18/05/2017 cannes

Alta costura en la alfombra roja, y el cine de Todd Haynes y Andrey Zvigiantsev en las pantallas

El festival arrancó con "Wonderstruck" del estadounidense y "Loveless" del cineasta ruso.



Tras la gala inaugural del miércoles, con muchas figuras femeninas que desfilaron por la alfombra roja con vestidos provocativos, como ocurrió con Jessica Chastain, Bella Hadid o Uma Thurman, en el 70° Festival de Cannes comenzaron este jueves las proyecciones de la competencia oficial.

Las primeras dos películas que se vieron fueron "Loveless", del ruso Andrey Zvigiantsev, y "Wonderstruck", del estadounidense Todd Haynes.

Detrás de tres hileras de vallas metálicas a lo largo de varias cuadras de la Croisette, y con un clima muy primaveral, cientos de personas intentaban identificar a quienes allá lejos y delante de cientos de fotógrafos de etiqueta posaban para medios de todo el mundo, paso tradicional e ineludible para dar por comenzada una nueva edición de la competencia por la Palma de Oro.

Las estrellas femeninas que este año desfilaron por esa ancha escalinata a todo rojo, color que junto al dorado fue el elegido de esta edición, se destacaron por su audacia: así lo hicieron Jessica Chastain, integrante del jurado, con un vestido de Alexander McQueen, negro con cuerpo bordado en flores; Uma Thurman con uno rosa de Atelier Versace; o Bella Hadid, según Alexandre Vaulthier, o Emily Ratajkowski con uno de Twinset con el que además exhibió un elegante collar de Bulgari y mostró sus impactantes piernas.

Pero no fueron las únicas porque tambien estuvieron Julianne Moore, una de las figuras de "Wonderstruck", que se vio hoy, con un diseño de Givenchy Couture, Susan Sarandon ataviada con un verde terciopelo de Alberta Ferretti, así como Marion Cotillard, con uno asimétrico y sin corsé de Jean-Paul Gautier, y Charlotte Gainsbourg con un minidress plateado de Saint Laurent, las dos protagonistas de "Les fantomes d'Ismael", vista en esa velada.

Lily Rose Depp lo hizo con un look blanco sin sostén, igual que Bella Hadid, mientras que la española Victoria Abril sorprendió con un look tribal, incluido un postizo importante tipo tornillo sobre su cabellera, estilo Mangbetu, con un kimono.

Penélope Cruz hizo gala de un diseño de Zuhair Murad, Elle Fanning fue vestida por Vivienne Westwood, Clotilde Courau por Elie Saab y Diana Strokous por Dior.

El primero de los filmes en competencia vistos este jueves fue "Wonderstruck", de Todd Haynes, esta vez respaldado por Amazon Studios, según la novela juvenil de Brian Selznik, el mismo de "La invención de Hugo", llevada al cine por Martin Scorsese.

En este caso se trata de una historia con dos niños sordos como eje, una pequeña de 1927 que quiere viajar a Nueva York en busca de la actriz que en verdad es su madre, relato que está rodado en el estilo de las películas mudas de entonces; y el de otro niño de 1977, que tras un accidente que le hace perder la audición viaja a la Gran Manzana en busca del que puede ser su padre.

Haynes homenajea al cine y a Nueva York, a la vez que materializa la construcción narrativa, casi de relojería, del libro de Selznik, que juega un poco a eso del que "cuidado con lo que deseas" y que "los sueños pueden cumplirse de maneras insólitas", y lo hace en forma genuina, con memorables actuaciones de niños, ella hipoacúsica en verdad, y la participación de Julianne Moore y Michelle Williams, con una impresionante dirección de arte.

En ese trabajo de recrear la Nueva York de 1927 y la de 1977, mucho tiene que ver la nueva tecnología digital, en especial el armado de maquetas, asi como los interiores del American Museum of Natural History neoyorquino y el uso de sus dioramas, como parte funcional de una trama muy emocionante y que para los amantes de este tipo de literatura juvenil supera en varios sentidos a la de su predecesora con la firma del autor de "Taxi Driver".

El otro filme en competencia por la Palma de Oro fue "Loveless" (en forma literal "Sin amor"), del ruso Andrey Zvyagintsev, con guión de Oleg Neginel, mismo que colaboró con el cineasta en su anterior "Leviatán", que el año pasado también estuvo aquí.

Zhenya y Boris viven juntos y con comodidad junto a su hijo Alosha, hace doce años, pero se odian a muerte y creen superar esa dificultad, él con una amante ahora embarazada, ella con un hombre que la supera en edad.

El matrimonio termina peleando en forma permanente, y los dos ignoran por igual a su hijo que sufre la violencia en soledad y un día, cansado de tanto dolor, desaparece sin dejar rastro alguno.

Allí comienza la búsqueda de una policía poco armada para estos casos y la colaboración de una escuadra de voluntarios que se dedica a temas de esta naturaleza y que, por lo visto en este relato, son bastante frecuentes en la Rusia de hoy, y también en el mundo que nos toca vivir a todos, donde la institución familiar está en crisis.

El director de la notable "Leviatán" vuelve a recurrir al armado de climas y escenas de sexo que son clave para entender el hedonismo en primer plano, sexo sin amor, es decir del entendido como un todo que también incluye además de la pasión una elaboración intelectual y, llegado el caso, el amor por los hijos.

Mas allá de lo logrado en lo visual y esa primera pintura de los personajes, el relato se deja llevar por la búsqueda que emprende este grupo de mastines humanos que están decididos a no detenerse hasta dar con el chico, no obstante la respuesta será dada finalmente por vía indirecta, dejando en claro que el titulo del film es acertado.

El problema de Zvyagintsev es que alarga demasiado su historia a la que intenta dar un tono político también indirecto (incluye imágenes de la TV con los recientes conflictos en Rumania) y una última escena que pone en duda el giro político-social de la Rusia actual, marcada a fuego por el consumo, el presente y la superficialidad, subrayados en mensajes demasiado obvios.

Detalle curioso de esta edición de Cannes es que la animación que precede a cada proyección (una escalera con peldaños de cristal que asciende desde el fondo del mar hasta el cielo estrellado) este 70° aniversario duplicó los escalones y a cada uno le dio el nombre de un gran director, dejando para los últimos a Ingmar Bergman y a Orson Welles, en el top e inalcanzables, sugiriendo una vez más a "El ciudadano" como la mejor película de la historia del cine.
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