13/05/2017 literatura

Beatriz Sarlo situ a Juan Jos Saer en la cima del canon literario post Borges

La escritora dijo que se avecina una nueva etapa porque "Saer ya no es un nuevo escritor" y señaló que "en tanto no fue un consagrado, siempre mantenía esa cualidad de un nuevo escritor"

Por Corresponsal


La crítica literaria Beatriz Sarlo cerró ayer el Coloquio Internacional Juan José Saer, que se desarrolló a lo largo de tres jornadas en la ciudad de Santa Fe, y en su conferencia opinó que "el canon de la literatura argentina post Borges está encabezado por Saer, (luego) vienen (César) Aira y Fogwill, y punto".

Ante un numeroso auditorio convocado en el hotel UNL-ATE de la capital santafesina, del que formaron parte los críticos y escritores Noé Jitrik, Martín Kohan, Alan Pauls, María Teresa Gramuglio, Sergio Chejfec y Martín Prietto, entre otros, Sarlo dijo además que el coloquio marcará el surgimiento de una nueva etapa en la crítica a la obra de Saer.

"Surge una nueva etapa, primero por el carácter de la frase que dijo (Edgardo) Dobry, sobre la posteridad de Saer; segundo, por el reclamo que está presente con vehemencia en la intervención de Nora Avaro (sobre la posibilidad de criticar a Saer), pero en tercer lugar y como motivo que desborda este congreso, porque ya no hay que defenderlo. Se podrá decir que Piglia es mejor que Saer, que Saer es igual a Piglia, que Aira es mejor, o que Fogwill es mejor", interpretó.

Seguidamente, amplió su idea al decir que "se podrá hacer una discusión de canon, que por otra parte es interesante. Yo afirmo en este momento: para mí, el canon de la literatura argentina post Borges está encabezado por Saer, (luego) vienen Aira y Fogwill, y punto".

Sarlo inició su intervención aclarando de quejaba de lado el escrito que preparó para la ocasión porque hubo dos intervenciones que la "iluminaron": la de Edgardo Dobry, de la Universidad de Barcelona, y de Nora Avaro, de la Universidad de Rosario.

"Dobry dijo en su intervención que celebramos o estamos asistiendo a la posteridad de Saer, que Saer definitivamente es un autor póstumo, muerto, y además nosotros seguíamos enterrando bajo nuestros discursos, lo convertíamos en póstumo en ese sentido", explicó.

Y agregó: "El sentido descriptivo es justo, estábamos asistiendo a una ceremonia de lo que llamamos canonización o a una ceremonia de establecimiento de un gran escritor argentino".

Sobre la ponencia de Avaro rescató que "reclamó un derecho: ¿se puede decir que una novela no es tan buena como las otras?, y lo dijo en un tono de desafío; es decir, nosotros podemos decir que tal novela de Saer nos gusta menos que tal otra, podemos decir "Salambó" (Flaubert) suena como una novela extremadamente construida pero también como una especie de cómic de aventuras, es decir, podemos decir que algunos poemas de "Las flores del Mal" (Baudelaire) no nos gustan como otros".

"Su intervención me gustó e interpeló: ¿se puede decir de Saer, como se dijo de Homero, que a veces duerme?, ¿o no? Esto es parte de la entrada a la posteridad, cuando se puede decir, es porque ya está definitivamente en la posteridad", añadió.

Para Sarlo, entender de esa forma el problema permitirá que a Saer "se lo va a poder tratar como parte de la gran herencia argentina, latinoamericana u occidental, donde podamos o pensemos que tiene que estar esa herencia".

Luego, postuló que el coloquio, organizado por el Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia, cierra la primera etapa de la crítica saeriana, que abarca 45 años.

"La reiteración de palabras y palabras que se da en esta reunión es lo que marca un léxico y un vocabulario común, aunque se digan cosas diferentes en cada una de las ponencias, lo que marca es un léxico común, las veces que se dijo 'recuerdo, memoria, y recuerdo y memoria, y memoria y recuerdo, y experiencia, memoria y recuerdo' son absolutamente infinitas y la crítica se caracteriza por léxico, los diferentes períodos de la crítica se caracterizan por variaciones léxicas, entre otras cosas", argumentó.

Explicó que en esa primera etapa se utilizó "una crítica para defender al escritor que venía a presentar, había que defender el lugar de Saer y establecerlo. Porque era un lugar poco reconocido y porque muchas de estas primeras notas críticas son reseñas, libros leídos en su contemporaneidad y escritos en el batir del tambor de esa contemporaneidad".

Consideró que se inicia una nueva etapa en la crítica a la obra de Saer por varios motivos, entre los que citó el hecho que "ya no hay que defenderlo" y "porque pasó de moda la teoría en base a la cual hasta hoy se sigue discutiendo la teoría del personaje, la crítica del sujeto, un debate que ya no hay que hacer".

También dijo que se avecina una nueva etapa porque "Saer ya no es un nuevo escritor" y señaló que "en tanto no fue un consagrado, siempre mantenía esa cualidad de un nuevo escritor, como si fuera una solterona que se conserva muy bien".

"Entonces, la crítica tiene nuevos derechos, y no tiene por qué tener miramientos, porque no le va a entregar armas al enemigo. Nosotros teníamos la idea que no había que entregarle armas al enemigo, a quienes pensaban que Saer no era un gran escritor, sino que había que defenderlo siempre, como los caballeros del Rey Arturo, eso éramos", admitió.

También opinó que Saer fue un escritor "desdichado en el ciclo de sus publicaciones", aunque aclaró que no en sus primeras ediciones (La vuelta completa, Biblioteca Vigil, de Rosario), sino por llegar a Sudamericana cuando la editorial "tenía comido el cerebro por el boom (latinoamericano)".

"Sudamericana esperaba la llegada de García Márquez, no la llegada de 'Cicatrices'; y estuvo en una editorial de la súper onda, como Jorge Álvarez, y pasó completamente desapercibido", abundó.

Dijo que le fue mal con las ediciones españolas ("El limonero real" y "A medio borrar"), que Saer "se estabiliza es sin dudas" con Alianza-Seix Barral y el editor Alberto Díaz" y levantó "una apuesta, doble contra sencillo" a que en las ediciones del Centro Editor de América Latina "Saer vendió más ejemplares en conjunto que todo lo que lleva vendido hoy".

Finalizó resignificando una anécdota contada por Noé Jitrik en su conferencia de apertura del coloquio, cuando el crítico recordó que manejando su automóvil en Europa asustó a Saer al pasar vehículos en una carretera y el escritor de Serodino le advirtió, en tono que podría ser el de sus antepasados árabes, que "no tenemos apuro".

"Esta anécdota no significaba nada ni para Noé ni para Saer, pero, en efecto, Saer no tuvo apuro, desde ese comienzo de 'En la zona', no tuvo apuro. Tenía una fe bien fundada en lo que él estaba haciendo, pero supo esperar y no aflojó nunca en cuanto a los términos de su literatura. Saer era el hijo de inmigrantes que no tuvo apuro, y quizás por eso sea tan grande", concluyó.

Para leer el cable de la nota acceder a: http://cablera.telam.com.ar/cable/507823/beatriz-sarlo-situo-a-juan-jose-saer-en-la-cima-del-canon-literario-argentino-post-borges