14/05/2017 novedades discogrficas

El estadounidense Mark Lanegan y los argentinos Los Espritus concretaron grandes discos

El cantautor estadounidense Mark Lanegan cruza su voz oscura con elementos del kraurock en su nuevo disco "Gargoyle", mientras que los argentinos Los Espíritus lanzaron su tercer álbum "Agua Ardiente" con grandes canciones.

MARK LANEGAN-“GARGOYLE”

 Mark Lanegan, una de las voces más expresivas e influyentes surgidas del rock indie estadounidense, mantiene la línea electrónica con bases del krautrock en su nuevo disco "Gargoyle", aunque, en esta oportunidad, se muestra con más luminosidad y optimista que en sus trabajos anteriores.

Ya convertido en un crooner de culto, el ex Screaming Trees se da el gusto de hacer discos sin dejarse llevar por las modas ni por sus propios éxitos.

Si con los primeros álbumes estaba más cerca del grunge blusero y luego se pasó a la canción guitarrera, siempre con un halo de
oscuridad e introspección, ya desde el impecable "Blues Funeral" (2012) está inclinado hacia las bases electrónicas que continuó en "Phantom Radio" (2014) y en "Gargoyle".

Lejos quedó la etapa punk de "Nearly Lost You" o "Dust" con su ex banda, aunque mantiene las letras más cercanas a la poesía que a las canciones, con una profundidad que lo pone a la altura de un Nick Cave, Tom Waits o Leonard Cohen.

"Sobre la calle de mármol, una procesión se derrama, sobre la pared del Mar Blanco, las olas chocan otra vez, la oscuridad brilla, entonces desaparece, los días siguen a las noches y las noches siguen a los días", cantan Lanegan en "Goodbye Beauty", en unos versos que suenan a "El Sol": "El sol se fue, es sólo lo que sé; Sin ángeles en el aire, con los corazones tan buenos como dorados; cuánto más cerca estás de las puertas, más éstas se cierran".

Esa línea trazada en "The Winding Sheet" (1990) se puede escuchar en "Nocturne", "Blue Blue Sea" o en la preciosa "Sister", donde la voz de barítono se apoya en un órgano hammond, instrumento que lo acompañó durante toda su carrera para endulzar las amargas melodías.

Pero el disco empieza a sorprender cuando se escucha "Beehive", "Old Swan" o, aún más, "Emperor", piezas con tintes pop, que iluminan una carrera mecida tras el oscuro velo del encierro de alguien que fue íntimo amigo de Kurt Cobain y Layne Staley.

Y si de colaboraciones se trata, Lanegan es un número uno: a través de los años compartió discos y escenarios con Dave Gahan, PJ Harvey, Kurt Cobain, Mad Season, Queens of The Stone Age, Greg Dulli e Isobel Campbell, entre otros, y para este disco no quiso ser menos: el multi instrumentistas británico Rob Marshall compuso 6 de las 10 canciones y Alain Johannes volvió a estar a cargo de la producción y de las guitarras.

Mientras que el británico Duke Garwood aporto varios instrumentos, Josh Homme y Greg Dulli de los recientemente reunidos The Afghan Whigs pusieron voces en algunas canciones y el ex Red Hot Chilli Peppers y ex Pearl Jam Jack Irons se hizo cargo de las baterías.

La prolífera carrera de Lanegan prepara para este 2017 la salida de su primer libro, "I am The Wolf", un compilado de letras y poesías, que contará con prólogo de Moby y prefacio de John Cale, como para seguir sumando adhesiones a una trayectoria que a esta altura ya es de bronce.

LOS ESPIRITUS-“AGUA ARDIENTE”

 Tercer disco de este combo que se hizo un espacio en la escena independiente con grandes canciones que apostaban al blues acústico, mezclado con el country, el western, y algunos elementos rioplatenses y que en esta ocasión vuelve a sorprender con otro puñado de buenas canciones.

El combo decide abrir el disco con “Huracanes” con pulso entre blusero y rockero con una guitarra con un buen wah wah, la voz algo resfriada, buen trabajo de la base y la percusión, además de los teclados. La letra habla de ir caminando al sur y los Espíritus mezclan el clima vudú que impera en Nueva Orleans con el del Río de La Plata para producir una alquimia y un tipo de magia nueva.

