veces bastardeado y que en este caso tiene una funcionalidad a la vista.

Cuesta utiliza diversos métodos de actuación, pasa del naturalismo popular a una suerte de expresionismo que se parece mucho al montaje cinematográfico, incluso con una suerte de movimientos de "moviola" que segmentan los parlamentos, los trituran y luego los rearman.

Los actores asumen varios personajes, los exponen a la platea en sus contradicciones, en sus mejores sentimientos y en sus flaquezas, en una forma escénica que en pocos momentos recurre al diálogo interno para definir las acciones.

A través de ese enfoque, que no rehúye los toques de humor y hasta de emoción, el espectador presencia la narración de una historia verídica y sacudidora, con un lenguaje varonil y coloquial que revela cierta idiosincrasia y se siente partícipe de esos hechos, que responden mayormente a la palabra.

También la local "Tu veneno en mí", de Manuel García Migani, que se vio en El Taller Centro Cultural, se ocupa de la gente joven con un elenco muy numeroso en el que chisporrotean momentos de gran talento dentro de una sucesión de repeticiones que podrían limarse.

Pieza que va creciendo a partir de un primer segmento en que el que mira debe adecuarse a algunas pautas de actuación, utilización de sonidos saturados y dificultades en la emisión de algunos intérpretes, se interna en un medio de muchachos y muchachas que buscan su lugar en un mundo donde no faltan desigualdades.

Así se plantea una discreta matufia legal acerca de derechos de autor de un producto comercial, dos hermanos incestuosos conquistan a una chica desprevenida, la alumna desquiciada de un colegio asume una violenta acción contra sus compañeros y dos misioneros mormones tratan de convencer a los demás de las virtudes de sus creencias. (Una objeción: los mormones no utilizan la Cruz como elemento litúrgico.)

Con alto nivel de convicción y notorias presencias escénicas -sobre todo en el sector femenino-, en su disloque narrativo la obra tiene pasajes muy disfrutables como la clase de sadismo en el colegio, el inesperado "ménage à trois", el uso de la poesía cono sublimación sexual y la traducción simultánea de una obra basada en "Lo que el viento se llevó", en un grupo de criaturas donde la explosión hormonal es todo un manifiesto.

Con la apariencia de una elaboración colectiva en taller, la pieza maneja un lenguaje amplio y desinhibido con movimientos a veces muy ocurrentes, como el uso de un sofá con ruedas que recorre el escenario, efectos sonoros producidos por manos y pies y una funcional utilería que revela un alto nivel creativo.

Por su parte, el breve unipersonal "El mal (América macheteada)", con dirección de Romina Arce y texto de David Romero, muestra a un personaje que puede ser tanto la Muerte como el Mal, que el propio Romero asumió en La Nave Cultural y es la descripción descarnada de lo que el neoliberalismo significa para el continente.

El espectáculo proveniente de Santa Cruz tiene un prólogo sonoro con las voces de Juan Domingo Perón en Plaza de Mayo el 1 de mayo de 1974 y del subcomandante Marcos en alguna alocución radial, y sigue con el menudeo puntual de varias tragedias continentales.

Lo ominoso del asunto es subrayado por la oscura personificación que hace Romero de su estrafalaria criatura -que luce una vestimenta monacal, largas uñas en las manos y despliega huesos humanos en escena- y por una actuación barroquísima como hace tiempo no se veía.