20/03/2017 Danza

Julio Bocca: “Hay que buscar la excelencia, más aún si se trabaja con el dinero de la gente”

El coreógrafo que dirige el Ballet Nacional de Uruguay con el cual presentará en mayo la obra “Hamlet ruso”, en el Teatro Ópera, destacó la importancia de buscar la “excelencia” en su labor y remarcó que esa postura se impone “más aún si se trabaja con el dinero de la gente y se representa a un país”.

“En el Ballet Nacional Sodre hay excelencia, hay respeto, hay disciplina. Es una compañía que trabaja de manera normal, como ocurre en otras partes del mundo. Así debe ser, más aún si se trabaja con el dinero de la gente y se representa a un país”, manifestó Bocca, en una entrevista con Télam.

Julio Bocca: “Hay que buscar la excelencia, más aún si se trabaja con el dinero de la gente”

En tal sentido, el bailarín destacó “el cambio de mentalidad” que logró imponer en el ballet uruguayo, a partir de la implementación de contratos anuales, entre otras cosas, que obliga a los profesionales a mantenerse “en forma”.

Ese nivel de exigencia permite que, actualmente, el Sodre pueda encarar una producción como la que el público argentino podrá ver en mayo, en una obra que tuvo al propio Bocca como protagonista, con el propio creador, el coreógrafo Boris Eifman, como director.

Precisamente, con Bocca en rol del Príncipe Pablo, esta historia basada en el derrotero de la dinastía Romanov, con sus luchas de poder y su impacto en la psiquis del protagonista, fue presentada en el Estadio Luna Park, en 2005.

Instalado en Montevideo desde 2010, en donde logró posicionar al Sodre entre las grandes compañías del mundo, Bocca hizo una visita relámpago a Buenos Aires para anunciar la presentación de mayo próximo y, en este contexto, conversó con esta agencia sobre su rol como director, su relación con el público argentino y su visión sobre la forma en que se debe encarar esta labor.

Télam: ¿Qué podría comentarnos de esta obra que presentará en Argentina?
Julio Bocca: Es la tercera vez que vendremos al país pero la primera vez con todo el ballet completo. Es todo un esfuerzo pero también es una manera de mostrar el trabajo que estamos haciendo. Es una obra muy especial porque yo la hice bajo las órdenes de Boris Eifman y tuve la suerte de trabajarla, desarrollarla y contar con todos los tips que el coreógrafo me fue tirando, así que ahora se los puedo pasar a los bailarines. Es una obra muy rica. Coreográficamente es exquisita, muy musical y, para las primeras figuras, es muy rica para su interpretación, porque contás una historia fuerte, dura. También es de una gran riqueza en lo relativo al crecimiento del artista a lo largo de la función. Así que es muy completa, con un vestuario y escenografía imponentes, muy grupal. No estamos viniendo con un ballet clásico que la gente estás acostumbrado a ver, sino que es algo diferente. Y además, ayudará a que siga creciendo esta relación que estamos teniendo con el público argentino.

T: ¿Siente que la respuesta del público será igual que en 2005 aunque no sea usted el protagonista?
J.B.: Siempre lo que más va a vender es mi nombre. La gente sabe que siempre cuidé los detalles como bailarín, así que creo que va a ir por eso, pero se va a sorprender. Las dos veces anteriores que estuvimos, la respuesta del público fue muy linda para con la compañía, no sólo cuando salí a saludar yo. En España, la gente quedó sorprendida del nivel que había, de la conducta y de la ductilidad del ballet, así que creo que aquí también se va a disfrutar a nivel compañía.

T: A la hora de dirigir, ¿en cuánto ayuda el hecho de haber protagonizado esta obra?
J.B.: Trato de transmitir las palabras y los gestos que el coreógrafo me transmitió a mí. Pero cada elenco es diferente, entonces busco cada uno trate de transmitir lo que la obra pide, pero sin que se pierda la personalidad de cada bailarín. Antes, un coreógrafo decía cosas y uno trabaja de interpretar. Yo escuchaba y hacía, pero no preguntaba ni respondía. Ahora es totalmente diferente. Te preguntan, te discuten, hay otro manejo y eso hace que todo sea distinto. Para mí es un gran desafío porque tengo que encontrar las palabras para transmitir lo que el coreógrafo pedía y, a la vez, que me entiendan. A veces pareciera que pasar al otro lado es más sencillo, pero es tan complicado como cuando bailaba.

T: ¿Es de los directores que aceptan el ida y vuelta con el bailarín?
J.B.: Estoy en el medio. Trato de escuchar, ver, aprender, pero al mismo tiempo uno tiene que bajar una línea más completa para que ellos se sientan más seguros. Escucho, pero hay momento en donde tomo una decisión. Doy libertades a pesar de que marco cosas y, al final de cada función, también hay un feedback con el bailarín.

T.: Usted logró posicionar al Sodre entre las grandes compañías del mundo. ¿Qué falta en la Argentina para lograr algo así?
J.B.: Internamente no sé cómo está la situación ahora, pero puedo decir lo que hicimos en Uruguay. Allí hubo que hacer un cambio muy grande. Primero, tuve un gran apoyo político de todos los partidos que generó un apoyo de la gente y la prensa. Reestructuré muchas cosas porque yo vengo de una lógica muy americana, del capitalismo, con contratos anuales, nada de estabilidad. Ahora, en la compañía todos tienen contratos anuales, incluso yo, lo que obliga a audicionar cada año. Ese es un cambio de mentalidad muy grande porque siempre tenés que estar en forma para seguir. Así, uno puede ser muy exigente. Yo tengo que estar todo el tiempo generando cosas, moviéndome. El arte es eso. No podría encarar cambios si estuviera solamente sentado cobrando un sueldo. Y también es importante contar con la libertad de proyectar a largo plazo, como ocurre en otros lados. Por ejemplo, el año que viene estaremos con una coreografía que la venimos trabajando desde 2010. Eso afuera lo ven. Hay excelencia en el trabajo, hay respeto, hay disciplina. Es una compañía que trabaja de manera normal, como ocurre en otras partes del mundo. Así debe ser, más aún si se trabaja con el dinero de la gente y se representa a un país”.
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