“Jugo” es un rock latino con un buen inicio de las eléctricas de Maxi Prietto y Miguel Mactas sobre la acústica de Santiago Moraes, además de un interesante entramado percusivo planteado por Pipe Correa en batería y Fer Barrey en percusión, mientras el bajo de Martin Fernández Batmalle es puro groove. Otra vez las guitarras se lucen con solos metidos en diferentes momentos y la canción es un rock-blusero bien creole.

Es interesante la química que logra la banda con el productor Nacho Perotti, que el experimentado Mario Breuer desde la masterización termina de cerrar logrando un notable audio.

“Perdida en el fuego” es un blues campesino, un western, oscuro, bien negro pero no de la negritud de Chicago, sino de esa que crece y se desarrolla al costado del Mississippi porque como siempre se escribió sobre este interesante grupo sus canciones tranquilamente podrían haber formado parte del soundtrack de la primera temporada de “True Detective e” cuando la serie se embarraba en el lodo del Mississippi y se cruzaba con el vudú y la magia negra.

Perdida en el fuego” es una de las mejores canciones del disco, con interesantes arreglos de la eléctrica y un gran trabajo de la percusión y la batería.

Quizás la referencia lejana y cercana a la vez sea la del fallecido Willy De Ville a la hora de describir a los Espíritus como el cantinero “La rueda que mueve al mundo”, bien de Bares y Fondas, con la voz procesada, la acústica al frente, al igual que el piano, la batería suave, la percusión destacada y un toque bien orgánico en una noche que huele a whisky de alambique, de aguardiente, ginebra, vino de mesa, mientras las voces de Prietto y Moraes hablan de la Madre Tierra, de la Pachamama hasta que a mitad de la canción se meten las eléctricas con una distorsión sucia y casera que le dan un toque latino, que Santana perdió hace siglos.

Además en la letra de “La rueda…” los Espíritus se despacha con fuerte contenido social al critica al sistema capitalista neoliberal que genera millones de desocupados al año con un párrafo que reza: ““La rueda que mueve al mundo va a girar y girar. Dinero, sangre, humo, eso la hace girar. La rueda alimenta a unos pocos. Para nosotros no hay más que palizas o entretenimientos. Para poder aguantar vamos a trabajar y después a comprar”.

“Esa luz” abre como un rockito entrador, bien cuidado, con la batería blusera, las voces bien poperas, la percusión dándole un toque latino, mientras las eléctricas puntean con muy buen gusto.

“La mirada” tiene un inicio bien blusero con un teclado, la guitarra sucia, saturada y cuando la canción emprende el camino los Espíritus se meten de lleno en los trenes suburbanos y el subte de Capital Federal y Gran Buenos Aires cuando por las noches los cartoneros dan la ultima pelea por la dignidad para poder poner el pan sobre su mesa. El solo embarrado de guitarra que luego tiene algunos punteos santanescos es un notable buen gusto.

“Mapa vacío” tiene como base a la acústica, la batería, la percusión y el bajo, mientras las eléctricas cargadas de misterio y nocturnidad, un gran trabajo de las eléctricas y del clima bien negro de Orleans, esa mezcla de negros, haitianos, blancos, vampiros de Anne Rice y otras monstruosidades.

“Las armas las carga el diablo” es blues campesino muy cerca del country, con gran trabajo de las guitarras, la voz otra vez resfriada, casi gastada, contando una historia con denuncia sobre la creciente ola de violencia institucional que se vive, criticando a la maldita policía por los casos de gatillo fácil. Los Espíritus dan otra muestra de urbanidad confeccionado un realismo sucio bonaerense al contar la historia de un Pixote de algún lugar del Conurbano.

“Luna Llena” trae de nuevo el misterio de la nocturnidad a dos veces, las guitarras mezclándose entre la melodía y los punteos, mientras el bajo, batería y percusión despliegan el aire blusero sucio, fluvial como para un viaje en canoa por el Tigre.

El disco se cierra con “El viento” un blues más eléctrico, al estilo The Doors por el trabajo instrumental, con los wah wah pelando y cortando el clima, mientras las voces se ponen lisérgicas y hablan de una conexión con la eternidad y con la Tierra desde los hongos y otras sustancias. En un gran final para otra gran disco de esta banda.