20/04/2017 cine

“Anina”, un film de dibujos animados uruguayos que ya dio la vuelta al mundo, se estrena en Argentina

A cuatro años de su estreno en Montevideo, la ópera prima como cineasta del ilustrador uruguayo Alfredo Soderguit, basada en el relato infantil de Sergio López Suárez y que logró reconocimiento internacional, llega a las salas porteñas.

Claudio D. Minghetti

Por Claudio D. Minghetti

El libro del también dibujante uruguayo López Suárez estuvo en la cabeza de Soderguit por mucho tiempo, y desde el momento en que se propuso transformarlo en un filme, con guión, de Federico Ivanier, hasta su estreno en 2013 hubo 9 años de trabajo.

Uruguay un país que en la última década rueda cada vez más filmes, en consonancia con el crecimiento del cine argentino, sorprendió con esta propuesta en numerosos festivales y muestras internacionales que le permitieron una comercialización mundial.

El relato tiene como eje a Anina Yatay Salas, niña con tres nombres en palíndromo, es decir que pueden leerse perfectamente en un sentido o en otro, algo comúnmente conocido como capicúa, una idea que sobrevuela toda la historia y le da un toque muy particular.

Ese nombre capicúa es el que desata un conflicto con una compañera de escuela y por el que como dice la misma protagonísta se mete en “un lío espectacular”, por el que debe cumplir, igual que la otra alumna, con la promesa de no abrir un sobre que le entrega la directora.

La aventura de esta niña, en una etapa en la que se empiezan a descubrir cosas y a dejar atrás la infancia permite a Soderguit construir una animación que puede leerse como una película con actores, donde el lenguaje cinematográfico también es protagonista.

Se trata de un cine de sentimientos, en el que las experiencias de Anina permiten entender cómo funciona el mundo de los niños frente a padres que los contienen y despiertan su interés y curiosidad por la vida misma, en un universo mitad de sueños, mitad de realidad.

El resultado artístico es notable porque Soderguit no cae en la tentación de imitar los esquemas adocenados de Hollywood respaldados en lo técnico, y se pone como meta que sus personajes sean casi muñecos, con extremo cuidado en tramas, en colores y perspectivas.

Tráiler de "Anina"

Hasta ahora en la Argentina solo se había visto en el Bafici, donde ganó el premio del público, pero ya recorrió una docena de países americanos incluyendo Estados Unidos y Canadá, toda Europa, -en Francia, la vieron 60.000 espectadores-, Rusia, China, India, Corea del Sur y Australia.

Télam: ¿Cómo fue pasar del trabajo como ilustrador, que es más solitario, al cine, que es más colectivo?
Alfredo Soderguit: La diferencia más grande, más allá de las cuestiones técnicas y del manejo de un lenguaje sofisticado, es pasar de un trabajo muy centrado en la reflexión personal, con autocontrol total, a algo colectivo. Es así. A mí me habían encargado ilustrar esta novela y cuando lo hice empecé a imaginar cómo podría verse en cine, y para eso decidí conectarme con gente que supiera del tema, porque ese relato tenía que convertirse en un guión de cine.

T: ¿Y como fue encontrarte con Federico Ivanier?
AS: Se dio una coincidencia. Recibo un llamado de Ivanier, a quien conocía por sus novelas para chicos y me dice “Sabés que yo también soy guionista y me gustaría hacer la adaptación de un libro para una animación”, y yo le pregunté si se animaría a hacer la de otro escritor. Me vino como anillo al dedo. Después aparecieron Germán Tejeira y Julián Goyoaga que en mi país se dedican a la animación y están a full con el cine, y Alejo Schettini se encargó de armar un equipo de animadores y salió el proyecto.

T: Mucha gente cree que solo Estados Unidos puede hacer animaciones de nivel... ¿Es así?
AS: Creo que en mercado, en industria, no se puede comparar, pero una vez nos pidieron la película de Disney, pero no creo que le movamos nada en el tema comercial. A mi me pasó algo muy curioso en 2010, cuando estábamos en proyecto de producción y nos invitaron a Estados Unidos a recorrer estudios, y si bien quería conocer a Bill Plymton pero resultó que era inubicable, nos llevaron a Dreamworks.

T: Allí me contaron tuviste un curioso encuentro...
AS: Sí, en un megacomedor del lugar nos presentaron a quien estaba a cargo de la iluminación de “Shrek” que habla perfecto español y le dije lo bueno que debía ser tener un papel así en una empresa importante, ganando bien y haciendo lo que te gusta y me dijo “Si, pero vos estás haciendo una película y yo aquí difícilmente pueda hacer una”. El hecho de hacer cine de animación en un lugar que nadie lo imaginaría posible es un potencial.

T: ¿Cómo armaste el equipo?
AS: Un equipo chico, principalmente como animadores, gente mucho más habituada a lo sutil, a la construcción de personajes, para que la película tuviera mucha sensibilidad. No queríamos animadores que supieran de inercia, de rebotes, no queríamos acciones sino gestos. Y todo esto yo creo que le da a la película como un tono que está muy bueno. El equipo fue fundamental.

T: Y el tratamiento cinematográfico...?
AS: Cuando nos pusimos a trabajar en el primer story board nos propusimos no ser efectistas, es decir provocar la fascinación con el efecto, queríamos ser honestos, hacer una película costumbrista. Dijimos que íbamos a hacer una película como si fuese un rodaje, con pocos carros, pocos giros, y nos permitimos un poco más de juego en los sueños de la protagonista.

Tomamos eso como premisa, como si estábamos filmando con un presupuesto bajo decidimos priorizar un lenguaje cinematográfico en cierto sentido tradicional, honesto.

T: Escenarios y voces, de muy buenos actores, para personajes de un trazo en el que priman los sentimientos...
AS: Exactamente. Los actores sabían cómo eran los personajes, pero no cómo eran los escenarios. Fue un riesgo que tomamos y después funcionó. Los personajes tienen que ser caricaturizados, pero con la ternura de un muñeco, de un juguete. Anina es como una muñeca de trapo, pero tienen que estar vivos, y teníamos que cargar humanidad a la ternura que transmite el muñequito.

T: Hay boletos de colectivos capicúas, algo que ya no existe...
AS: Cuando estábamos en proceso todavía existían, y salieron de circulación justo cuando la terminamos. Incluso teníamos pensada una movida con las empresas de transporte que se pinchó.

T: Genera una nostalgia, porque al mismo tiempo es una historia acerca de alguien que crece, que está a punto de abrir un nuevo capítulo de su vida...
AS: E un momento clave. A veces cuando me preguntan acerca de la sensación de nostalgia, pienso que todos los que hicimos esta película pusimos mucho de nuestra propia infancia, tratar de jugar a eso que vivíamos cuando éramos chicos.

T: ¿Dentro de cuanto una nueva animación así?
AS: Seguramente a fin de año iniciaremos la producción de la próxima, pero hemos aprendido mucho de esta y tendrá otro tipo de planificación. Mientras tanto trabajamos en otros proyectos, muchos proyectos, incluso en una historieta. Calculo que en cuatro años vamos a tener algo.