18/03/2017 Fundación Proa

La primera retrospectiva en la Argentina del artista francés Yves Klein

Se trata de 70 obras que incluyen sus producciones más emblemáticas, como sus cuadrados de azul ultramarino saturado, resultado de un nuevo color en la historia del arte: el International Klein Blue.



"Estuvo acá, en mi estudio, ha venido, lo he sentido. No es la primera vez que siento una cosa así, tuve unas cuantas otras pero esta vez no quise materializarlo con pintura o escribiéndolo. Yo quiero expresarlo, quiero decir lo que estoy pensando, lo que siento..", se puede escuchar la voz del propio Klein, grabada en un magnetofón, en una de las salas de Proa, como una suerte de pequeño altar, en penumbras, frente a su fotografía de mirada profunda.

Hijo de artistas, Yves Klein nació Niza en 1928, fue una figura importante dentro del movimiento dadaísta, produjo la mayor parte de su trabajo en los años 50 y falleció joven, de un ataque al corazón, a los 34 años, en la ciudad de París en 1962.

"La de Klein es una obra espiritual, un poco mística. El fue por ejemplo cuarto Dan en judo, una disciplina de una filosofía muy zen, que no es ni de fuerza ni de lucha, sino que es mental. Trasladaba los movimientos del yudo a sus pinturas. En su carrera de pintor, si es que podemos llamarle pintor, él ha intentado ir a lo esencial. Si me preguntan cuál es la obra más importante de Klein yo contestaría, segurísimo, lo inmaterial, lo que no existe, no se ve", cuenta a Télam el curador de la exposición, Daniel Moquay, director de los Archivos Yves Klein, y casado con Rotraut Klein, la viuda del fallecido artista.

En tan solo siete años de producción artística -al quedar trunca su carrera por su temprana muerte- Klein realizó las obras de profundo azul que se pueden ver en Proa y que causan un fuerte impacto visual, casi hipnóticas; desde la piscina repleta del pigmento azul hasta ramas o pequeña escultura de yeso, copias de "La victoria de Samotracia", otra de "La Venus de Alejandria", adquiridas en la tienda de regalos del Louvre. Su idea era inyectar un nuevo sentido de espiritualidad a través del color azul puro.

Klein es también uno de los precursores del happening, con la realización de sus "Antropometrías" en público -el cuerpo de mujer con pintura azul lo pasaba por el lienzo en blanco sobre el suelo- y el "Salto al Vacío", entre otros proyectos que integran la exposición a partir de documentos.

Además, Klein realizó pinturas de fuego: delineaba el contorno del cuerpo de una mujer, colocada detrás de un grueso lienzo mientras que él, del otro lado, echaba fuego a través de una suerte de bazuca de no menos de 60 kilos. El resultado: cuerpos de mujeres delineados sobre la tela, etéreas, como nadando o flotando.

Pero además su historia está asociada a numerosos gestos radicales: al inaugurar una exposición en París en 1957 lanzó al aire 1001 globos -azules, desde ya- llenos de helio; al año siguiente presentó una muestra en una galería de arte en la que expuso... nada y que bautizó "The void" ("El vacío") y con la que atrajo a 2500 personas. O en 1960 cuando presentó sus "Antropometrías" -en las que definía a las mujeres como "pinceles vivientes"- y donde contrató nueve músicos para interpretar una pieza de su autoría: "Sinfonía monótona-silencio", que consistía en una sola nota interpretada durante 20 minutos.

En sus trabajos "Cosmogonías de lluvia y viento" el artista "intentaba recoger la sensibilidad de la naturaleza" -detalla el curador durante una recorrida por el espacio. Entonces viajaba hasta un río en Niza y coloreaba de azul las plantas, que luego imprimía sobre sus telas, o llenaba de color un lienzo y lo colocaba sobre el techo del auto y se trasladaba de una ciudad a otra, para ver qué efectos tenían la lluvia, el viento o el sol.

Klein realizó su primera exposición en 1955 y falleció en 1962, a los 34 años. Una carrera fugaz pero prolífica, que combinó práctica pictórica, espiritualidad, la fuerza de la naturaleza y la exploración de un camino hacia lo absoluto.

"De muy joven, pasó quince meses en Japón practicando judo, era un gran deportista, estaba en plena forma, pero tuvo tres infartos y el tercero lo mató. Es una cosa no demasiado lógica. Yo creo que los químicos que inhalaba, sin saber, al realizar su color tienen, desgraciadamente, mucho que ver. En aquel tiempo, los artistas no llevaban máscara para trabajar con estos productos que hoy sabemos que son tan tóxicos, que te entran en los pulmones y los plastifican", cuenta el curador.

Si bien el "azul Klein" es el color con el que más se asocia a este pintor, sus pinturas monocromáticas han indagado también en el dorado y el rosa, tres colores que se pueden ver en tres cuadros, colocados uno junto a otro en una de las paredes de una sala de Proa, casi como una suerte de altar, una trinidad que apunta a provocar un estado mental.

- Télam: ¿Qué dice de la personalidad de Klein el hecho de que decidiera pintar con un solo color?

- Daniel Moquay: El era un personaje muy serio, que verdaderamente ha utilizado todas sus ideas. Trabajaba sin parar. Su carrera duró pocos años pero trabajaba día y noche, pintaba y escribía. Yo tuve la suerte, cuando conocí a su viuda, de ser el único que ha leído todo lo que escribió, que entonces estaba guardado dentro de cajas de cartón. Intenté poner en orden todo eso que leía y de repente encontraba ocho páginas iguales, escritas a mano, en las que sólo cambiaban dos o tres palabras. Estaba obsesionado por definir lo que quería decir. Era un obsesivo. Aún no hemos acabado de verdaderamente conocer todas sus facetas.

- Télam: ¿Profesaba alguna religión?

- DM: Sí, era católico. Nació en el sur de Francia, una región que pertenecía a Italia hasta el siglo XIX, una zona de muchas iglesias, de mucha fe, donde se encuentra la iglesia de Santa Rita de Casia, a 170 kilómetros de Roma. Ocurrió algo curioso allí. Es una zona de terremotos y nos enteramos que Klein había llevado un exvoto (una ofrenda) en una peregrinación. Una cajita que contenía colores oro, rosa y azul, y que detrás llevaba su firma. Eso ocurrió hace 20 años, entonces fui a hablar con la superiora y me contó que él había ido varias veces de visita. ¿Y ha traído algo más? le pregunté. Y me dijo "Sí, un pedazo de 'azzuro'". ¿Azul? ¡Un monocromo!, pensé. Y le pregunté ¿Aún lo tienen? ¿Puedo verlo? Y ella me responde: "Sí, claro. Cada año, cuando llega Navidad y armamos el pesebre, lo utilizamos para hacer el cielo".



La exposición "Yves Klein. Retrospectiva" se podrá visitar hasta el 31 de julio en Fundación PROA, Avenida Pedro de Mendoza 1929, en el barrio de La Boca, de martes a domingos de 11 a 19 (lunes cerrado).

Para leer el cable de la nota acceder a: https://cablera.telam.com.ar/cable/477572