10/03/2017 tribunales

Culmin con incidentes la ltima audiencia por el juicio contra Pablo Garca Aliverti

El veredicto al hijo del periodista Eduardo Aliverti por la muerte de de Reinaldo Rodas.se conocerá el 21 de abril a las 13:30 el Tribunal Oral Número 6 de San Isidro.

Tras más de seis horas de alegatos que terminaron con algunos tumultos, finalizó la última audiencia en el juicio contra Pablo García, hijo del periodista y locutor Eduardo Aliverti, antes de que el 21 de abril a las 13:30 el Tribunal Oral Número 6 de San Isidro anuncie su veredicto y decida si es o no culpable de la muerte de Reinaldo Rodas.

 Después de los alegatos de la fiscal, las dos querellas –la viuda y los hermanos de la víctima llevaron distintos abogados—y su defensa, García tuvo la última palabra.

“Tengo claro que acá hubo una sola víctima que fue Reinaldo Rodas, que también son víctimas los familiares”, aseguró García. El silencio en la sala era tal que hasta se pudo escuchar su respiración antes de terminar: “Y no quiero decir nada más”.

García habló después de escuchar el pedido de las querellas de 15 años de prisión, los cuatro años solicitados por la fiscal y absolución que reclamó su abogado.
Desde que el lunes comenzaron las audiencias, García se había negado a declarar y apenas escribió algunas palabras sueltas en una hoja en blanco. Solo pareció incomodarse cuando Alberto Domínguez, abogado de los hermanos de Rodas, le recordó una y otra vez que no había pedido perdón a los familiares.

El abogado defensor, Adrián Albor, fue también quien habló último. Su estrategia apuntó a desacreditar las pericias que condenaron a García en un tribunal de faltas por manejar borracho. Dijo que podrían haber dado un falso positivo porque las heridas que García tuvo a causa del choque fueron curadas con alcohol. También que su defendido había asegurado que comió una golosina y que esa golosina “quizás fue un bocadito Cabsha”, que contiene licor.

Albor aseguró que en la causa figuran dos tipos diferentes de aparatos para medir el grado de alcoholemia y que en los certificados no figura la firma de García.

Dijo también que Rodas fue responsable por circular en bicicleta “a una velocidad menor de la mínima establecida” en la Panamericana.
Para terminar, pidió al Tribunal que “no se deje llevar por sus pasiones ni por lo que pide la gente en la calle”.

El rechinar de las ruedas de un patrullero y el olor al gas pimienta marcaron el final de la jornada que terminó casi a las siete de la tarde, cuando García tuvo que retirarse escoltado por la Policía. Para esa hora apenas quedaban unos diez familiares de los casi cincuenta personas que lo habían esperado durante todo el día frente al Tribunal, ubicado frente a la estación de San Isidro. La misma cantidad de efectivos de la bonaerense armaron un corralito de escudos para que García pudiera subirse al patrullero sin ser alcanzado por la lluvia de huevos. A un costado, en silencio, esperaba también Rodrigo, único hijo de Rodas, quien hoy cumplió los 18 años. Esperó paciente, hasta que corrió, trepó a la reja y con toda su fuerza estrelló un huevo tras otro contra el techo del auto.

Durante todo el día, apenas 3,5 metros separaron a Rodrigo de García. Jamás dijo una palabra. Sólo permanecía con el gesto adusto y la mirada clavada en el hombre que atropelló a su padre.

Sentado junto a una vieja caja fuerte, escuchó como el abogado que representa a sus tíos dijo que García trató a su padre como si fuera una “bolsa de huevos que echaba sangre”.

La jornada comenzó con la fiscal del Tribunal, María Inés Domínguez, quien pidió 4 años de prisión por homicidio culposo más ocho años de inhabilitación para conducir.

Las dos querellas pidieron 15 años años de cárcel por homicidio simple.

"García sabía que manejaba alcoholizado y podía matar a una persona", dijo Rubén Fernández, abogado de la esposa de la víctima, que solicitó 15 años de prisión para García por el delito de homicidio simple con dolo eventual, durante la última jornada del juicio oral.

El abogado que representa a una parte de la querella consideró en su alegato que no se trató de un accidente, sino que "fue un hecho criminoso" y responsabilizó a García por tener "una conducta de indiferencia del resultado de su acción". "García tuvo claras intenciones de quitarle la vida a Reinaldo Rodas", aseguró el letrado.

Tras calificar al acusado como una persona "egocéntrica" de "rasgos psicopáticos", Fernández sostuvo que el joven sabía que la noche previa iba a tomar en exceso, y que por esa razón decidió no llevar a su esposa, quien entonces estaba embarazada, a la fiesta a la que había ido.

Durante el receso su abogado tuvo que pedir comida afuera para evitar que García saliera a la calle, donde unas cincuenta personas protestaban mientras lo esperaban. Lo que no pudo evitar fueron los gritos que una y otra vez retumbaban en la sala. “Hijo de puta”, “asesino”, gritaron los familiares de Rodas.

"Siento mucha impotencia. Había días que mi papá sacaba comida de su plato para dármela a mí", expresó el joven a Télam. "El chabón no tuvo los huevos para pedirme perdón, ahora que tenga los huevos para ir a la cárcel", aseguró durante uno de los recesos.

Rodrigo permaneció todo el tiempo sentado junto a su mamá. Pero apenas puso un pie en el tribunal explicó porqué las querellas fueron separadas y aseguró que desde hoy, que cumplió los 18 años, podía decir que no se sentía representado por el abogado de su mamá.

El joven acusa a su madre de haber estado dispuesta a aceptar una probation para García en un acuerdo en el que ella recibiría 330.000 pesos, una posibilidad que quedó desestimada al estar acusado por homicidio.

Norma, hermana de Rodas, declaró a la televisión que García "tiene que estar mínimo quince años en la cárcel. No puede estar suelto".

El 16 de febrero de 2013, García manejaba por la ruta Panamericana después de haber pasado toda la noche en una fiesta. Allí, en el kilómetro 52 embistió a Rodas, quien murió en el acto. El hombre iba en bicicleta a su trabajo como vigilador del country Mapuche.

El cuerpo atravesó el parabrisas y quedó con la cabeza sobre el asiento del acompañante y las piernas atoradas entre el capó y la palanca de cambio. García condujo 17 kilómetros de esa forma hasta que se detuvo en la estación de peaje.