10/03/2017 Opinin

Anlisis de puntos crticos en la cadena de suministro del PET postconsumo en Argentina

El PET es un tipo de plástico muy usado para la confección de botellas y textiles y tarda siglos en descomponerse, pero sus resistentes materiales son reciclables. Al respecto opinó para Télam la licenciada en Química, Estela López Sardi, quien está a cargo del Grupo de Investigación en Ingeniería Sustentable de la Universidad de Palermo.

Estela Mnica Lpez Sardi

Por Estela Mnica Lpez Sardi

La generación excesiva de residuos sólidos urbanos (RSU) y su ineficiente manejo acarrea problemas ambientales, sociales, políticos y daño a la salud pública. Sin embargo, antes de convertirse en basura los residuos han sido materias primas.

El PET o polietilentereftalato es el plástico elegido para la fabricación de botellas y todo tipo de envases gracias a sus especificaciones técnicas pese a que su costo comparativo es algo superior a otros polímeros plásticos. En condiciones naturales el PET tiene una vida media de 500 años pero puede reutilizarse si es sometido a un proceso de degradación química. Estos métodos han permitido desde hace décadas obtener fibras textiles a partir del PET reciclado o R-PET.

Actualmente, el avance tecnológico de los procesos permite obtener un producto cuya calidad lo hace apto también para la fabricación de nuevos envases con un contenido de hasta 51% de R-PET.

El estudio, realizado por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Palermo, surgió a partir de una entrevista con el área comercial de una empresa multinacional pionera en la elaboración de envases para bebidas confeccionados con R-PET que arrojó el siguiente dato: en nuestro país solo se recupera el 20% de los residuos reciclables, debido a la inexistencia de un sistema formal eficiente, que permita abastecer a las empresas del sector de suficiente material. 

Si bien la dirección principal para los productos en el mercado es del productor hacia el consumidor final, se observa que es cada vez mayor el flujo de productos que vuelven atrás, conocido como logística inversa. Dado que la materia prima para la industria del R-PET proviene de los residuos es posible suponer que es sencillo disponer de un flujo de materiales constante y de muy bajo precio. Sin embargo, al estudiar la situación de esta actividad en el mercado nacional, aparecen puntos críticos que dificultan la cadena de abastecimiento de las empresas recicladoras, entre los que destacan la legislación insuficiente y de poco cumplimiento efectivo, el elevado costo de transporte de un material de gran volumen y bajo peso, los factores culturales como la falta de motivación y conocimiento para la separación en origen, la multiplicidad de actores involucrados en el proceso y la informalidad económica en las etapas intermedias de la recuperación. 

En Argentina, al no estar generalizada la obligación de clasificación domiciliaria de residuos ni la recolección diferenciada, gran parte de la separación y recuperación de los materiales reciclables es realizada a través de un circuito informal mediante los llamados cartoneros. De las 56 empresas recicladoras de plástico registradas en Argentina, solo 15 se ocupan del PET. Sus fuentes de abastecimiento van desde las cooperativas sociales reconocidas hasta los centros de acopio informales o chatarrerías. Esto provoca falta de precio estándar de compra y venta, inexistencia de facturación y evasión impositiva.

El costo por kilo puede llegar a ser un 150% mayor en los circuitos formales respecto de los informales. Cuando las variables del mercado hacen que el valor del PET baje temporariamente, los recicladores informales orientan su negocio a la recolección de otros materiales en su lugar. Esto causa grandes fluctuaciones en la cadena de abastecimiento del PET post consumo y mucho material acaba en los rellenos sanitarios o ensuciando calles y cursos de agua. 

El ordenamiento de la actividad daría impulso a un sector productivo que otorga valor económico a los servicios ambientales generando fuentes de trabajo. Las campañas de educación ambiental y la retribución mediante pequeños beneficios económicos o sociales serían las herramientas adecuadas para vencer la resistencia de los vecinos a acatar la obligatoriedad de clasificar sus residuos.

(*) Docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Palermo. Escrita en colaboración con Juan José Talarico Obóni alumno de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Palermo