29/03/2017 Reino Unido / Irlanda

Pondr el Brexit en riesgo la paz en Irlanda del Norte?

El 23 de junio de 2016, el triunfo del Brexit -ruptura con la Unión Europea (UE)- en un referéndum del Reino Unido hizo renacer en Irlanda del Norte el feudo entre unionistas (protestantes) y republicanos (católicos), que derramó tanta sangre en la provincia desde su creación en 1921.

Por Nstor Gorojovsky


No pocos temen que allí la gran derrotada por el Brexit sea la paz tan trabajosamente obtenida veinte años atrás, después de sesenta y cinco de violencia crónica.

Escocia e Irlanda del Norte se pronunciaron terminantemente contra el Brexit, que venció en la elección general con los votos de Inglaterra y Gales, muy trabajados por una creciente xenofobia ante la ola migratoria que repentinamente está llegando a Europa desde Asia y África.

Se le sumó además la convicción de que la baja en el nivel de vida producto de las políticas de austeridad se debía a la burocracia de "Bruselas" (la UE) y no a las decisiones de los propios conservadores.

Esa noción fue hábilmente explotada por el eurófobo Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), de Nigel Farage, y el ala más ortodoxa del Partido Conservador, de Boris Johnson.

En Escocia, hasta ahora el Brexit alentó un nuevo referéndum independentista, cuya realización -en lo posible en 2018- fue promovida ayer mismo por el parlamento local a pedido de la ministro principal, la nacionalista escocesa Nicola Sturgeon.

En Irlanda del Norte, en cambio, el Brexit, que recogió allí un 56% de votos en contra, sacudió el sutil equilibrio electoral sobre el que se habían cimentado los acuerdos de paz del Viernes Santo de 1998.

Desde 1973, cuando el Reino Unido se integró a la UE, y en especial desde 1998, toda Irlanda del Norte -católicos y protestantes del único territorio insular británico que tiene límite terrestre con un país de la UE, la república de Irlanda- se benefició con el incremento del intercambio con Dublín, y disfrutó de importantes subsidios de la comunidad.

Estos subsidios surgen básicamente de la política agrícola común (PAC), y agregan cruciales flujos de fondos, destinados a consolidar la pacificación en las regiones fronterizas, mayoritariamente habitadas por católicos.

Los acuerdos de paz aseguraban que habría gobiernos conjuntos de protestantes y católicos, pero sobre el supuesto -no por implícito menos evidente- de que los unionistas siempre tendrían absoluta mayoría.

Sin embargo, en las últimas elecciones, las primeras tras la victoria del Brexit, el partido "católico" (Sinn Fein, republicano) empató con el "protestante" (DUP, unionista) y le hizo perder su "natural" mayoría absoluta.

Los "fenianos" se habían movilizado mejor, pero también había ocurrido otra cosa: el interés económico y social, así como el temor a un nuevo tiempo de violencia intracomunitaria, había superado por vez primera los prejuicios basados en la fe, especialmente entre los jóvenes.

La cuestión se intensificó cuando, el 17 de enero, la primera ministra británica, Theresa May, prometió -para luego retroceder un tanto- un "Brexit duro", combinación explosiva en Irlanda del Norte: salida completa del mercado único, y fin de los subsidios y de la libre circulación personal.

Rebrotó el temor al establecimiento de una valla entre las dos Irlandas. Los puestos fronterizos podían ser demasiado tentadores para algún interesado en relanzarla con algún atentado. La violencia, tan dañina en la memoria, pareció resurgir en el futuro.

Sobre esta base, muchos pensadores, analistas políticos e intelectuales se plantean la pregunta impensable: ¿y si las dos Irlandas se unieran, qué pasaría realmente?

Según explicó Viviane Gravey, experta de la Universidad de Belfast, al portal France 24, "una amplia mayoría de los nacionalistas votaron por la permanencia (en la UE), y una débil mayoría de unionistas por la ruptura", agregó, y observó que las áreas limítrofes con la República de Irlanda, que se inclinaron abrumadoramente contra el Brexit.

"Hay una doble fractura", concluyó: una "entre Irlanda del Norte y el Reino Unido sobre el Brexit, pero también otra interna".

Resulta difícil imaginar un "Brexit duro" sin frontera cerrada entre las dos partes de Irlanda. "No se puede cerrar la entrada por la puerta del frente (el Canal de la Mancha) mientras se deja abierta la de atrás (Irlanda del Norte)", sintentizó vívidamente Gravey.

El 9 de enero, el gobierno entró en crisis cuando la renuncia de Martin McGuinness, líder del Sinn Fein, a su cargo de vice primer ministro principal forzó a la primera ministro unionista, Arlene Foster, a convocar nuevas elecciones para luego consensuar un gabinete conjunto de católicos y protestantes según los acuerdos de paz.

El 2 de marzo hubo elecciones anticipadas, que revelaron que la hegemonía absoluta del DUP sobre el Sinn Fein había terminado: la diferencia entre ambos en el parlamento local pasó de 10 bancas a solo una.

Las negociaciones para la formación de gobierno están empantanadas, y Londres ya advirtió que si los políticos norirlandeses no encuentran una solución suspenderá la autonomía de la provincia.

Con una frontera renacida y semejante vacío de poder, los elementos más radicalizados de cada comunidad podrían terminar siendo los grandes ganadores en Irlanda del Norte.